Thursday, April 29, 2010

La canción de amor de L. Stardust Prufrock

No, no, no. O bueno, sí, sí, sí. Empieza paradójica esta entrada. Explíquese, por favor.
Ok: para empezar, si esperaban más rants sobre mi situación romántica basándome en el poema del señor Eliot, la cosa no va por ahí. Digamos que la idea de "mi versión del poema" se acerca más.
Aquí, les presento a ustedes, mi par de lectores, una traducción que me costó sangre, sudor, y lágrimas, pero, sobre todo, porque me costó desmitificar al poeta, una figura que, como ustedes saben, fue (o quizá aún es) de mis mayores influencias (y quizá ni lo desmitifiqué tanto, pues no tomé riesgos ni cambié demasiado el texto, sino que intenté mantener la evasiva noción de fidelidad de una traducción):


La canción de amor de J. Alfred Prufrock
T.S. Eliot

Vámonos pues, tú y yo,
Cuando la tarde se extiende contra el cielo
Cual paciente eterizado en una mesa;
Vámonos, por ciertas calles semidesiertas,
Los refugios murmurantes
De noches sin sosiego en hoteles de paso baratos
Y restaurantes serrinosos con moluscos ya pasados;
Las calles que se siguen cual argumento tedioso
De propósito insidioso
Que te guían a una pregunta irrefrenable...
Ah, no preguntes "¿Qué querrías?"
Vámonos, y hagamos la visita.

En el salón, las mujeres vienen y van.
De Miguel Ángel, seguramente, hablarán.

La niebla amarilla que frota su lomo contra los cristales,
El humo amarillo que frota su hocico contra los cristales,
Le pasó la lengua a los rincones de la tarde,
Se demoró sobre los charcos que están en los desagües,
Dejó caer sobre su lomo el hollín de los hogares,
Se deslizó por la terraza, y de pronto saltó,
Y al ver que era una suave noche de octubre,
Se hizo un ovillo por la casa y se durmió.

Y sí, todo tendrá su tiempo,
El humo amarillo que se desliza por las calles
Frotando su lomo contra los cristales
Tendrá su tiempo, y habrá tiempo
Para preparar una cara para encontrarse con las caras que conozcas;
Tiempo de matar y tiempo de crear,
Tiempo para todos los trabajos y los días de las manos
Que elevan y dejan caer una pregunta sobre tu plato;
Tiempo para tí y tiempo para mí,
Y tendrán su tiempo un centenar de indecisiones,
Y un centenar de visiones y de revisiones,
Antes de tomar un pan tostado con el té.

En el salón, las mujeres vienen y van.
De Miguel Ángel, seguramente, hablarán.

Y, sí, también tendrá su tiempo
El preguntar "¿Si me atreviera?" y "¿Si me atreviera?";
Tiempo para volverme y bajar la escalera
Con una mancha calva en el centro de mi cabeza--
(Dirán: "¡Pero cuán rala está su cabellera!")
Mi cuello firme en la barba, mi levita de etiqueta,
Mi corbata fina y modesta, con un simple alfiler sujeta--
(Dirán: "¡Pero qué delgados están sus brazos y sus piernas!")
¿Y si me atreviera
A perturbar el universo?
En un minuto hay tiempo
Para decisiones y revisiones que revierte un momento.

Porque las he conocido, las he conocido a todas--
He conocido las tardes, las noches, las mañanas,
He medido mi vida con café y sus cucharadas,
Conozco a las voces agonizantes con cadencias lánguidas
Por debajo de la música de una sala más lejana.
¿Así que cómo osaría?

Y ya las he conocido a todas, he conocido las miradas--
Los ojos que te sujetan mediante frases ya formuladas,
Y cuando esa fórmula me desparrama sobre un alfiler,
Que me deja prendido, retorciéndome contra la pared,
Entonces, ¿cómo empezar
a escupir las colillas de mis hábitos y mis días?
Y, ¿cómo osaría?

Y ya he conocido esos brazos, los he conocido a todos--
Brazos con pulseras y desnudos y blancos
(Aunque a la luz de una lámpara, ¡cubiertos de vellos dorados!)
¿Acaso el perfume de un vestido
Me pone así a divagar?
Brazos que yacen sobre una mesa, o se envuelven en un chal.
¿Entonces osaría?
¿Cómo debo de empezar?

¿Debo decir, he andado al anochecer por callejuelas
Y he observado el humo que sale de las pipas
De hombres solitarios en mangas de camisa, que ven por sus ventanas?

Debí haber sido un par de ásperas tenazas
Escabulléndome por los pisos de silenciosos mares.

Y la tarde, la noche, duerme, ¡tan tranquila!
Por unos largos dedos alisada,
Dormida... o se finge enferma... o quizá está cansada,
Extendida en el suelo, aquí a nuestro lado.
¿Tendré, tras el té, el pastel y el helado,
la fuerza para tratar este asunto delicado?
Mas aunque he llorado y ayunado, llorado y rezado,
Aunque he visto mi cabeza (un poco calva) en bandeja de plata,
No soy profeta--ni ésta una cuestión filosófica complicada.
He visto a mis horas de grandeza parpadear con un débil destello,
Y al Lacayo de la oscuridad tomar mi saco, y reírse por lo bajo de ello,
Y, en pocas palabras, tuve miedo.

Y habría valido la pena, después de todo,
Tras las tazas, la mermelada y el té,
Entre la vajilla de porcelana, hablar de tú y yo un poco,
Habría valido la pena,
Terminar el asunto con una sonrisa,
Estrujar el universo, volverlo una bolita
Y rodarla hacia una pregunta irrefrenable,
Decir: "Soy Lázaro, levantado de entre los muertos,
He vuelto a contarles todo, y he de decirles todo."--
Que uno, arreglando una almohada junto a sus cabellos,
Dijera: "Eso no es lo que quería decir, en verdad,
Eso no lo es, en verdad."

Y habría valido la pena, después de todo,
¿Habría valido la pena,
Después de los ocasos, los traspatios, de las calles salpicadas,
Después de las novelas, de las tazas de té, de las faldas que por el piso se arrastran--
Y todo esto, y aún más?--
¡Es imposible decir, en verdad, lo que quiero!
Mas como si una lintera mágica mostrara en su pantalla los patrones de mis nervios,
Habría valido la pena,
Si uno, arreglando una almohada o deshaciéndose de un chal,
Y, volteando hacia la ventana, dijera:
"Eso no lo es, en verdad,
Eso no es lo que quería decir, en verdad."

¡No! En verdad no soy Hamlet, ni estaba destinado a serlo,
Yo soy sólo un asistente, alguien que servirá
Para una marcha real, el inicio de una escena o dos...
El príncipe, sin duda, una buena herramienta,
Feliz de tener un uso, y respetuoso,
Político, cauto, y meticuloso,
Lleno de opiniones, pero un poco obtuso,
A veces, claro está, un poco ridículo--
A veces, casi, el Bufón.

Me vuelvo viejo, me vuelvo viejo...
Subiré la bastilla de mis pantalones frente al espejo.

¿Debo cambiar de peinado? ¿Me atrevo a comer una pera?
Caminaré por la playa en mis pantalones blancos de franela.
He escuchado cantarse, una a la otra, a las sirenas.

No creo que cantaran para mí.

Las he visto cabalgar hacia el mar sobre las olas
Peinándoles sus canas que vuelan hacia atrás
Cuando el viento vuelve el agua blanca y negra al soplar.

En los aposentos del mar nos hemos demorado
Con doncellas del mar coronadas de algas de tonos encarnados,
Hasta que voces humanas nos despierten, y entonces nos ahogamos.


Y tras sangrar traduciendo, viene otro de los momentos estelares de hacer una traducción, o un ensayo: justificar la lectura, que, en poemas como éste... bueno, digamos que la palabra "conflictiva" suele quedarse corta como definición. ¿Es o no una canción de amor, el poema de T.S. Eliot? Gente que respeto y quiero, como Paradoxical Phoenix, y gente que no respeto nada y me gustaría golpear who doesn't matter if they remain nameless or not because I don't even know if they have a blog, dicen que no (Paradoxical Phoenix lo explica bien; los demás sólo repiten ideas): que el título es irónico y que en verdad el poema es sobre la gran pregunta de la humanidad, el significado de la vida. OK, digamos que yo no estoy en desacuerdo con eso, mas, con mi punto de vista, sí es una canción de amor... Y sí, al ser fan del poema me pongo medio fundamentalista al defender mis opiniones y me cae que la universidad me está enseñando a bajarle de intensidad. Pero bueno...
¿Por qué sí es una canción de amor, entonces? Porque yo sí creo que el addressee es una mujer a quien Prufrock ama, y que son precisamente sus indecisiones y su miedo lo que lo lleva a pensar en el porqué de la vida, en su destino, en la vejez, y en toda esa "great-matter". Así, las grandes preguntas se desarrollan paralelas a su historia frustrada de amor, y se originan por la duda amorosa; así como una pregunta que hable de un amor profundo puede romper con todo un universo ordenado, pero superficial, como es el universo donde hay fiestas de té y pláticas vacías sobre arte (no, no estoy pensando en gente de mi fac, ¡no! --denial--), una pregunta sobre cuestiones filosóficas complicadas (mi traducción dixit) como las grandes dudas de la humanidad puede romper con nuestro universo ordenado. Sin embargo, el miedo deja a un lado la posibilidad de conseguir las respuestas, la posibilidad de esa ruptura, y, al final, no hay respuesta, no hay amor, no hay transgresión que crea al héroe, no hay esa oportunidad de ser el único que escuche el canto de las sirenas, porque las sirenas ni siquiera cantarán para él. Tan sólo queda la imposibilidad del lenguaje que siempre ha estado presente: las palabras que no quieren decir nada...
Las palabras en las que yo me apoyé, hace algunos años, cuando sentía las misma indecisíón que Prufrock, cuando pensaba en atreverme y no atreverme... y al final, al rodar el universo hacia la pregunta irrefrenable, como a Julio Torri, como iba dispuesta a perderme, las sirenas no cantaron para mí...

Monday, April 26, 2010

Misconstructed Sonnet #1

A ver qué les parece....

Your love comes and goes like the backwash of the sea.
It scratches and tears at the skin of the world
Leaving but the scars of a fading memory.
Your love comes and goes like the faces of the moon.
It guides its small underlings to their unchanging destiny
That shall finally be unwritten in a plain night sky of gloom.
Your love comes and goes like the dark depths of a dream.
It claws and nestles in the corners of the mind
Till the sun shines over immateriality unfurled.
Your love comes and goes like the promises of time.
It tricks the dancing blind into the abyss of eternity
That withers to the dust of junk swept by a broom.
Tonight, I'll patch the wounds of my old and faded jeans.
Your love comes and goes like the backwash of the sea.

Thursday, April 22, 2010

Como los buenos vinos... y demás licores

Definitivamente. La verdad un concierto que fue un deleite desde la primera nota que sonó en el Auditorio Nacional. "Tiramisú de limón", abridora del disco Vinagre y Rosas, también fungió como abridora del concierto, mostrándonos a un Sabina que, a pesar de todo lo que se dice y él mismo se adjudica, se veía muy mejorado, muy alegre, muy... bueno, todo menos acabado por su vida, la que narró en la siguiente rola, "Viudita de Cliquot".
Tras agradecer la temporada de conciertos ¡con lleno total! y dedicarle esta noche a Paloma Jiménez (sí, la hija se su héroe José Alfredo) y a Cuauhtémoc Cárdenas, el español se siguió con "Ganas de..." que el público coreó a más y mejor, seguida por la maravillosa (y sarcástica) historia de amor que es "Medias Negras". Le siguieron más rolas de mujeres, mujeres, como "Aves de paso" y "Peor para el sol".
De ahí, se siguió con el más grande tributo a México (y a Chavela Vargas, por sus 91 años) que yo haya escuchado. Insisto. Malinche como soy, no puedo evitar emocionarme cada vez que escucho "Por el boulevard de los sueños rotos"... y maravillarme de que semejante mitificación de la patria haya sido escrita por un español. En verdad, que, como dice Seamus Heaney, tienes que ver un país de fuera para entenderlo, de esta manera tan maravillosa...
Tras presentar a su banda con varios versitos ingeniosos que no los reproduzco porque sería un intento vano, Sabina se echó "Llueve Sobremojado"... ¡sin necesidad de Fito! Y vaya que se oía bien.
Y si de oírse bien se trata, Sabina desapareció por un momento breve, dejándonos a la merced de uno de sus inseparables: Panchito Varona, quien se echó una versión de "Esta boca es mía" muy sabrosa: sonaba a rola de banda de la época de la Movida. Muy interesante y muy disfrutable.
Luego, la corista, Marita Barros, una mujer que incluso yo tengo que admitir que es verdaderamente hermosa y sexy, lució su voz con "Como un dolor de muelas"...
Y ay dolor. ¡Que me traigan una chela! "Me lo dijeron mil veces, pero yo no quise poner atención/Cuando llegaron los llantos, tú ya estabas muy dentro de mi corazón". Ese verso solo me hace querer beber, y me emociona, me enloquece, a lo que contribuía mucho la exquisita voz de Marita: "No debía de quererte, no debía de quererte/Y sin embargo..." Así es. "Y sin embargo", que todos, en el respetable, paladeamos, nuestra lengua infundida, aunque fuera en la imaginación, con sabor a cantina y a besos envenenados...
¡Ay dolor! Ay dolor que es pura inspiración, como dice el propio Sabina (uta, si hasta Bon Jovi lo dice: "I need you like the poet needs the pain"): "No había escrito canciones... ¡porque era domésticamente feliz! ¡Imagínense! ¡Pero qué bajo había caído!" (Chale, a veces siento que por culpa de este genio yo tampoco me permito ser sentimentalmente feliz... jajaja).
Pero no todo estaba perdido, pues Sabina nos contó la historia de su amigo, el escritor Benjamín Prado: "Lo había dejado la novia, estaba hecho una mierda; y yo también, porque mi novia no me dejaba... y tras un bar y unas copas, terminamos en Praga". "Cristales de Bohemia" canción tributo a esa ciudad que fue inspiración. Praga, darlin' Praga.
De ahí... mi hermano a babear. Vestida como mujer de la vida galante (artísticamente hablando, recuerden que una cosa es poesía y otra porquerías) Marita salió a cantar y actuar "Una canción para la Magdalena", con todo y escena de dinero y rechazo de éste. Tan histriónica estaba la escena, que Sabina no se pudo abstener de contarnos una anécdota curiosa: en Praga, se encontró a una pareja de turistas mexicanos con una pequeña; la mujer lo reconoció y le dijo: "La niña se llama Magdalena por su canción, pero esperemos que no nos salga tan puta."
"Peces de ciudad", "Cerrado por derribo" y la rockera "Embustera", la clasiquísima "Calle Melancolía" y la genial "19 días y 500 noches" emocionaron a las gradas; ánimos que explotaron en "Princesa".
Otra desaparición de Sabina, ahora con toda la banda, pero faltaba más. Ahora era el turno del otro partner in crime del Flaco de Úbeda: Antonio García de Diego, y su versión de "Amor se llama el juego".
De ahí, siguió la homónima del disco nuevo, y, por qué no, pa alocar a la raza: un medley de "Noches de boda" y "Y nos dieron las diez"... que nos hubiera gustado escuchar completa, pero bueno...
Otra desaparición de la banda, que tampoco duró mucho ¡Si tan sólo estaban dejándose querer! "Contigo" fue la siguiente, también encargada de conquistarnos. De ahí, rock para cerrar: una versión (desgraciadamente corta) de "La del pirata cojo" y el final lo marcó "Pastillas para no soñar".
La banda completa se despidió, mientras "Crisis", la grabación, sonaba en la música de fondo del Auditorio. What crisis? La verdad, el Sabina está entero, a pesar de ser como Chavela: borracho y mujeriego. De veras que da gusto. Un brindis por uno de los conciertos más memorables a los que he ido. Aunque me digan hispánicas de closet.

Tuesday, April 20, 2010

Raw Like Sushi

¡Les estaba guardando esta entrada! Una aventura, una travesurilla de la semana pasada. Una cruda como sushi. Quizá no tenga tanto éxito como el Nacapulcazo célebre, pero en fin. Que se van a reír un poco.
El jueves pasado, mi mamá fue a dar al hospital. Otra vez, dirán. Sin embargo, ahora se trataba tan sólo de una cirugía preventiva. Lo que le dio a mi hermano su excusa perfecta. Eso, papá quedándose en el hospital con mamá, y el hecho de que como los jueves entro hasta la tarde, me levanto a horas de rica flojera.
-¿Me dejas hacer una reunión con mis amigos?- pregunta.
-NO.
-Qué mal, porque ya les dije.
¿Creen que me quedaba algo que decir? Ya qué le hacía al voluntarioso chamaco que, de balconear su plan, me haría la vida imposible. Es mi hermano: lo conozco. Refunfuñando ante la cantidad futura de Pitbull que tendría que escuchar, fui a la escuela y volví. Ya estaban los dos invitados a la fiesta: amigo Gorras (quien ya ha aparecido antes) y... llamémosle el Che amigo. Los tres tenían el stereo a tal volumen que parecía que la pachanga estaba en pleno. Eran las seis de la tarde; hora en la que, según mi hermano, él había quedado con sus amigos. Intentando sacar la "voz" de Lil' Jon de mi mente, me metí un rato a mi cuarto a hacer un poco de tarea.
Las siete y media. En la sala ya no se escucha música. Un poco curiosa, salgo a ver qué ha pasado. El espectáculo es un poco lamentable. Mi hermano se ve un poco desubicado; el Gorras ve el portafolios de Sugey en el TVNotas y el Che amigo está tirado en un sillón. Al verme, me dice:
-¿Me das un masajito?
-Estás pero idiota- tiernamente contesto, y regreso a mi cuarto por uno de los libros para mi tesis, demostrando abiertamente mi rechazo hacia lo que estaba pasando. Dan las ocho y media.
En ese momento, una muchacha alta y muy bonita entra, acompañada de su hermanito, un muchacho quinceañero. Se hacen las presentaciones y...
Y empiezan los errores. Al menos de parte mía. Porque, simplemente, tanto ella como su hermano me cayeron bien. Quizá fue mi pasado veraniego pederasta, pero, sin más ni más, terminé uniéndome a la reunión, cerveza en mano. Una media hora después (a las nueve: se nota que los güeyes pensaron que esto era peda, no reunión) llegó el resto de los invitados. Apodos a la mano otorgados por mí: la Flower, la Loo, el Stef, el raro del Ipod, el Reny y el Peleador de Plantas (ya verán por qué).
Tengo que admitirlo: todo corrió muy bien las dos primeras horas. Al menos para mí. Será porque yo tomo cerveza. Será porque no me gusta el famoso Jagermeister. Ni el ron. Así, no participé en las rondas de Captain Morgan y de perlas negras que los jóvenes universitarios se echaban a mi alrededor.
Da la media noche. El Gorras, el Che amigo y la muchacha bonita del hermanito se levantan y dan las gracias. No se ve nada raro: el piso un poco manchado, pero de ahí en fuera no pasa nada. No ha de faltar mucho para que se vayan los demás...
Error. Error otra vez. En ese momento, como impulsados por una señal, todos corrieron hacia la cochera, para echarse el cigarrito. Pensando que eso sería una anticipación a su partida, entré a lavar algunos vasos y latas.
Regreso al patio. Inmediatamente me doy cuenta de que está pegajoso. La Flower me dice: es que el Peleador y el Reny estaban payaseando: tiraron un vaso y la bebida. El vaso se rompió, ya lo tiramos.
Acepté todo, aunque el hecho de lavar el patio ya no me hizo tan feliz. Sin embargo, no pude evitar reírme al ver al Peleador hacer lo que le otorgó el mote: el tipo estaba peleándose con una planta que estaba colgada del techo. Escena cagadísima. El Stef y yo la estábamos comentando cuando...
-¿Acaso todas las mujeres son bisexuales o hay lesbianas?- juro que eso fue lo que me preguntó el tal Reny: mi sorpresa fue tal que, cuando me di cuenta de que las manchas en el piso del patio no eran migajas de papas, era demasiado tarde. Levanté mis zapatos: había pedazos de pintura pegados en las suelas. Ahora sí ya nos jodimos, pensé. Una cosa es lavar el patio... ¿pero pintarlo?
Decidí informarle a mi hermano del estado de emergencia en el que nos encontrábamos, mas no lo encontré por ningún lado. Alguien me dijo que se había ido al baño a vomitar y que el Reny lo había seguido, dispuesto a inmortalizar ese momento en fotografía. Más nerviosa, pero ingenuamente esperando que todo sería pasajero, salí a tirar la botella de Jagermeister, obviamente vacía para ese momento.
Estaba volviendo al cuarto de mi hermano cuando la Flower me interceptó en la puerta, preguntándome si tenía una colcha limpia. Fue ahí cuando supe que las cosas se habían puesto más complicadas y entré. Y sí, ahí estaba, como dirían sus ídolos babosos de LMFAO: I'M FUCKED UP!! Mi hermano, verde, vomitaba en una cubeta a su lado, tras haber manchado con su digestión la colcha y parte de sus sábanas. Era la una de la mañana.
¡Y que se desata mi furia! Digo, ¿cómo iba a esconder la peda de mis papás con un patio despintado y un hermano vomitado... y pendejo? La verdad: que si no lo fuera, no se habría emborrachado así. Menos sabiendo que tenía que encubrir SU fiestecita.
En fin: que lancé la sarta de majaderías más grande que he dicho en mi vida, mientras comenzaba el movimiento: llevar papel, agua fría... y mover vasos de lugar. En algún momento, el Stef, deslumbrado quizá por el alcohol, o quizá por mi belleza, o quizá por los dos, me abrazó de la cintura y me dijo: No te estreses, es tu hermano, compréndelo, eso también te ha pasado a ti (¿ah, sí?). Pues sí, es mi hermano, le respondí, pero eso no le quita lo pendejo ni las ganas que tengo de bajársela asestándole un palo por el trasero (porque ya para entonces me había vuelto una especie de versión femenina de Vlad el Empalador). Si el Stef pensó mejor su idea de conquistarme o no, eso ya no lo sabré, porque más o menos, unos minutos después de esto, los invitados empezaron a decir: Ya nos vamos, si necesitas algo buscas en el cel de tu hermano y nos hablas.
En ese momento la voz de mi hermano sonó, chillona, de su cuarto: ¿Quién me va a cuidar? ¡Hijo de la...! Me dieron ganas de ser Vlad Drakul otra vez. Si no te cuidaste tú, ya parece que yo, güey, pensé.
Era la una y media de la mañana. Sólo queda el Reny. Recuerdo que mi hermano dijo que él se iba a cuidar para mí. Bueno, ayúdame, le digo.
Pero lo único que hace el escuincle es verme con ojos de esos perros tristes. Excepto que los suyos están como hinchados. Estoy bien pedo, me dice. Pues te la bajo a cachetadas, le contesto, pero ayúdame. Ve a cuidar a mi hermano.
Ya el escuincle ese se metió a ver que mi hermano no muriera a la Bon Scott, mientras yo tiraba botellas, lavaba vasos, limpiaba el patio (no se pudo, estaba demasiado pegajoso) cantando a coro (y a gritos) con Courtney Love, en "Awful": "It's your party, it's fucking awful!"
En ese momento, el Reny salió del cuarto de mi hermano (y de su estupor) para decirme que él, si se dormía ahorita, estaba dispuesto a irse de aquí a las seis de la mañana, llevándose varia evidencia de botellas y latas consigo, pa que no nos cachara mi papá. La propuesta se me hizo justa y, dándole una colcha, lo puse a dormir en el piso del cuarto de mi hermano.
Cuando al fin terminé, con todo y té para la supuesta relajación, eran las cuatro y media de la mañana. Me arrastré a mi cuarto, cansadísima. ¿Creen que pude dormir? Nop. Entre la tensión de mi hermano pedo y las imágenes de los papases cachándonos a la mañana siguiente, no pude pegar el ojo. Menos cuando no sé cuántas alarmas taladrantes anunciaron que eran las seis de la madrugada.
Ahí voy a donde están los pedos durmientes, tocando la puerta, llamando al supuesto héroe de la película, el Reny. Y el cabrón, fundido.
Digamos que, cuando al fin estaba medio pegando el ojo, eran las ocho de la mañana. La voz de mi papá me despertó. Mi hermano, inventándole un choro falsísimo de que le había caído mal la pizza que pedimos de comer (aunque podría ser, el PakeCompartas de Domino's es una mierda); el Reny tirado en el piso y yo, jodida. Ya mejor ni cuento la jeta que puso mi papá al ver las botellas en el bote de basura... porque no la vi. Al fin, terminé tirada en mi cama. El resto del día fue, la verdad, que yo me salvé, prácticamente de milagro, y que mi hermano seguía vomitando. Happy happy joy joy. Si al menos hubiera aprendido... pero no. Ya dijo que cuando gane la Roma la Copa Italia, se va a volver a poner pedo. De una vez advierto: yo no lo voy a cuidar. ¿Alguien se apunta?

Sunday, April 18, 2010

Ear Crusher

Literalmente. No culpo a Megadeth: la banda de Mustaine y compañía no tienen la culpa. Ellos tan sólo hicieron lo que mejor saben hacer: tocar thrash estridente para complacer a sus fans. El problema es la, como siempre, distintiva acústica del Domo del Bote.
El concierto empezó bastante temprano para los estándares de concierto (¿o será que me estoy acostumbrando a la idea Axl-Roseana del tiempo?): supongo que Ágora, los abridores, salieron puntuales a las ocho y no han de haber durado más de media hora. No me pregunten. Una vez más me los salté.
Pero como al cinco para las nueve apareció Dave Mustaine, con su cabellera rubia-pelirroja larguísima, de sirena, moviéndose por todos lados al ritmo del metal, ocultando su cara como cortina. Junto al guitarrista, a la derecha del escenario, como ilustrando el concepto de Endgame, fin del mundo y demás, un reloj inició una cuenta regresiva. La idea, muy divertida, aunque el al final tan sólo sirvió para que quiénes lo veíamos nos preguntáramos si nuestras rolas favoritas entrarían en los minutos restabtes. Pero en fin. Al lado de Mustaine, en el bajo, un David Ellefson, quien otrora fuera la cara bonita de la banda, ahora se veía más avejentado que el vocal...
Hasta que empezó el headbangeo. "Skin O' My Teeth" fue la encargada de abrir... y de ahí, la acústica asquerosa empezó a dañar el asunto. "In My Darkest Hour", "She-Wolf" y, sobre todo, "Holy Wars...The Punishment Due" taladraron oídos ante la exagerada y rebotadora distorsión que dañó los poderosos riffs.
"Hangar 18", aún así, fue festejada como se merece, al igual que "Take no Prisoners". Después, siguieron más riffs distorsionados que a duras penas se pudieron distinguir como "Five Magics", "Poison Was the Cure" y "Lucretia", y que desembocaron en la presencia triunfal de "Tornado of Souls", que fue sepultada en parte por la voz de todo el respetable (sobre todo de los mosheadores fans de las primeras filas) y en parte por los riffs que alcanzaron su cúspide de distorsión.
Afortunadamente, el ingeniero de sonido se reivindicó en el resto del concierto. "Rust in Peace", festejada por su aniversario veinte, nos alocó a todos, y "Trust", la rola que podríamos llamar la balada de estos thrasheros, fue decididamente apoteósica, con todo y Mustaine cantando en su versión en semi-español: "Traicionados por el amor, nos mentimos tanto el uno al otro, no queda nada en qué confiar...".
Tras la genial "The Right to Go Insane", Mustaine nos presentó su nuevo sencillo: "Head Crusher". ¿Comprenden?, nos dijo, en mal español, antes de lanzarse a la rola que merece su nombre por donde se le oiga. YEAH!! Todos gritamos a pulmón abierto "Head Crusher!!!" tan chido, que hasta el propio Mustaine admitió que cantábamos mejor que los gringos... "¡y eso que ustedes no hablan inglés!"
El reloj estaba marcando los minutos finales. Y si el fin se acerca... ¿qué mejor que "Symphony of Destruction"? Con todo el Palacio gritando "Megadeth, Megadeth" al ritmo del riff, la rola se alzó triunfante...
O eso parecía. Tras una leve ausencia, Ellefson salió usando la playera de la Selección Mexicana (nunca falla) y Mustaine salió luciendo su torso desnudo, que aún se ve bien a pesar de su edad. ¿La rola? "Peace Sells", considerada una de las mejores canciones del metal y del hard rock, que dio un final explosivo, rugiente, merecido, mientras el reloj terminaba de contar los últimos minutos.
¿Qué más puedo decir? Que Mustaine nada le teme a Metallica. Que los oídos me duelen cabrón. YEAH!