Tuesday, December 28, 2010

Crazy Bitch Abroad, pt. 1

Noticias: el 26 de diciembre me la pasé volando, no dormí nada, y el 27 me desperté mareada, me dolía cabrón el estómago, tenía náuseas y no estaba en mi casa.
Antes de que digan que qué chingón me pasé las fiestas, les explico: jet lag. Señoras y señores, acabo de volver de Italia, de una de las experiencias más hermosas de mi vida... y más divertidas. ¿Listos para mis choros mareadores?
Salimos de México (mi familia y yo) en un vuelo que al menos fue a una hora decente: mediodía en México. Antes, claro, fuimos a desayunar, aunque, para ser sincera, a mí, entre la emoción y los nervios, no me entraba nada. Y, para colmo, en la pantalla del restaurante, el Manchester United jugando contra el Sunderland. Con Van der Sar en la portería. Obviamente, no podía comer: a cada rato me interrumpía yo misma para gritar "Gol!" aunque no hubiera gol, o para reflexionar sobre la cuarentona belleza de mi Edwin (no acepto contradicciones).
Tras el desayuno tan interrumpido (el Manchester ganó) pasamos a la sala de espera. Ahí fue momento de abordar. He de confesar que yo iba rezando por no pegarme una mareada de aquellas en un vuelo de diez horas.
Pues no me mareé, pero el avión para mí fue una eternidad. Para colmo, no pude escuchar música porque una de las azafatas me pidió que "apagara el móvil" (sí, la cabrona era española). Le mostré que estaba en desconectado, para que sólo funcionara con música. Pues ni con eso. Entonces me quedé sin música. Juro que para cuando el avión aterrizó yo ya estaba en coma, porque no había podido dormirme. El amanecer en el aeropuerto de Barajas, Madrid, no fue tan bello por el dolor de cabeza que tenía, y por el hecho que en duty free tenían, aunque usted no lo crea, a todo volumen esa rola de "Veo veo, una cosita..." El puro reggaeton. Hasta en ese momento yo me puse a dudar si todo no habría sido un figmento de mi imaginación y había soñado que estaba encerrada en un avión, pasando el meridiano, por diez horas, y estaba en algún pinche lugar de México con aeropuerto diferente, escuchando la Z o algo.
Me dormí en el segundo vuelo. El frío italiano me despertó, en el aeropuerto de Venecia. Vi los primeros paisajes, el atardecer tempranero en Europa, todo tan sacado de una película.
Llegamos al hotel. Nada interesante, tan sólo lo necesario. Me gustó. De ahí, fuimos todos a buscar qué comer. Nos encontramos una pasticceria, o, lo que es lo mismo, una pastelería (y un graffitti anti-Berlusconi). Me comí un rollo de chocolate que estaba poca madre... y ahí se me acabó la felicidad. Inmediatamente, sentí ganas de vomitar todo, las ganas que no me habían dado en el avión, y el estómago me dolió violentamente. Me pasé las siguientes dos horas viendo MTV italiana (Fabri Fibra, "Tranne Te". No sé que quiera decir, pero nada que se me despega) y pensando que el viaje se había jodido tempranamente. Cuando salimos a cenar, yo temía guacarear la cena completa.
Afortunadamente, eso no pasó. No sé si fueron los pantoprazoles que me aventé antes de salir, o el absoluto Adonis (aclaración: en mi mundo, los Adonises son güeritos flacos narigudos) que nos vino a tomar la orden. Con temor a hacer el oso en el restaurante, pedí un pescado asado, que estuvo excelente, aunque nada comparado con la pizza que se comieron mis papás. Una delicia.
Salí de ahí ya con el estómago más tranquilo, y medio enamorada. Las vacaciones empezaban bien, muy bien... De las peripecias que siguieron ya les contaré mañana...

Friday, December 10, 2010

Las andanzas de Miss Piltrafa Humana, parte 4

O el festival de navidad: de cómo al fin me libré de semejante grosería para la humanidad como son los ensayos.
No saben qué alivio fue para mí. Pero empiezo desde el principio.
Empezamos haciendo el puesto de juguetes: un lugar a donde los niños se acercaban a pintar. La verdad, nos fue muy bien, sobre todo con las niñas. Mientras yo lavaba kilos de pinturas vinílicas, llegó Paulina, y se me acercó.
-¿Puedes ponerte con el coro que ayuda a cantar a los niños?
-Si quieres- dije, pensando que era una fórmula de cortesía por cuando cantamos juntas en prepa.
-Estaría bien, porque una de las chicas se rompió los ligamentos y no va a poder llegar.
OK, entonces no era de cortesía. Total, que acabé trepada a un lado del escenario, a punto de cantar los villancicos que ya alucinaba, tras sobrevivir a una versión extrañamente avantgarde (y corta, duró como 7 minutos) del Cascanueces (no le entendí).
Me subí al escenario, junto con el coro. O, más bien, otras dos chicas. Nosotras tres éramos todo el coro: una de las chicas, hermana de Paulina, la otra una rubia qué quién sabe de dónde había salido.
¿Y qué creen? Que les dieron los folders y las chicas pidiéndome ayuda. No tenían ni idea de qué había que cantar, y, además, se apanicaron cuando vieron un villancico en francés. Bueno, que yo, que les había acercado el micrófono para no verme como la colada abusiva, fui la que tuve que cantar más.
Y el festival no iba mal, no iba nada mal... hasta que a una de las hermanas de la directora, o algo así, se le ocurrió ir narrando todo lo que estaba ocurriendo. En serio. Así pues, más que las canciones se escuchaban los elocuentes speeches de la señora, sobre la paz mundial, el espíritu navideño y anexas. No, ps si quiere ya no cantamos. #epicfail.
Pero al fin, al fin, acabó, con los papás felices, tragando tamales. Por eso me merecí celebrar con una chela y barbacoa cuando todo terminó. Por eso qué bueno que hoy no tuvimos prácticamente alumnos. Y qué bueno que la directora se emborrachó y me puso a cantar tres veces en la comida de maestros. Alguien aquí aprecia mi trabajo.

Thursday, December 09, 2010

Las andanzas de Miss Piltrafa Humana, parte 3

Ahora les cuento lo sucedido el miércoles. Último día antes del festival.
El ensayo se supone era a las nueve de la mañana. Al menos en eso habíamos quedado con mi amiga Paulina. En eso. Yo programé mi clase para que terminara a las nueve sin mayor problema.
El problema fue que a las nueve aún no había ensayo. Y, claro, los niños no se pueden estar en paz cuando hay algo así anunciado, por lo que se estaban portando pésimo. A estirar la clase, aunque parecía que no iban a comportarse ni a patadas. Dicho y hecho. Julia, una niña super irrespetuosa cuando se enoja, estaba rompiendo el récord de hacerme jetas, y los demás no tenían para cuándo atenderme al pizarrón. Bueno, ya va a ser la media. Mejor les pongo su disfraz de angelitos.
Bajé a la media con una bola de angelitos que definitivamente no se estaban comportando como tales. Que tampoco. Nimodo. A ponerles más trabajo. Apenas acababan de abrir, a terribles regañadientes, el libro (y yo ya les había pegado bastantes gritos) cuanod avisaron que todo estaba listo, que se bajaran YA. No habían pasado ni cinco minutos de mi intento anterior. De veras que si no azoté la cabeza contra el pizarrón hasta dejar embarrado mi cerebro ahí fue por no espantar a los niños.
Ya eran las diez cuando salimos. Para colmo, el ensayo no comenzó inmediatamente porque los de los cursos superiores estaban ensayando su obra del cascanueces. Cuando los grupos estaban acumulados en el patio, ya eran las diez y media... media hora para recreo...
Una compañera me tomó del brazo y me soltó la terrible noticia.
-Prepárate. Ensayo seguido. No van a tener recreo.
Juro que la que casi muere ante la noticia era yo. Intenten controlar a niños que conocen su hora de recreo, que no han comido, y que prácticamente están contando a ver a qué horas se termina el asunto. Son gente que no hace huelga de hambre. Inmediatamente, comenzaron a platicar, a portarse mal, a.. bueno, todo. Yo no podía tenerme en pie, lo que era espantoso: les perdí el compañerismo y comí enfrente de ellos, perdón.
Obviamente, el asunto terminó siendo "Cantando por un lunch". Hubiera agradecido con una oración tipo La Meca cuando todo terminó si no fuera porque la presión se me había bajado y me tardé siglos en normalizarla. Me parecía a Jason Statham cuando se le baja la adrenalina en Crank, que vi esa tarde para despertarme (y ya quisiera ver a Statham siendo maestro de primaria... a ver si podía...)

Mañana la conclusión de esta apasionante saga, con el festival de navidad...

Wednesday, December 08, 2010

Las andanzas de Miss Piltrafa Humana, parte 2

O de cómo caí a Cosmo's Factory... digo, Santa's Factory. O el infierno de Dante. No lo sé. En estos últimos días pesadillescos, no digiero mucho y más bien me esfuerzo por sobrevivir. Pero empiezo desde el principio...
Que de una vez digo, cualquier cosa que empiece con el Junkie mirando a todos lados como Syd Barrett en sus conciertos finales no puede ser bueno. Menos cuando todos se ponen a chillar que a qué horas nos vamos. Si supieran que tampoco yo tenía la respuesta a esa pregunta, pero callarlos implicó un supremo desgaste de mis fuerzas, y apenas habían pasado 25 minutos desde que había llegado a la escuela.
Llegaron los camiones: unas cosas que se veían en pésimo estado, con graffittis en los asientos y con un apeste a gasolina que me hizo sospechar que entre mi cansancio JeffBeckiano y el aroma yo iba a echar la guácara (afortunadamente eso no sucedió).
Me tocó sentada junto a uno de mis alumnitos después de que decidieron que los niños se iban a ir de tres en tres cual guajolotero porque no cabían en los demás camiones (y hay que ver el drama que hizo el Bipolar cuando lo separaron de su primo el Junkie).
Pero hablaba de mi alumnito. Él es de segundo, se llama Ixman, y siempre me apoya en las clases, llegando a enojarse más que yo cuando no me hacen caso (lo que, mind you, también me causa problemas cuando lo tengo que calmar). Bien, pues nuestro trayecto se fue hablando de Harry Potter, futbol (partido del Manchester United de Champions en la tarde, que me tenía en ascuas) y de las vidas pasadas (juro que el niño sabe de eso: jura que no morimos y que tenemos muchas vidas. No sé en qué pinche onda estén metidos los papás, pero me habló de una maestra espiritual llamada Rampa... ¿qué pedo con esta escuela?) y de que cómo seguramente yo en mi otra vida había sido uno de los Red Devils que se murió en el avionazo... o había conocido a Edwin van der Sar (¡qué más quisiera yo!)
Llegamos al mentado lugar. Lo primero que se ve, al llegar, es propaganda de una sex-shop. Yo ya me estaba preocupando por el inconsciente colectivo de los niños cuando una figura tomó por asalto el camión.
-¡Un duende!- gritaron los niños. A decir verdad, con el cabello azul y lentes a la Jarvis Cocker, yo reconocí su verdadera identidad, pero no tuve tiempo de decirle a los niños que era un hipster al que todavía no se le había pasado el efecto del ácido que se metió cuando fue a ver a Hot Chip y que seguramente aún estaba "Ready for the Floor".
Pues bien, el duende hipster nos guió del camión a una carpa, donde, según parecía, se iba a presentar Santa Claus. Había palomitas, y cuando vi que Ixman quiso unas, pues las disparé, y me volví, supongo, la nueva encarnación de Miss Julia Edmunds (es increíble como Bridge to Terabithia sigue marcando mi vida). De ahí, a esperar. Los niños haciendo la ola y gritando "¡Santa! ¡Santa! ¡Santa!" frente a un colorido escenario vacío se me figuraron a una extraña parodia de mi vida rockera.
Vimos un musical new age, ya saben, enfocado en la onda de la ecología, bastante disfrutable, aunque creo que por ahí una canción era una variación de "Amnesia" de Inspector (qué onda con la maestra crítica de música). Curiosidad: los buenos eran muy poperos, los malos tenían a una chica que blueseaba. Ok, creo que estoy condenada.
El problema fue cuando acabó la obra. Hora de visitar los demás stands. No suena tan grave si no fuera porque el frío gélido de la mañana se había vuelto un sol plomizo quemante. Y yo con suéter de cuello ruso. Al poco rato estaba ahogándome.
Y, claro, a controlar a los niños después de que ya se aventaron por el tobogán, o se aventaron "nieve" (hielo triturado). Sí, ahorita. Ya luego el pobre duende hipster no sabía ni qué hacer.
Por ejemplo, visita a la Casa de Santa, una construcción tipo museo. A ver, a los niños no les gustan los museos de ningún tipo, aunque sean de Santa. Ya parece que iban a escuchar la explicación acerca de los artilugios del señor Claus (por cierto, la casa ya también es eco-friendly). Acaso yo, la geek eterna, quiso llevarse un Intellivision que estaba en un aparador, pero de ahí en fuera no hubo muco movimiento (una miss y yo nos reímos de que Santa hacía su despensa en Costco).
O el show de magia. Obviamente, los grandes fueron más escépticos que ateo en La Villa, pero los chicos fueron a vaciar el stand. Ya nos íbamos y aún había niños gastando 50 pesos en un truco que les duró 3 segundos (la mayoría lo rompieron).
Eso pensé yo. Que ya nos íbamos. Empezamos a dirigirnos a los camiones: yo, que para ese momento ya estaba bastante cansada, suspiré aliviada. Íbamos a llegar a tiempo a la escuela, a tiempo para que yo despegara y me fuera a ver el partido del Manchester a casa.
Eso pensaba yo. Ingenua, como siempre. Tras estar como tres cuartos de hora parados en el estacionamiento bajo el maldito sol, empezó a surgir una especie de miedo en mí...
Y es que, para empezar, el cabrón de Sir Alex Ferguson no mete a jugar a Van der Sar. Como lo oyen. O sea, la posibilidad histórica de ser el único equipo en la historia de pasar a la siguiente ronda de Champions sin recibir gol y el güey mete a Ben Amos. Baldazo de agua fría para mí...
Que lo necesité, literal, luego. Porque en ese momento, ante mi mirada de absoluto pánico (que no era la única; el duende hipster tenía la misma cara) nos avisaron que regresábamos a la Fábrica de Santa. Después de que el sol había convertido mi cerebro en pasta y ya no podía ni tenerme en pie. Entré bufando por un refresco... justo a tiempo para ver al Junkie y al Bipolar ponerse a jugar a Harry Potter con sus varitas mágicas. Para calmarlos. Tuve que hacer esfuerzos sobrehumanos que ya no estaba en condiciones de hacer. Quedé como comatosa séptica para cuando hube terminado, y, para acabarla de joder, en ese momento me llegó la terrible noticia de que el Valencia acababa de anotar. No me chinguen. Te estoy diciendo, Fergie. Fui a esconder mi miseria (y a buscar aire) en un sanitario portátil musicalizado con Amor 95.3 o lo que sea.
Cuando salí, noticias felices. Ya nos vamos. En camiones mejores que los otros. HALLELLUJAH!!
Claro que la felicidad duró poco. Al llegar, enfréntate a papás enloquecidos porque llegaste una hora tarde. De milagro no volaron cabezas. Para cuando los niños se fueron, yo ya estaba peor que mi amorcito el Flake en cualquier performance. De hecho, saltar a la olla de lava hubiera sido buena idea.
Me llama mi familia. Estamos en Gran Sur. Me perdí en la plaza. Cuando al fin llegué al Yak, una cerveza ya era un requerimiento. No me antendieron. La tuve a las quinientas: estaba tan mal que hice Yak en el bingo en estado perfectamente vegetal. Juro que Gustavo Cerati está más consciente que lo que yo estaba ayer.
Por eso, aunque sufrí por no ir a Rammstein, supongo fue lo mejor. No hubiera estado en condiciones. Hubiera muerto a ritmo de "Du Hast". Por lo pronto, ya tengo una idea de cómo... bueno... tener algo de mi Christian Lorenz...

http://www.rammstein.de/autogramme/

Es una opción más pendeja, pero más romántica. Déjenme ser.

Y, mañana, la terrible crónica del ensayo general...

Tuesday, December 07, 2010

Las andanzas de Miss Piltrafa Humana, parte 1

Esa soy yo. Definitivamente, estamos hablando de mi nuevo apodo, pues estas semanas estuve sobreviviendo en situaciones críticas: me dio una pinche gripa como las que hace siglos no me daban, de no poder hablar, de toser con flemas y escupir pulmones, que bueno... Y, claro, la escuela me hizo el trabajo más fácil (not) con ensayos, y hasta dejándome cuidar a los de tercero de primaria, con todo y un niño que canta Molotov a todo lo que da. No, bueno. De hecho, aún no se me quita el dolor de garganta... y sufro, sufro...
Todo en el preámbulo de una semana infernal. Una semana que desde el lunes se perfilaba como llena de actividades. Para empezar, el maldito festival de navidad que no se acaba, y los mil compromisos navideños. Sin contar lo que yo me había agregado (acabé sacrificando a mi nuevo amor Rammstein por mi sanidad mental).
Pero inicio. Ayer, lunes. Llegué con la garganta en mejor estado, dispuesta a tomar ventaja de todo el tiempo de clase que habíamos perdido.
Sigue sin ser así. Los ensayos siguen durando siglos y felices días, y yo no sé cómo le voy a hacer porque tengo que hacer una asamblea con mis niños de segundo de primaria que se la van a tener que aprender quién sabe en qué momento de la vida. Y eso es sólo hablando de segundo. En el ensayo del lunes me tocó cuidar a primero y una de las niñas se amarró los pies con su propio listón de pelo. Como lo oyen. Cuando amenacé con cortarle el listón, se puso a llorar, y más cuando le dije que se lo quitaba. No, bueno. Una de las directoras se lo regresó. No sé qué tan desgraciada sea yo, pero mi opinión es que así los niños no aprenden...
Pero se acabó el día y esa noche fui, entre un frío gélido, a ver al señorón Jeff Beck, ídolo de la guitarra, genio, Dios. Me congelaba en el Metropolitan, pero el show me puso de pie, con semejante virtuosismo (o también por el cognac que mi madre metió de contrabando... quizá...). Una bajista impresionante, un baterista que golpeaba los tambores pero con ganas... Jeff Beck, bueno, él es indescriptible, punto.
El concierto cerró con una interpretación de "I Wanna Take You Higher" de Sly and the Family Stone que definitivamente no tuvo madre, pero que nadie reconoció. Joder, pinches posers que sólo conocen a Jeff Beck porque era contemporáneo de Eric Clapton o para demostrar que saben de guitarristas. De veras que siento que para describir las arrebatadoras secuencias de cuerdas que luego se volvían conmovedoras, que chillaban como si el alma fuera lo que se jalaba, necesito un video...

Pero la semana no termina ahí. Mañana la película de terror de la Fábrica de Santa...

Thursday, December 02, 2010

Ya sé cómo me voy a ganar la vida...




Así es: gané un concurso de novela junto con una amiga norteamericana que tengo. Más de 64,000 palabras escritas entre dos cerebros graduados de letras. Esa es la buena noticia.

La mala: la novela es pornografía pura con futbolistas holandeses alterados y cambiados de universo porque nos gustan los westerns. Ahora me doy cuenta de que el chiste ahí es escribir y no que la novela se lea...

Así pues, felicítenme, pero no quieran saber de qué se trata nada...