Thursday, December 29, 2011

European Daughter 2: Ay Praga, darlin' Praga.


En la entrega anterior de mis andanzas por el viejo continente, yo andaba en Schiphol sintiéndome muy mal del estómago y peor por no tener un holandesito a mi lado, pero llegó la hora de tomar un vuelo que, finalmente, nos llevaría a Praga. El vuelo, por Czech Airlines, fue bastante corto y aterrizamos en la capital checa sin contratiempos. Incluso yo ya estaba comenzando a sentirme un poco más controlada.
Las nueve de la noche. El aeropuerto se encontraba casi desierto excepto por el pequeño grupo que éramos los que salimos del avión. En la salida, nuestro contacto en Praga, una mujer llamada Jana, nos estaba esperando, ya hasta un poco presionada, pero es que nuestro equipaje se tardó en salir. Salimos a una ciudad que se veía poco iluminada, con pocos carros, más bien oscura, árboles ensombreciendo el periférico por el que transitábamos. Me llamó la atención con cierta tristeza ante la tranquilidad. El río Moldava apareció entonces, las luces también tenues reflejadas en su superficie, y lo único que yo podía pensar es que Praga tenía algo oscuro, pero no de malo, sino como si se estuviera escondiendo, si le diera pena ser patrimonio de la humanidad según la UNESCO. Mi mente se llenó con la rola de Bruce Springsteen, "Darkness on the Edge of Town".
Ya sólo dio tiempo de llegar a nuestro hotel, un edificio muy bonito, de tomarme mis milagrosas pastillas para el reflujo biliar y demás desmadres gástricos (son Dios, sigo bien) y a dormir.
A la mañana siguiente salimos tempranito a la primera parte del tour: una visita a pie de todo lo bonito que hay para ver en Praga. Conocimos a nuestra guía, una mujer llamada Tasha, y al resto del entourage, a quienes, como siempre, les voy a presentar, porque ya ven que luego sale cada gentecita... Está mi familia, y mi hermano y yo somos los más jóvenes. Hay tres señoras del DF, también con el mismo sentido de humor podrido; hay unos cuates de Portland (por Tlalnepantla); unos costarricences que van de lo simpático a lo simplemente insoportable (ya verán por qué) y que vienen en grupo gigante, con parejas y una chava que hasta con el novio está jalando; una ecuatoriana que está con su mamá o su abuelita, no lo sé, pero que tiene ínfulas de diva de Hollywood; dos peruanas, mamá e hija, que tienen, para su desgracia, el aroma del hindú que se sentó junto a nosotros en el avión; una pareja de brasileños, él mitad japonés, que parecen ser recién casados; dos venezolanas medio a la Hugo Chávez, que, mind you, parecen lesbianas (lo dice mi madre, no yo) y otro par de ecuatorianas, abuelita y nieta. Con estas personas compartimos camión.
Pues esa mañana salimos, como les digo, a caminar por Praga, empezando por el barrio de la Mala Strana, donde se encuentra la iglesia del Santo Niño de Praga, que, según parece es bastante popular con toda la comunidad latina. Tasha, con su excelente español para una checa, nos empezó a guiar, y nos advirtió que íbamos a parar, más tarde, antes de que tuviéramos tiempo libre, en una casa de cambio, para pasar los euros a coronas checas, que se siguen usando en Praga.
Empezamos pasando a la iglesia, una iglesia algo simple, pero con el Santo Niño y sus vestidos en todo su esplendor. Los vestiditos son fit for a king, y tanta prueba hay de su popularidad con la comunidad latina que adentro de la iglesia hay un cuadro con la Lupita (sí, la Virgen de Guadalupe, no la banda de Lino Nava). Ahí nomás. De ahí, seguimos caminando, pasando por la casa del escritor Jan Neruda, a quien Pablo Neruda, antes conocido como Neftalí Reyes, le robó su apellido por ser muy fan. Desde ahí me di cuenta de que Praga es como una villa de muñecas: los barrios con sus edificios de colores pálidos pero, al fin y al cabo, edificios perfectos, dándole el aire de nostalgia que yo le había visto cuando llegamos en la noche con Jana. Bandas de blues y jazz en cada cervecería, porque son los mayores bebedores de cerveza. Parece estar algo perdida en el tiempo.
Llegamos de ahí al puente de Carlos, que si a alguien por aquí le gustó AFI lo más probable es que lo recuerden.  En "persona" no es tan sombrío, pero es muy hermoso, con el Moldava a los lados, un checo tocando el organillo y otro el acordeón, y demás curiosidades, como la estatua de San Juan Nepomuceno, donde si "le frotas el culo al perro" (Tasha dixit) se te cumplen los deseos y puedes volver a Praga. Ahí vamos todos a frotarle el culo al perro, pues (un perro en relieve, no vayan a andar diciendo).
Un cuate a la mitad del puente hacía caricaturas, y tenía una de Justin Bieber. Inmediatamente me pregunté: ¿para qué tener una caricatura de Justin Bieber habiendo hombres tan hermosos a su alrededor? Porque ah, de ahí empezaron a salir los galanes por carretadas. Muy rubios, con los ojos muy, pero muy, PERO MUY azules, de esos que me encantan. Las mujeres también muy hermosas, incluso con los cabellos oscuros, logrando un contraste más bonito que ellos, aunque... bueno, pero del encuentro de la casa de cambio, que sucedió cuando cruzamos el puente rumbo al Barrio Viejo, el Stare Mesto, les contaré después. Por lo pronto, conténtense con saber que le gusté a un goth rastudo, muy rubio y ojiazul él también, que hasta llevaba a la novia. ¡Sexy!
Pasamos por el Stare Mesto a la casa de cambio (¡ay Praga, darlin' Praga! ¡la luna es una llaga... ahorita les cuento) y llegamos a la plaza donde se encuentra el Orloj, el famoso reloj astronómico, y donde vendían vino caliente. Yo quería probar, pero íbamos tan rápido que no se podía. Al fin vi al Orloj cara a cara. Me sacó de onda: yo me lo había imaginado más alto, incluso imponente. Está tan bajito que parece que lo pudieras tocar. Eso sí, es muy azul, muy bonito, muy medieval. Verlo dar la hora es, además, precioso: las figuritas que lo rodean se mueven, sobre todo un esqueleto que representa a la muerte, y mueve sus brazos tocando una campana. De la punta de la torre, además, se asoma un cuate vestido a la usanza medieval, tocando una trompeta. Es un momento en el que uno piensa en la magia de cada hora, en la magia del tiempo en sí.
Le dimos la vuelta a toda la plaza, pasando por calles estrechas, sosteniendo las bolsas por miedo a los carteristas, que dicen que proliferan. Tras pasar por muchos edificios la mar de magníficos, llegamos a un pasillo donde entramos a comer. La casa era un lugar muy medieval, hundido, con mesas largas, para compartir. Nos sentaron junto a las venezolanas y sirvieron, para empezar, dos sopas: una de cebolla y otra de vegetales. La de cebolla la rechacé, pues sí me causa estragos. Tomé la de vegetales. No me gustan mucho las verduras y aún así he de decir que estaba deliciosa.
El guisado, por su parte (servido, por cierto, por un meserito que bien podría ser pariente de Nemanja Vidic) fue carne de cerdo con choucrout, papas fritas, y unos panes de los cuales, desgraciadamente, se me olvidó el nombre. Son unas ruedas de masa que no saben a nada, a NADITA, a menos de que las metas en la salsa del guiso. Una sensación curiosa en el paladar. ¿Lo mejor? Regar todo con cerveza. A huevo.
Salimos de la casa medieval ya con tiempo libre. En el camino, me detuve a comprar un reloj que tenía una carátula tipo timbre postal, diseño checo original. Me atendió un negro (no estoy siendo racista, era un negrote, de esos caribeños, sonrientes) que, en su amable español, nos contó que era dominicano, pero que se había pasado para Praga. Hablaba checo perfectamente. Me hizo pensar en que, cuando quiera, me largo, que si él pudo, ¿por qué yo no?
De ahí, nos perdimos por las calles del centro, paseando de nuevo por el Orloj, por quién sabe cuántas calles, hasta que se nos cansaron los pies. De ahí, al metro. Atinar a cómo comprar un boleto y a dónde estaba nuestra estación estuvo medio cabrón, pero finalmente surgimos. Nuestra estación de metro caía directamente, sin escalas ni puestos de pretzels ni de vino caliente de por medio, sin calle de transición, a la entrada de un mall. ¿Así o más pinche primer mundo? Lo mejor: eso de ligar a las plazas no se hace en México. Aquí, hasta el pinche guardia de seguridad está guapo. De veras que eso de que Katy Perry y Justin Bieber sean sex symbols son mamadas. En este lugar, sólo tienes que ver a la cabrona que está doblando las playeras en Zara o al cabrón que está mesereando. ¡Vámonos! Pero para el hotel, que hasta en ese momento nos dimos cuenta de que ya llevábamos nueve horas caminando, como desde las 9:30 de la mañana hasta las 6:30 de la tarde.
Y, tan pronto llegué, a la internet del hotel. Donde, por cierto, twitteé. Sobre el encuentro de la casa de cambio. http://twitter.com/#!/ladystardust21, el 27 de diciembre...
Pero ya, dejo de chingar y de hacerla de emoción y les cuento, ¿verdad? Pues les cuento. Mientras Tasha aseguraba que en esa casa de cambio no te hacían cachetón el precio de los euros por las coronas checas, yo me puse a esperar. No a que llegara mi turno: simplemente, a esperar que saliéramos de ahí, pues le di un poco de dinero a mi papá para no hacer la fila más grande innecesariamente. Fue ahí cuando lo vi, parado cerca de mí, embebido en una llamada telefónica.
No puedo negarlo. Ya había visto hombres bastante guapos, como pueden ver, pero él era, incluso entre los checos, otra cosa. El cabello medio largo, café claro, combinando con la levísima marca de una barba que no era de tres días, sino de menos. Los ojos igual de azules que los de los demás checos, aunado a una nariz larga, pero ni siquiera de las narices interesantes que llegan a atraerme: se trataba de una nariz larga, pero idiotamente perfecta. Los labios, entre delgados y gruesos, milimétricos, planeados de una forma casi arquitectónica. Los dedos, enguantados, aferrando el celular. Jeans, chamarra beige, bufanda al cuello, la maletita a un lado. Debajo de su ropa, se adivinaba su delgadez. Ni fui discreta al mirar. Era demasiado. Antes no tiré baba de verdad.
Obviamente, él se dio cuenta de que lo estaba viendo. Antes no me lo comí con los puros ojos. Levantó la vista. Nos estuvimos mirando a los ojos un rato. Desvié la mirada un momento, porque ni él se iba, y yo menos, y no quería que se sintiera (quizá demasiado) incómodo. Pero no pude aguantar mucho tiempo. De nuevo a admirarlo. Él volteó a verme una vez más. Y, así, antes de atender un mensaje en su celular, sonrió. Sonrió, y su sonrisa, leve, sin dientes, no era la sonrisa del güey que se siente cagado por Dios y sabe que lo estás viendo, que sabe que te mueres por él, porque todo el mundo lo hace. No. La sonrisa, que no se le fue incluso mientras tecleaba el mensaje, tenía una cierta ternura. Ha de haber pensado que yo era una reverenda imbécil; pero una reverenda imbécil algo linda, al menos. Había también algo de satisfacción: como que se sentía halagado de que yo lo estuviera viendo con absoluta devoción (y estupidez). Cuando levantó la mirada una vez más, yo sentía que las mejillas me ardían a pesar del pinche frío, pero le devolví la sonrisa.
Tasha empezó a arrearnos entonces, y supe que era momento de irse. Volteé a verlo una vez más. Él entendió lo que sucedía, y, una vez más, sonriendo, levantó la mano, y movió los dedos, muy leve, en señal de despedida, mientras su boca trazó (porque ni siquiera habló) una palabra que yo no conocía. Me pudo haber dicho que yo era una soberana pendeja. Confié en que me dijo adiós. Sonreí una vez más y le devolví el adiós, también moviendo la mano un poco, antes de darme la vuelta.
Las ecuatorianas, abuela y nieta, dijeron algo tan aguado como "Los checos sólo se casan con checas: ella tuvo un novio checo y él se fue a su país y se casó con otra". Y, aún así, yo no quitaba la sonrisa estúpida de mi cara. Se me quitó cuando pensé que sí era una soberana pendeja por no haberle pedido una foto mientras estaba en estado de auténtica fascinación. Claro que mi cerebro tampoco estaba carburando. Lo único que pensaba era que el hombre más hermoso del mundo me estaba sonriendo, y ¿de dónde a mí tal honor? ¿De qué sueño saliste, de qué sueño que tuve, para ponerte ahí en las calles de Praga a mi vista?
Ahora me tienes pensando en ponerme un tatuaje que diga Kaprova (el nombre de la calle).
Pensando en que daría un brazo, una pierna, una narcoejecución y una piedra del Orloj por volverte a ver.
Queriendo revisar a ver quién chingados eres en Facebook, Google, el mundo.
Por eso ahí les dejo, mientras escucho en mi mente, una vez más, "I've been around the world and I ain't seen nothin' like you". "Resignation", de Reef. Perdonen la intensidad, pero soy peor que John Keats y William Butler Yeats cuando no tienen nada que hacer. Tan sólo sé que en Praga, la luna es una daga manchada de alquitrán, y que el hombre que he soñado por años se pasea, libre, celular en mano, antes sin saber que yo existía, ahora sabiendo que existo pero sin saber quién soy, de dónde vengo, a donde chingados me voy a ir, y, aún no sé, si pensando o no en mí como yo en él...

Wednesday, December 28, 2011

European Daughter: Lady Stardust suelta en Schiphol

Con ánimos de Lou Reed, se los digo: la European Daughter soy yo. Lo he de ser, que a pesar de mi atracción por Nueva York también tengo una fascinación con el viejo continente, así que de hecho les escribo de estas lejanas tierras para contarles como me está yendo en otro de esos tours que te dejan medio muerta, pero que son la mar de disfrutables y llenos de cosas interesantes que contar.
Pero empezamos por el inicio. Y es que resulta que nos tocó escala en uno de mis países soñados: Holanda, que amo por el futbol, el futbol, el futbol, los futbolistas y el queso. Y seguramente algún gigoló en la zona roja. ¿Pa qué digo que no? Yo me enamoré de un holandés al que vi, por primera y única vez, perdido en la sala de mi dentista. Yo tenía quince años y se me hizo el hombre más hermoso que había visto en toda mi vida.
El problema era que Lady Stardust no andaba necesariamente como bomba sexy suelta en Schiphol. De hecho, andaba suelta del estómago, para mi desgracia. Aún no sé si fue por el exceso de Smint durante todo el día, ya que, entre la emoción, los nervios, y el hecho de que en Navidad comí pulpo y me sentía como que mi aliento seguía oliendo a esta cena, me tragué como media caja de las de 50. Y yo que estaba escéptica de las propiedades anoréxicas de la pastillita azul.  Claro que también pudo haber sido el té Tazo de durazno que me aventé antes de que saliera nuestro avión, a las 9:30 de la noche. Se supone que salía a las 9, pero en ese momento avisaron que estaba sin poder aterrizar debido a que la pista estaba ocupada.
Fue ahí cuando me fui al baño, porque empecé a sentir que mi estómago lo requería. Y que me agarra la digestión super acelerada. No me chingues. Desde ahí empezó mi paranoia. Para colmo, siempre me quedo dividida entre comer o no comer (esa es la cuestión). Desde que me anunciaron el reflujo biliar, sé que aunque no tenga ganas de comer, si no como, me empiezo a pudrir por dentro. Para colmo: tocó una fila de tres asientos, en la cual íbamos mi hermano, yo enmedio, y al final un hindú. Justo cuando yo pensaba que me convendría el pasillo para salir corriendo en caso de emergencia. Además, el hindú apestaba a sudor que era un contento. Sé que yo tenía digestión acelerada, pero juro que no estaba tan mal.
Llegaron unas azafatas holandesas (íbamos por KLM) muy atentas a decirle al hindú que, si quería, se podía cambiar de lugar para no tener que compartir la fila con nosotros; que en otra fila estaría más amplio. Pues el cabrón hindú, que ya se había hecho bolas con su cobijita, dijo que no. Vale madres. A aguantar lo más que se pueda se ha dicho. Lo bueno es que los aviones de KLM son de primer mundo y tienen pantallita para jugar Tetris. Eso me sirvió para distraerme un rato. Lo demás... bueno. Nos trajeron la cena. Chicken or beef. Yo elegí beef tras ver que el chicken estaba en una sospechosa salsa verde. La carne de res estaba en salsa de champiñones y no estaba mal, aunque recuerden que yo me la comí nomás para no sentir que me pudría por dentro. Bien, el problema es que después yo ya me aferraba a mi control de Tetris mientras rezaba a todos los santos que el hindú se moviera, porque, para colmo, se había empezado a jetear. Y yo necesitaba salir. Creo que cuando se levantaba el hindú, yo salía corriendo a todo vapor. Fueron como dos veces las que se levantó, mismas que yo salí en chinga. Dejémoslo así. El resto del vuelo fue para tratar de dormir ignorando mi estómago, el sudor del hindú, y la vida en general. Y Tetris.
De pronto, por la ventana, se pudo ver el mar. Y molinos, que si no son los molinos como los dibujan en los libros, no dejan de ser una de las marcas de uno de los países que en mi mente (y en mis hormonas futboleras) he mitificado. ¡Holanda! ¡La tierra de la naranja mecánica (futbolera)! ¡Sex, drugs and tulips!
Y, tal como yo lo había soñado: hombres perfectos. Hombres desgarradoramente perfectos. Lo mismo para las mujeres, ¿eh? Mujeres hermosísimas, con caras de muñeca... pero los hombres. Da puto coraje. Los dos que nos sellaron el pasaporte eran estúpidamente hermosos. Me daban ganas de aventarme un threesome salvaje con ellos si no fuera porque en ese momento me sentía decididamente anti-sexy y sólo buscaba los letreritos del baño. Chingada madre. Para colmo, mi medicina estomacal reservada para esos momentos había sido llevada directamente a Praga.
Cuatro horas de espera que, aún así, con todo y lo pinche mal que me sentía, las disfruté. Tan sólo aumentaron mis ganas de querer conocer Amsterdam, de querer andar de decadente por la capital holandesa. Con todos quería, a todos me daba la gana perseguir. Lo único que detuvo un poco mi mirar a un lado y a otro fue el hecho de que empezó el partido del United contra el Wigan y me puse a ver un cast lo mejor que pude en mi lap, suficiente para presenciar una probadita de la gloria en la que se cubrió mi ídolo, Dimitar Berbatov. De ahí (no había comido nada desde la carne de res) a abordar un avión, ahora rumbo a la República Checa. Por cierto, en la maleta estaba mu jersey de Pavel Nedved. Seguiré informando.

Wednesday, December 21, 2011

Twentynothing to twentysomething


Alguna vez, alguien me dijo que los veintes se pasaban muy rápido. Recuerdo el miedo que tenía cuando cumplí 20. Y ahora me veo, y estoy a un paso del cuarto de siglo y es en ese momento cuando me da por pensar demasiada mierda.
Releo El amor dura tres años de Beigbeder. Ese libro lleva conmigo ya más de tres años. Leo lo de que los treinta años son la edad espuria en la que ya eres demasiado viejo para ser joven y demasiado joven para ser viejo. Lo peor: me pongo a pensar qué he estado haciendo todo el año pasado. He estado trabajando. Trabajando para labrarme un sueño a golpes y a exámenes. Debería de sentirme orgullosa conmigo misma, y lo único que consigo es que mis piernas empiecen a temblar.
No sé por qué lo pienso. Recuerdo cuando tenía 14 años y era una persona seria, demasiado seria y llena de teenage angst. Siempre pensé que para los 27 sería todo un prodigio de alguna cosa y que valdría la pena labrar mi nombre junto al de Janis Joplin. Se acercan los 27 y yo no soy prodigio de nada y hace siglos que no toco guitarra. Y, más que nada, me aferro al mundo. A los 14 no actuaba como persona de mi edad. Siempre dije que yo sí me sentía como Bob Dylan en "My Back Pages": "Oh but I was so much older there/ I'm younger than that now."
Y ahora soy muy joven, demasiado joven. Tengo 24 y soy demasiado joven. A vecas me siento igualita que como cuando tenía 17, y eso que los años me han sentado bien.
A veces me puedo poner peor. Me puedo poner como cuando tenía 13.
A veces me siento como Alanis Morissette: "I'm 13 again, am I 13 for good?"
Y lo único que me viene a la mente es una canción de cuando, efectivamente, tenía 13. "What's My Age Again?" de Blink-182.
"Nobody likes you when you're 23". Me pregunto si le agradas a más gente cuando tienes 24.
"My friends say I should act my age." Nunca lo hago. No me pega la gana hacerlo.
Me pasé la noche pensando en si dentro de un año estaré cantando "What's Up?" de 4 Non Blondes con el mismo énfasis con el que la cantaba cuando tenía 14. Excepto que en ese momento, sí, tendré 25 years of my life and still tryin to get up that great big hill of hope for a destination.
O... ¿qué onda con los treintas? Estoy viejísima. Bueno, mi edad mental siempre ha sido de 33 años. Pregúntenselo a Marillion.
En este momento, lo que más quiero es tener los pies bien clavados a la tierra.
En este momento, pienso que, precisamente porque me siento vieja, porque no soy Rimbaud ni ningún prodigio de la música, tengo mucho por qué vivir.
Como ver a Nemanja Vidic jugar la siguiente temporada.
Como ver en vivo a Def Leppard, Poison, Tom Petty, Springsteen y los Goo Goo Dolls, por decir nombres.
Como cantar "Don't Stop Believin'" a todo volumen en algún concurso de karaoke.
Como Nueva York, que espero no me rechacen.
Como llegar a ser la poeta que quiero ser.
Como cantar "Sometimes It's a Bitch" de Stevie Nicks y sentirla.
Como leer todas las felicitaciones que me llegaron hoy, muchas de gente a la que hace mucho no veo. O de la gente que he conocido recientemente y sus comentarios son maravillosos, amables, que me hacen sonreír tanto.
Aunque a veces quisiera, simplemente, que alguien me dijera si la sonrisa se me va a quedar pegada todo el año. Disculpen la amargura, pero la epidemia de cáncer en la familia me apagó un poco.
Me hace amar la vida tanto que me da miedo perderla.
Y perder todo esto que tengo.
Cuando tengo tantas cosas por ganar.

Y esta la escribió Stevie con Jon Bon Jovi. Ahí nomás, por qué lo amo. (Y sí, me gusta Stevie Nicks. Tengo como 38 años, pues).


Sometimes It's a Bitch
Stevie Nicks


Well I've run through rainbows and castles of candy 
I cried a river of tears from the pain 
I try to dance with what life has to hand me 
My partner's been pleasure...my partner's been pain 


There are days when I swear I could fly like an eagle 
And dark desperate hours that nobody sees 
My arms stretched triumphant on top of the mountain 
My head in my hands...down on my knees 


Sometimes it's a bitch...sometimes it's a breeze 
Sometimes love's blind...and sometimes it sees 
Sometimes it's roses...and, sometimes it's weeds 
Sometimes it's a bitch...sometimes it's a breeze 


I've reached in darkness and come out with treasure 
I've laid down with love and I woke up with lies 
What's it all worth only the heart can measure 
It's not what's in the mirror...but what's left inside 

[ Lyrics from: http://www.lyricsfreak.com/s/stevie+nicks/sometimes+its+a+bitch_20131618.html ] 
Sometimes it's a bitch...sometimes it's a breeze 
Sometimes love's blind...and sometimes it sees 
Sometimes it's roses...and, sometimes it's weeds 
Sometimes it's a bitch...sometimes it's a breeze 


You gotta take it as it comes 
Sometimes it don't come easy 


I've run through rainbows and castles of candy 
And I've cried a river of tears from the pain 
I tried to dance with what life had to hand me 
And if I could...I'd do it all over again 


Sometimes it's a bitch...sometimes it's a breeze 
Sometimes love's blind...and sometimes it sees 
Sometimes it's roses...and, sometimes it's weeds 
Sometimes it's a bitch...sometimes it's a breeze 
Sometimes the picture just ain't what it seems 
You get what you want...but it's not what you need 
Sometimes it's a bitch...sometimes...it's a breeze 
Well it's a breeze...it's a breeze...it's a breeze...

Saturday, December 10, 2011

Music for Airports

(Otro poema que me rechazaron; esta vez para los Juegos Florales Sayahuenses. Espero su feedback).



Paraíso/pasillo lejano
de genuflexiones doradas
ante este equipaje
que en su seno carga
sueños de otras camas
males de otros pechos
con pies que se arrastran
por amaneceres ebrios
con esos rosáceos ojos bajos—
los cuerpos que se mueven
cargados de nostalgias
de significados
trazos runa-grafos
canes vagabundos—
ellos sí, de noches y recuerdos,
guardas de una accidentada atmósfera:
amar es hendir el cielo a golpes
con esto, un Ícaro hecho obús,
de alas de langosta fugitiva,
de trazos de aire
sobre aire.

Saturday, December 03, 2011

Más vale tarde que nunca: Perlas curtidas

¡Al fin! Al fin he terminado con mis terribles compromisos de las universidades, que tan mal me han tratado. Por eso, ya que está todo mandado y to tengo tiempo para gastarlo en el ocio que son la escritura y los recuerdos, vuelvo a hace una semana, un poco más, cuando Pearl Jam vinieron a celebrar su vigésimo aniversario a la Ciudad de México.
Traían invitados de lujo: X, la banda de John Doe y Exene Cervenka, banda punk de culto que gatea por los párrafos de Bret Easton Ellis. El maldito tráfico no me dejó llegar a tiempo ni para escuchar "Los Angeles", su rola más famosa, a la que yo le traía muchas ganas, sobre todo desde que afirmaron que Exene sufre de una enfermedad degenerativa que muy pronto la dejará sin ganas de punkear. En fin, que me quedé sin conocer a la leyenda viva y además tuve que llegar corriendo tras pagarle una cantidad obscena de dinero a un bicitaxi. Ni tuve tiempo de sentarme cuando Eddie apareció en el escenario, y desde la primera canción surgió el derroche de emociones "Release", final del Ten, que parecía un llamado a dejarse ir, a sentir la música. Un closing que sirvió como un opening muy adecuado.
Y salió el resto de la banda. A grungear a gusto con "Last Exit", "Corduroy" y "Severed Hand", mismas que precedieron a la siempre sublime y desgarradora "Given to Fly", la historia del hombre que libera a la gente con el poder de volar, aunque se lo prohiben. Desde ahí, a soltar el chillido.
"Brain of J", del disco Yield al igual que "Given..." fue la siguiente, antes de la aparición de la guitarra acústica para "Elderly Woman Behind a Counter in a Small Town", título molón donde los haya, canción hermosa por donde se le mire, aunque fue opacada por la reverenda e increíble sorpresa que siguió: "Faithfull", también del Yield, rolón extraordinario y mi punto favorito del concierto. Tengo que admitir que desde que la cantaron yo ya me daba por bien servida.
"Even Flow" lanzó la primera ronda de alaridos (aunque ahora el público grungero, que ya no anda para ciertos trotes, no amenazaron con imitar a Eddie en ese video) que fueron un poco tranquilizados por una rola del vocalista en solitario; para ser más específicos, del soundtrack de la película Into the Wild: "Setting Forth".
Tras "Unthought Known", Eddie presentó, en su pésimo español, otra gran sorpresa: "Rojo mosquito", o, bien dicho, "Red Mosquito", absolutamente inesperada. De ahí llegó la triste y más conocida "Daughter", la cual puso al respetable a jugar con las luces de los celulares y de los encendedores, que se prendían y apagaban al ritmo de la canción, lo que siempre resulta un espectáculo digno de verse. Eddie, definitivamente maravillado, pidió que se apagaran las luces del escenario para poder ver a un Foro Sol como un cielo estrellado. "Ahora sí, estamos en México," anunció.
"Of The Earth" sirvió como antecesora para otro gran momento "Nothingman" y "Betterman" seguidas (y doble chillido). Dos personajes diferentes, historias igual de duras. Hay que admirarles a Pearl Jam la manera de representar lo triste de la vida y de volverlo algo hermoso.
"Porch", otro regalito del Ten, envió a Pearl Jam atrás del escenario por primera vez, de una forma que se nos figuraba demasiado temprana. Pero no tuvimos que esperar mucho: Eddie regresó con su acústica para dedicarle una canción a unos amigos suyos recién casados. "Just Breathe", esa sentimental joyita del Backspacer que a muchos nos robó el corazón a la primera escuchada fue lo que resonó. Podrán decir que el viejo Vedder es más suave, pero de que es una rolota, es una rolota. Ah, lloré otra vez.
"Off He Goes", otra bella acústica, salió con dedicatoria a John Doe, antes de empezar a guitarrear a más y mejor con, qué más, "Do the Evolution". Las primeras filas se sacudían en conato de slam mientras el Foro Sol rugía con ansias de rebelarse ante la vida: "IT'S EVOLUTION, BABY!!"
El mismo camino tortuoso continuó de una forma un poco más romántica con "Black", con todo y coritos al final. "Black", que siempre seguirá siendo igual de conmovedora, y a quien no le duela no tiene corazón.
Continuamos con la oda a los viniles "Spin the Black Circle". Eddie, quien tenía una bandera de México cerca, se la puso como capa, se envolvió en ella, brincó por todos lados acompañado del lábaro patrio... y, finalmente, se puso a revolearlo mientras ordenaba "Spin the black circle!". Algunos lo considerarán irrespetuoso a la bandera, pero acá sabíamos que era un acto de la más pura pasión.
Tras "The Fixer", primer sencillo del Backspacer y rola que nos había puesto a pensar que Eddie Vedder finalmente era un tipo feliz, regresamos a la oscuridad con el señor "Jeremy", quien le arrancó un alarido a los, fácil, 60 mil presentes, que yo nunca había visto el Foro tan abarrotado. La historia de Jeremy, el chico ignorado, fue recreada por el público, mientras yo miraba a una niña de tres años, en su chamarrita rosa, que se alzaba sobre los hombros del que seguramente era su papá. Una nena enterándose de lo triste que puede ser el mundo de la manera más maravillosa posible. Qué valor, y felicitaciones a su padre.
"Why Go", igualmente del Ten, fue puerta para otra desaparición, que vio a la banda regresar bastante festivos, con esa especie de porra que es "Olé". Después, lo que hicimos fue demostrar que en el fondo, todos somos unos fresas. Así es, porque cantamos completita "Last Kiss", y a mucha honra.
"Leash" hizo mancuerna con "Alive", el grito de guerra de Pearl Jam por excelencia: porque con él Eddie Vedder exorcizó sus demonios de la infancia; porque con él varios fans que murieron en un accidente en un concierto demostraron que todavía estaban vivos; porque en algún momento PJ fueron la única banda de grunge viva y vigente; porque da gusto pararse y gritar a todo pulmón "I, I'm still alive!"
Y qué mejor manera de sentirse vivo que rockeando. X volvió a tomar el escenario. Ahí pude verlos, a John Doe y Exene Cervenka, a quienes no les faltaba mucho para ser mi padre y mi madre, excepto porque mi madre no está tan canosa y mi papá no se hace ese peinadito punk. Pero la Cervenka agarró el pandero y se unió al desmadre, que, por cierto, se alzó en los asientos, pues los vasos amarillos de chela comenzaron a volar por todas partes, tapizando el Foro, una especie de domo volador sobre nuestras cabezas. En la zona general, unos cuates de deshicieron de sus playeras y empezaron a bailar revoleándolas, sin importarles que se les viera la panza, que se les cayeran los jeans y les dejaran ver más allá de la espalda. Libertad. Rock n' roll. La máxima expresión de lo sublime que es la música.
"Indifference" fue bella, y sirvió para que nos tranquilizáramos un poco. Las luces estaban encendidas. Sabíamos lo que se venía. El lado B más celebrado de todos los tiempos.
Señoras y señores: "Yellow Ledbetter", con su airecito a "Little Wing" del maestro Hendrix, que, por cierto, fue homenajeada en ese mismo momento. El tipo que estaba enfrente de mí rompió a llorar a mares, sobrecogido por la emoción. ¿Qué van a saber ustedes del amor, si una rola no los ha conmovido de esa manera?
Pearl Jam dejó el escenario. Eddie se despidió como mil veces de nosotros. Quién mucho se despide, pocas ganas tiene de marcharse. Vedder no lo escondía. Qué ganas de volver. Qué ganas de que se queden. Yo los vi en el 2005, que fueron mi regalo de 18 años. Me gustaron más ahí, pero la emoción y las lágrimas no faltaron. Pearl Jam, la última gran banda, que son incapaces de dar un concierto malo.

Sunday, November 13, 2011

El penúltimo tren de Joaquín Sabina

La cita, aunque pospuesta, no había menguado. La cita original era en junio: en noviembre, las ganas no se habían ido. Por eso, allá vamos, a ver al Dylan de Úbeda, aunque si bien un poco más sexy; podríamos compararlo con Leonard Cohen. Señoras y señores, Joaquín Sabina.
Apenas salió, la ovación fue de pie. No hay nada más bonito que ver a 10 mil personas mostrando su respeto. La noche empezó prometedora, con "Esta noche contigo". O, más bien, esta noche con nosotros. Así de a gusto.
"Tiramisú de limón", uno de los sencillos del último disco del español, Vinagre y Rosas, empezó a arrancar más gritos y bailes del respetable, que decrecieron con la poco menos conocida, pero también reciente, "Virgen de la amargura", antes de que volvieran a crecer con los aplausos, casi a capella, de "Ganas de..."
Sabina no tardó en entablar conversación con nosotros, recordando sus primeros pasos por México, cuando "el rocanrol era cosa un poco más ilegal". En una de esas ya lo estaba traicionando la edad, la sensibilidad y la nostalgia, así que qué mejor que echarle la culpa a su cófrade Panchito Varona: "Si sigo hablando de esto, Panchito se pone idiota".
Bueno, pues que le da mucho gusto estar con nosotros, "mexicanos hijos de la chingada", que lo habíamos visto hasta en Nueva York o en Los Ángeles, donde, por cierto, andaba por ahí un ex-portero del Atlante, Félix González, quien le autografió los balones (piensen lo que quieran). Pero pasando de la nostalgia y el fut, nos fuimos a otro tema favorito de los escritores, locos y poetas...
¡Las putas! El blues/cubano de "Medias negras" sigue siendo sabroso y sexy, con la historia de esa mujer que es una ladrona, que tras una noche de pasión se larga con la cartera, y peor aún, con el corazón del cantante. De ahí, "Aves de paso", que entre prostitutas y one-night-stands, es como el deseo de canonizarlas vuelto rola. Terminó el ciclo con "Peor para el sol" y el encuentro casual en un bar.
"Por el boulevard de los sueños rotos" sigue siendo la mejor poesía para México, un orgullo escrito por un español que parece amar más al país que muchos nacionales. La única canción que en verdad me enorgullece de la patria.
"Contigo", también sigue siendo una de las mejores canciones de amor; después, a rockear con el cover de "Llueve sobremojado" junto con el lira, Jaime Azúa... y, después de eso, Joaquín se desapareción un rato, para tomarse un descanso de la voz, que, por cierto, le suena mejor que nunca. Igual de ronca, pero clarísima. La voz cantante corrió a cargo de Panchito Varona, quien se aventó "Conductores suicidas", antes de darle su lugar a la corista, tan maja ella, que trae el Joaquín. Marita Barrios, una chava que hasta yo tengo que admitir que es un supremo mujerón, se avento "Yo quiero ser una chica Almodóvar" con lujo de sensualidad, artes histriónicas, encanto, y, sobre todo, un vozarrón que ya quisieran muchas. Un vozarrón que, además, tuvo la oportunidad de presumir todavía por otro rato, al cantar "Y sin embargo te quiero", gitanería que sirve de intro para la exquisita (y cantinera) "Y sin embargo".
"Peces de ciudad" es otro de los poemas casi casi musicalizados que ha escrito Sabina; y, la siguiente, si quizá no es tan poética, no deja de ser bella. "Una canción para la Magdalena", la canción dedicada la más señora de todas las putas, la más puta de todas las señoras. Marita Barrios la caracterizó, levantando suspiros con más de un hombre en el público.
Luego, crédito a Calamaro, con "Todavía una canción de amor". Terminando, Sabina tomó su guitarra acústica, que "porque nadie toca este Mi como yo". Y tiene razón. Ese Mi, tan agudo, que da inicio a "19 días y 500 noches", una de las favoritas que el público no duda en corear, como pudimos ver: "¿A qué no saben qué me dijo?" Sabina preguntó, bromeando con su propia rola, mientras contestamos: "Hola y adiós". "¡Maldito Facebook, uno se entera de todo!" exclamó el español antes de seguirle. Que terminó esa y a rockear con el rant ardido, pero triunfante, que es "Princesa".
Sabina y compañía desaparecieron por un rato, dejando a Antonio García de Diego, otro de los consentidos de Joaquín, solo. Con una voz bella ("Para seguirlos estafando, tengo que traer a alguien que sepa cantar," Sabina diría después) cantó "Tan joven y tan viejo", la melancólica rola que aún así promete vivir y seguir rockeando, "like a rolling stone". Por algo esa máxima es su último verso.
La noche mexicana no estuvo completa sin "Noches de boda", que fue combinada con "Y nos dieron las diez", que, no es por nada, pero a veces extrañamos completa. De hecho, por un momento todos los presentes temíamos que Sabina se retirara ahí (y hasta las luces nos amenazaron) pero no. Jaime Azúa regresó para rockear a más y mejor con "El caso de la rubia platino", definitivamente una sorpresa en el setlist; por cierto, Marita, una vez más, caracterizó a la dama en cuestión.
Luego, Joaquín se cumplió un caprichito, aunque aseguró: "Podría ser herejía". Herejía o no, "La noche de mi mal" del santo particular de Joaquín, el señor José Alfredo, igual la cantamos y la disfrutamos.
Para cerrar, pues qué más. "El pirata cojo" y las "Pastillas para no soñar". Un concierto, que tuvo similitudes con el del tour de promoción del Vinagre y Rosas, pero que nos deja esperando con muchas ganas, y al mismo tiempo tristeza, lo que será el último tren de este genio.


Saturday, November 05, 2011

The mixtape project: música para planchar

Conste que yo pregunté. Conste que yo pregunté. Pero nos dieron libertad creativa de tomar las referencias como fuera... y los miembros del mixtape project nos la tomamos. ¿Están listos para una entrada llena de double entendre... y de gusto por las tareas del hogar? Somos bien hacendosos, me cae.
Por lo pronto, Art Brut nos dejan muy en claro que a ellos les gusta participar en las tareas del hogar... mientras puedan ver. Sí, claro, pues si uno no ve cuando plancha se puede quemar, ¿verdad, Rougite? Sensualísima canción, "Rusted Guns of Milan".
Al estilo de una pinup, de esas que mezclan inocencia y provocación (y seguro una plancha y kilos de maquillaje) se desliza Kristy Kruger, cantando "Little Pollyanna". La selección de Darien sin twitter volviendo el planchado más sensual de lo que ya es.
Luego sigue la que yo elegí: cerebro de traductora, me puse a buscar una rola que mantuviera el doble sentido, y encontré conque a Elvis le gustaba jugar a la casita... jejeje. "Baby, Let's Play House". ¡Perverso! Aunque tal parece que en general los rocanroleros son perversos (o hacendosos) porque por algo zuzZypaiN eligió a The Phantom con "Love Me".
Ahora, si lo suyo es que sea una Robotina la que se ponga a planchar, pues tenemos la selección de Kiddieriot: Cold Cave, con "The Trees Grew Emotions and Died". Si los árboles pueden, también pueden las robots planchadoras, ¿o no? Ya me siento como frente a algún androide japonés.
Ad3mir fue el que de plano eligió planchar las sábanas (esas también se planchan, se doblan cuidadosamente y todo, chale) con Beyoncé, preguntando "Why Don't You Love Me". No sé. Quizá porque no plancha tan bien. ¿Será? Jajajaa. Que me gana la risa.
Alanpf, quien por ahí confesó que es un muchacho inocente, a quien le gusta hacer el quehacer (me sigo riendo) eligió a The Royal Crown Revue con "It's a Good Day", que las tareas domésticas no deben arruinar el buen humor. Al menos el planchado no. Aunque Ian Broudie está un poco más taciturno, con "A Song for No One", que se me figura más al momento cuando pues ya acabaste de hacer el quehacer, incluido planchar, y miras el atardecer. Uno se merece descansar... (no sé si alguien se esté riendo).
Habiaunchorrito se va directo por el planchado de sábanas con la exquisita rola de Javier Corcobado "Ciudad Erótica"... y si se quedan con ganas, Malo les da el manual para planchar adecuadamente, bola de flojos malpensados, que si uno no plancha "Suavecito" se le echa a perder la ropa.
Cerramos con Stereo Total y "I Wanna be a Mama". ¿Para qué? Pues para planchar. De veras que los del mixtape project somos un estuche de monerías, que nos encanta treparnos al burro (de planchar, cerdoooooos) y encargarse de la ropa, como buenos amos de casa. Uf. A que este mixtape lo bajan como mil.



Thursday, October 20, 2011

A veces odio amarlos... Guns n' Roses en concierto

Y aquí llega el momento brillante de las aventuras de Miss Piltrafa Humana, quien, como pueden ver, no había descansado desde un fin de semana de examen. Así, en condiciones terribles, empezó el martes. Y yo, por primera vez, maldecía pensando en el concierto de la noche. Guns n' Roses quienes seguramente iban a salir a las 12 de la noche y, por lo tanto, me iban a dejar en el absoluto desvelo para la mañana siguiente con mi clase a primer periodo, la única que tengo, para acabarla de joder. Ya pensaba en rajarme, pero dije, Nimodo, a aguantar.
Intenté dormirme en la tarde pero no pude. Cuando salimos rumbo al concierto ya iban a ser las ocho, casi las nueve. Y el problema es que éramos un entourage enorme: mi hermano, mi madre, mi tío, su novia, y tres cuates colados. Un taxi aceptó llevarnos a todos por 50 pesos. Nacimiento del taxi sardina, tanto que hasta los conductores de otros carros nos veían y se reían. Tal parecía que nos iban a dejar entrar a todos gratis al concierto.
Cuando al fin llegamos y pudimos estirar las piernas, Ágora, los últimos abridores de los chingomil que tuvo Guns, seguían dándole duro a sus rolas de quiero ser Iron Maiden pero no puedo. Tan pronto se callaron, entramos a un Palacio de los Deportes cuyas bancas ya estaban atascadas de cajas de pizza, salsa Valentina y mugre, además de que el olor a calor humano era similar al de carnitas.
Se había rumorado que había posibilidad de que Guns n' Roses salieran a las 11. A las 11 lo que hicieron fue ponernos videos graciosos de YouTube... porque claro, todos amamos los videos de... ¡PERRITOS!



Video de perrito. Sí, todos amamos los videos de perritos y de gente cayéndose de las maneras más estúpidas; pero cuando faltaban cinco minutos para las once las cosas ya no pintaban tan bien. Un tipo, en el tercer piso, se aventaba contra la reja (yo tan sólo pensaba en qué momento la iba a sacar volando) mientras gritaba: "¡Axl, ya sal, hijo de tu puta madre!". Mientras tanto, en la sección general, yo no alcanzaba a ver qué sucedía, pero de pronto como que se armó el slam y lo siguiente que vi fue cómo sacaron a un tipo que estaba sólo en calzones. De ahí, el asunto se siguió hasta las gradas. Con el grito de "¡Cuuuuuleeeeeeeeeeeeroooo!" como himno, empezaron a llover cajas de basura, sobre todo las de pizza, y vasos que me hubiera gustado pensar que estaban llenos de cerveza, si bien no podría garantizarlo.
No sé si fue porque la gente de seguridad empezó a pedir clemencia, pero en ese momento las luces se apagaron, y apareció una figura solitaria en el escenario, portando un sombrero de copa. No, no era el hijo pródigo Slash, al que quiero, pero no entiendo el amor desenfrenado hacia él desde que cantó con Fergie en el Super Bowl. No, se trataba de ese muñequito de porcelana, extraña cruza entre Nikki Sixx y Tommy Lee que es DJ Ashba--y, lo admito, mi razón principal para ir a ver a Guns n' Roses, pues desde que le puse el ojo encima se me antojó hermoso el muchacho. Muchos lo critican por su look, llamándolo una mala imitación de Slash, pero este chavo (ya no tan chavo a sus 36 años) es más bien un cuate que adoptó ese look porque, se le nota, adora estar en Guns n' Roses. Ya estuvo con Bulletboys, luego con Sixx AM (obvio), pero tal parece que quiere volver al grupo de Axl su casa.
Y no faltó mucho para que la diva mayor saliera, con sombrero y lentes oscuros, pero sin trencitas, más émulo de Mickey Rourke y Kid Rock que la estrella de rock más bella del mundo. Había llegado la hora.
La abridora fue "Chinese Democracy", pa que no digan que no, y, tan pronto acabó... no hubo ovación. El público, lleno de hartazgo, respondió con abucheos.
Pero a Axl Rose eso le hace lo que el viento a Juárez. ¿Que no les gusta la canción? ¿Que no les gusta cómo soy? Pues me van a amar.
Y dicho y hecho. "Welcome to the Jungle" resonó... quizá demasiado, pues quién sabe qué ingeniero de sonido tenía las guitarras a nivel Megadeth, y eso, en el Palacio de los Rebotes, aunado a los fuegos artificiales, se vuelve un suplicio. La voz de Axl quedó sepultada por el triple ataque de liras, aunque la rola se disfrutó tanto como siempre. Cuando terminó, no había abucheos... hasta había la porra, musicalizada por la batería, el grito de guerra: "Guns-n'-Roses! Guns-n'-Roses!"
Sin embargo, el problema de volumen prosiguió durante las clásicas del Appetite for Destruction "It's so Easy" y "Mr. Brownstone", tanto que "Sorry", la primera canción tranquila, fue casi casi un alivio. Es más: cuando a DJ Ashba le tocó la introducción de "Better", otra rola del Chinese, con sus notas agudas, el efecto fue casi taladrante.
Pero el dolor de oídos valió gorro después, cuando los primeros versos de esa canción resonaron: "When you're talking to yourself/And nobody's home/You can fool yourself/You came to this world alone. Alone".
Empecé a moquear con el lamento, quizá melodramático, pero infinitamente llegador que es "Estranged", tocada en todo su esplendor, pretenciosa y magnífica, patética y prístina. "How can you say I never needed you/When you took everything/You took everything from me". Dice Axl que tras quince años de no cantar la rola le duele igual, y es que se acuerda cabrón de Slash--digo, de Stephanie Seymour.
Acabó la canción y Richard Fortus tomó el escenario. Richard Fortus, una delicia con lira en mano, y no lo digo sólo porque el cuate esté bueno, sino porque sus acordes resonaban como balas, con toda la gruesez que se necesita. Tocó el tema de James Bond haciendo retemblar al Domo del Bote.
Que hablando de retumbos, siguió otro tema de James Bond, "Live and Let Die", donde, contra todo el sonido, Axl lanzó unos gritos agudos, demostrando que aunque digan misa, su voz continúa intacta, y su rango vocal sigue siendo impresionante. Ahí nomás para los haters.
El concierto prosiguió con "This I Love", con todo y video dizque artístico con una bailarina, un punto algo bajo, de esos momentos en los que Axl quiere pasar a lo sublime. Que no puede haber mucho de sublime cuando la rola que sigue es "Rocket Queen", con la historia de la groupie que fue grabada en pleno orgasmo en el estudio. También momento muy rockero del Appetite.
Luego, salió el piano al escenario, pero para los que pensaban que venía "November Rain"... se equivocaron. Dizzy Reed, este muchacho a quien le sienten bien los años, se sentó y tocó una versión a piano de "Baba O' Riley" exquisita. Hay que admirarle la técnica al pianista, quien luego fue tremendo acompañante para la canción, a mi gusto, más afortunada del Chinese: "Street of Dreams".
Tras embestirnos con "You Could Be Mine", DJ Ashba fue quien salió a lucirse, tocando una balada que, claro está, degeneró en la canción de amor más hermosa que existe. "Sweet Child O' Mine" y se callan, que volví a echar el moco. Sin palabras ante la belleza de esta rola.
Y, por cierto, parecía que Axl tenía ganas de tocar AC/DC o algo, pues se aventó "Riff Raff", gritando a más y mejor, y luego entre Fortus y Bumblefoot se aventaron una rica mutación de un himno del rock: "Another Brick in the Wall", con el sonido de guitarra de la "Part 1" reproducido con exactitud, pero con las letras de, claro está, la "Part 2". Sí, yo tampoco tenía ganas de dar clase.
Pero el Axl ya estaba sentado al piano. Claro, chillen a gusto. "November Rain" y yo ya moqueaba de a gratis. Definitivamente, criada con esta balada, mi primera rola de Guns n' Roses. Me vale gorro.
Hora de presentar al técnico Ron Thal, Bumblefoot, con sus guitarras dobles, con su equilibrio entre discreción y virtuosismo, quien se accidentó hace unos meses. Aquí no lo demostraba. Simplemente, se aventó el tema de La Pantera Rosa más rocker del mundo. Ahí se los dejo. La Pink Panther hecha Rose Panther.
Las notas de "Don't Cry" nos pusieron a todos a cantar, pues ya temíamos que fuera a ser instrumental, pero esta vez Axl tomó el micrófono y no nos dejó con las ganas, si bien no hizo los juegos de voz al final. Y, por cierto, hablando de Roses... ¡más AC/DC! Con "Whole Lotta Rosie". Ahí nomás. Creo que ya no me volví a sentar.
Y es que... ¿quién podría sentarse con el fantástico tributo a Dylan que es "Knockin' on Heaven's Door"? Respuesta: el propio Axl. Estaba cantando y que se cae el cabrón. Por un momento, antes de que lo pudiéramos apoyar con los coros, la rola sonó así: "Knock knock knockin on-------------------knock, knock, heaven's door." Pero se levantó y a darle que es mole de olla. Claro que el "Juan Gabrielazo" se volvió comidilla de Twitter. Pero no cejó con su pasito ni un rato, menos en "Nighttrain".
Faltaba el encore. Mi apuesta por "Patience" se derrumbó en otro momento bajo; pero aquí se hace lo que Axl dice, y si Axl dice que se toque "Madagascar" pues se toca "Madagascar" y te jodes. Completo anticlimax para un encore, pero qué le va a decir uno. De cualquier manera, "Paradise City", como siempre, es apoteósica, hedonista, rockera por excelencia. Y DJ Ashba se quitó la playera. Mi noche estaba completa.
Tras horas. Tres horas. Mi reloj marcaba las tres de la mañana mientras me arrastraba a mi casa. "Take me home"? No. Yo había estado en casa esas tres horas en una especie de nirvana (pun intended), sin sueño, sin sed, sin un pasado día pesado, sin un futuro de clases al día siguiente. La marca de lo que sucedió fueron mis ojos enrojecidos de no dormir y de llorar. Haters, vengan a mí. Sí, son una bola de pinches irrespetuosos, sobre todo Axl, ridículo, pasado de diva y ego, quien hace sufrir a su público. Debería ser lapidado. Pero, cuando sale a escena y canta, le perdono todo, cual relación abusiva. Le perdono todo, lo amo, y odio admitirlo, pero amo a Guns n' Roses, y en ciertos momentos idiotas de mi vida, aunque ahorita me siga doliendo todo, admito que lo volvería a hacer.

Wednesday, October 19, 2011

De rockstar a Miss Piltrafa Humana

Si recuerdan, en la entrada pasada los había dejado con la duda de cómo carajos le hice para ir a los quince años. Respuesta: literalmente, me arrearon. No tiene mucha ciencia, simplemente me trataron mal. Y es que yo me intentaba convencer a mí misma de que lo que estaba haciendo era algo muy rockstar: tomar un vuelo para llegar a una fiesta. Pues sí, excepto porque a los rockstars los reciben con cocaína para aguantar la fiesta, con un buen trago, una groupie y un masaje que a veces también se los da la groupie. Bueno, pues el único trago que me dieron fue de coca, y no de cocaína, sino de Coca-Cola; obviamente no me dieron el masaje y lo más cercano que tuve a la groupie fue cuando me tiré en mi colchón con ánimos de siesta abrazando a un vampirito de peluche la mar simpático pero ridículo, que parece el bebé mutante de una relación entre Dimitar Berbatov y yo.
Bueno, pues ya estaba yo muy acomodada con mi Berbababy de peluche, cuando me dicen que ya va siendo hora de que la deje de echar y me empiece a alistar para la fiesta. No quiero, estuve a punto de decir, a lo que me respondieron con un conocido: "Pa qué dices que sí vas." Pues bien, la razón por la que dije que sí iba fue porque me chantajearon mal plan. Yo ya me había negado a ir y parecía que no había problema, hasta que mi madre me dijo: "Claro, a desvelarte con Guns n' Roses sí; a desvelarte con una fiesta familiar no." En vano le dije que para Guns n' Roses pagamos y que además, seguro en esa fiesta no iba a estar DJ Ashba. Obligada, me largué arrastrando los pies a la estética para que me hicieran un peinado.
Me estaba durmiendo en la silla mientras twitteaba ideas para conseguir un look extremo para asustar a mis alumnos, ya que no tenía nada qué hacer, excepto recibir los tips de @yogero para entrar a los quinces como la tía borracha. Me hubiera gustado comprarme mi anforita, pero en cuanto regresé, ya todo el mundo vociferaba que se nos hacía tarde para llegar a Ciudad Satélite (pa acabarla de chingar) así que me tuve que poner como persona decente y aplastarme en el carro junto a mi familia y al amigo Gorras, el colado que no puede faltar.
Cuando llegamos al salón, he de admitir que se veía bastante decente y no se encontraba cerca de alguna vulcanizadora. Entramos. Aún así, yo me quería dormir en la silla.
Llegamos justo a tiempo para la presentación de la quinceañera ante la sociedad. Es que estas cosas son bien decimonónicas. Me siento como en novela de Jane Austen pero siendo Jane Austen y sin Mr. Darcy, lo que vuelve a todo una terrible tragedia griega.
Pues que se arranca el vals. "Apologize" de One Republic, que fue bailado por toooooooda la familia. Hasta por el perico. Ya luego salieron los chambelanes bailando un vals de no me acuerdo quien que hasta se arrastraron por el piso.
Cambio de vestuario. En las pantallas, mientras esperábamos, pusieron... sí. A Justin Bieber. Yo quería morir un poco desde ahí, pero llegó la segunda parte del vals. Ahora se trató de esa rola de rumberas que dice "No tiene talento pero lo echa pa'lante". Yo no sé si la quinceañera eligió la rola, pero... ¿son esas maneras de hablarle a una señorita? O, como diría Quico... ¿qué me habrá querido decir?
Ya el tercer vals consistió en un extrañísimo mix de Michael Jackson con reggaeton, y la quinceañera usó un vestido negro pegadísimo muy acá. Y le pidieron encore. No, si les digo: esto de los quince años, ritual mexicano, es una excusa pa tener cena show gratis.
Que por cierto, llegó la cena. Tras una ensalada de lechugas que supuestamente era griega y una crema de quesos que sabía a pollo, yo esperaba las pechugas Cordon Bleu con relleno sospechoso... aunque, afortunadamente, nunca llegaron. En vez de eso hubo lomo de cerdo y papas. O sea, algo mejor que lo que me ha tocado en otras fiestas.
Y que llega el momento de abrir pista. No sé por qué siempre me pasa que tocan "La guaracha sabrosona" cuando necesito cruzar la pista. Es un desmadre. Todo el mundo asume que sabe bailar guaracha. Me gustaría tener la definición en Wikipedia.
Aunque, eso no fue lo que se llevó la fiesta. Lo que se la llevó fue un cuate, hagan de cuenta algún idiota de Jersey Shore pero en región... ni en región. En versión VCD. Bueno, pues el galán de barrio andaba echando el bailongo y luciendo... efectivamente, su look Jersey Shore con peinadito, dizque brazo, y toda la cosa. Lo mejor era la panza chelera que tenía mientras echaba el zapatazo con las sabrosuras del ritmo. Me hubiera gustado filmarlo y enviarlo a MTV, pero el salón no tenía mucha luz.
Intenté dormirme como indigente en la silla y no tuve éxito. Intenté bailar Tijuana No con mi hermano o con el Gorras y también fracasé. Total, que cuando mi hermano y yo al fin nos paramos a bailar, "Party Rock Anthem" de LMFAO, nos la quitaron. En fin. Flo-je-ra.
Todo el fin de semana me la pasé pensando que no había hecho nada digno de mención, como trabajar en la tesis. Para colmo, los cabrones que manejan el servidor en Distopía Radio dejaron de pagar, así que Distopía está en paro indefinido. Pues, pensando qué hacer con mi vida, me fui a la universidad a conseguir un certificado que me permitiera enviar a las universidades que pretendo una prueba de que sólo me falta titularme, pues ese asunto me había estado apanicando por semanas.
Bien, pues me dirigí al temido departamento de servicios escolares, presentando mi conteo de materias. Me mandaron a la ventanilla 2. Fui a la ventanilla y entregué mi conteo de materias. La vieja gorda de suéter verde comprando en almacenes Milano me dijo que tenía que traer mi historial académico. El problema es que el historial académico yo no lo había traído pues siempre se considera no oficial, y además hay que imprimirlo directo de la página de internet y mi impresora sigue pendejeando.
Miré el reloj. Era mediodía. Tenía exactamente una hora y media antes de que los burócratas se largaran a su hora de comida que no es una, son tres. Salí corriendo hasta el Lumen de Dr. Gálvez.
Malas noticias: 1. Estaba hasta su madre. 2. No imprimían cosas directamente de computadora. Así pues, necesitaba un café internet. ¿Dónde?
Pasé al paradero de camiones y subí a Revolución rumbo a San Ángel para llegar a un sospechoso lugar de internet donde tenían "cabinas" y se me figuraba más un lugar para ver porno que otra cosa. Llegué temblando y vi que el lugar no estaba tan feo, aunque las cabinas me siguen pareciendo sospechosas. Total, imprimí mi historial académico y salí corriendo porque, quién sabe por qué, ya iban a dar la una. Había perdido una hora. Tenía media para llegar.
Yo no sé a qué velocidad caminé, pero llegué diez minutos antes de que las temidas ventanillas se cerraran y me planté frente a la ventanilla 2, con la misma vieja del suéter verde Milano.
-¿Quién eres?- me preguntó.
-La que le vino a preguntar sobre sus materias. Aquí tengo mi historial académico- repuse.
La vieja lo miró, junto con mi conteo, y dijo:
-No necesitabas el historial, sino el conteo para tu certificado parcial...
No sé si puedan sentir el ansia psicótica en mis venas. Me trajo corriendo para que todo lo que necesitara fuera el documento que le había dado en un principio. Quería matarla. Cuando me acerqué a la otra ventanilla, soñaba con tener una pistola en mano y armar una masacre de burócratas.
¿Empiezo a azotarme? Empecé a soñar con Guns n' Roses. La reseña de ese concierto en la siguiente entrega.

Monday, October 17, 2011

Mi vida como rockstar 2

En la anterior entrega de tan apasionantes posts, dejamos a mi mamá gritando tras haber agarrado a un maquech en Mérida. Si no saben que es un maquech... no se preocupen, mi mamá tampoco lo sabía; y si no saben por qué estoy en Mérida, los remito a la entrada anterior.
En fin. Que el alarido que soltó mi mamá resonó por toda la tienda. Y es que yo no me había dado cuenta, pero resulta que los cabrones maquech son unos escarabajos así de los feos y culeros que tienen pegados piedras tipo joyas en el lomo, y parecen prendedores. Yo levanté uno, si recuerdan, pero como se quedó quietecito ya ni me importó saber que era. El problema fue que el que levantó mi mamá se le agarró a los dedos. Ahí fue cuando soltó el alarido y lo largó de vuelta a la pecera; mientras, la dependienta se reía y nos veía con cara de "qué brutas que les tienen miedo". Será el sereno, pero sí me dieron cosa. Mejor salimos de ahí con la guayabera/blusa para mi abue.
Pero no. Mi mamá insistía en que quería su huipil. Le dije que mejor fuéramos a dar la vuelta a Paseo Montejo, que mi amiga Zeidy me había recomendado mucho. Pero tampoco. Mi mamá quería ir a un lugar llamado Gran Plaza, convencida de que ahí encontraría lo que buscaba. En vano le insistí que seguro ahí había tiendas departamentales como las de por acá.
Allá vamos, con un chofer que llevaba a todo volumen los éxitos de Botellita de Jerez. Entre los edificantes versos de "Lo naco es chido" le gritamos direcciones para la Gran Plaza. Por ese momento aceptó tranquilizar a Vega-Gil y compañía y explicarnos el Monumento a la Patria.
Llegamos a la Gran Plaza. Tal como yo había predicho, había un Sears y un montón de tiendas de esas que venden cosas variadas pero todas hechas en China. Total, que en vez de comprar algo tradicional del lugar terminamos entrando a una tienda de esas de playeras de rock al ver un bonito diseño de playera de Guns n' Roses con la carota de Axl. Dentro estaba un emo meridiano quien me miraba con cara de enamorado mientras que yo, con mi vestido largo hippie que, para acabarla de fregar, es rosa, miraba las playeras, negras, claro. Seguro se preguntaba cómo es que a una chica con vestido le puede gustar el rock. Por un momento pensé en llevarme una playera de Gorgoroth sólo para aumentar el efecto, pero decliné.
No huipil, pero sí Guns. Fue hasta ese momento cuando mi mamá aceptó que fuéramos a Paseo Montejo.
Le encantó. No, si yo me chupo el dedo. Una avenida estilo ciudad gringa, con unas casas antiguas preciosas que eran sedes de bancos, escuelas. Bueno, si el Sanborns aquí es una nacada, allá estaba pegado al frente del hotel Fiesta Americana, un Sanborns que ya quisiera el de Los Azulejos. De veras que unas vistas hermosas para los amantes de las casas.
No sé cómo estudié y no sé cómo encontré la fuerza para levantarme a las siete de la mañana a la mañana siguiente. Será porque me acordé de que jugaba el United contra el Liverpool. Aún así, mientras me alistaba para salir al instituto, no hubo ningún gol.
Comí un desayuno precario a toda prisa y salí corriendo para llegar al examen a las 8:31, con la mala noticia de que Stevie G ya les había anotado a mis muchachos. Eso me tensó, supersticiosa que soy, a pesar de que en mi examen de prueba, la noche anterior, había encontrado un fragmento de mi obra favorita de Shakespeare, mi fragmento favorito: el discurso de St. Crispian's Day de Henry V. Ese discurso me encanta porque se me figura a una porra ante un oponente formidable, y así lo sentí. Pero ahora... el Liverpool le ganaba al United y ya eran las 8:32, por lo que seguro me iban a ver feo y no me iban a dejar entrar.
Pues, error. Me dijeron que la maestra no había llegado, al contrario de los de el GRE de aquí de la ciudad, que casi te escupen a la cara si llegas un segundo tarde. Sacada de onda, me acerqué a unos muchachos que vi que también llevaban sus lápices. Sin embargo, me preguntaron si iba a hacer el GRE de matemáticas o el de física. Les hablé del de literatura. Me enteré que todos éramos chilangos, pero, según parece, la mayoría iban a mate o física. Yo era la única del de literatura.
Volví a la transmisión del partido por mi celular. El heroico Chicharito había entrado y había anotado el del empate, conservando el invicto del United. Eso levantó un poco mi sombrío humor y me puso a pensar que probablemente se trataba de una buena señal.
Eso al inicio. Luego me empecé a molestar y a pensar que mejor me hubiera quedado a ver el partido en el hotel. Ya eran las nueve y la profesora no llegaba. ¿Para tanto me apuré? Cuando llegó ya eran las 9:30; o sea, media hora más tarde. Cuando empezamos el examen, ya eran las 10, en lo que nos decía las instrucciones y todo el asunto. O sea, empezamos el examen una hora tarde. Y yo que había calculado tardarme dos horas y media, o quizá tres, para salir a las 12 exactas y largarnos al aeropuerto, a tomar el avión de las 2 de la tarde.
Leí el examen. Casi me da un colapso al ver que no conocía un texto. Contesté lo que sabía casi temblando. Ya, más tranquila, leí los textos presentados y suspiré al darme cuenta de que no había tantas preguntas de adivinar quién había escrito el fragmento.
Me tardé, exactamente, las dos horas y media que había calculado. El problema fue que cuando salí ya eran las 12 y media, y el camino hacia el hotel ya no iba a ser de 10 minutos. Y es que estaba lloviendo un jodido monzón tropical que inundaba las calles, creando charcos gigantes en las esquinas. Y yo con mi vestido largo. No pasaban ni camiones ni taxis y se hacía tarde.
Pues nimodo. Me cubrí con mi folder plastificado y salí corriendo a la calle, casi casi chapoteando en las cabronas albercas que eran los charcos. Cuando llegué al hotel eran la una en punto y yo estaba hecha una asquerosa sopa. Me tuve que cambiar en chinga antes de que saliéramos en un taxi rumbo al aeropuerto.
Una vez ahí, ni tiempo nos dio de documentar por una señora gorda de que se quejaba de que todo el mundo se metía a la fila, pero no hacía nada para evitarlo. Tuvimos que arrastrar la maleta por todo el aeropuerto y ni tiempo de comer. Nos retacamos en el avión y ahí vamos de regreso, yo sentada junto a un señor con una cara de Armando Manzanero que no podía con ella y que iba tomando fotos de las nubes desde la ventana del avión. Emocionante.
Cuando al fin aterrizamos, yo sentía como si trajera jet lag. En calidad de zombie me dejé caer en una banca del Carls Jr, tras encontrar a mi hermano y a mi papá, y me comí unos chicken tenders que me supieron a gloria, mientras mi cuerpo decía no, no por favor, no quiero ir a los quince años de hoy en la noche. Como bien saben, terminé yendo, pero de mi tortuoso camino a la fiesta les informaré mañana, si tengo pila antes de irme a ver a Guns n' Roses.

Sunday, October 16, 2011

Mi vida como rockstar

Si pensaban que esta entrada se trataba de que al fin logré colocar una rola mía en el top del alguna estación de radio independiente, están muy equivocados. Se trata del lado menos glamoroso de la vida rockstar. No, tampoco me estoy drogando. Digamos que, en un fin de semana, volé de una ciudad a otra y regresé a tiempo para fiestear. Así de mal están las cosas. Pero empecemos desde el inicio.
Si bien recuerdan, el famoso GRE dejó secuelas, y no me refiero a ataques de bipolaridad psicópata con Swans de fondo. No es ese tipo de secuela (al menos no hasta ahorita). Se trata de una verdadera secuela: GRE volumen dos. El GRE Subject, que dicen me dará mejor oportunidad de conseguir mi correteado doctorado en NY. ¿Será?
Entre que es y no es, de cualquier manera hice el gasto, junto con mi madre, y ambas nos largamos a Mérida para que yo fuera a hacer el famoso GRE Subject porque, para colmo, no lo aplican aquí.
El vuelo salía a las 11 de la mañana, no muy temprano. Será. El cansancio es el cansancio. Estábamos saliendo de la casa a las 10 de la mañana. El chofer del taxi que tomamos tan sólo nos advirtió: "Pónganse a rezar, que hay muchísimo tráfico... aunque, ¿saben qué? Con fé, llegamos a las diez y media."
Pues yo creo que el señor taxista era un elegido de Dios, pues llegamos a la hora anunciada, a tiempo de documentarnos y de, según esto, comprar unas donas y café, porque ni tiempo nos había dado de desayunar.
Según esto. En la entrada, estaba exhibido el nuevo modelo de Renault, el Safrane. Mi mamá, que ya quiere cambio de carro, se acercó a verlo. No hubiera pasado de ahí si no fuera porque automáticamente se acercó el demostrador, güero de 1.90, rubio y ojiazul, hagan de cuenta seleccionado de Holanda, empezó a mostrarnos las especificaciones del coche. De un momento a otro, tras hablar de las bocinas Bosé, ya hasta me estaba contando de su banda y de sus covers favoritos, de Metallica (ufff) y demás cosas. Yo ya estaba palomeando mi lista de cualidades en el hombre ideal, pero ya no supe si era soltero o no, porque nos empezaron a dar la última llamada del vuelo. Como lo leen. En resumen, que tuvimos que correr hacia la sala con dona en mano, y definitivamente privadas del look tan sexy de Ruud van Nistelrooy corriendo en el comercial de L'Oreal.
Llegamos a tiempo, a pesar de que yo sueno en todos los detectores de metal, aún no sé por qué. Ha de ser porque en verdad llevo el metal en la sangre (hasta me quité mi relojote Una vez sentadas, decidimos atacar nuestra dona. En ese momento, un español guapísimo que estaba sentándose nos dijo algo así como: "Y no me dais." Estaba tan bueno que casi le regalamos una dona. Sin embargo, se chiveó. Cómo son lindos los extranjeros cuando se chivean.
Llegamos a Mérida bajo un viento que se antojaba huracanado pero que fue pura finta. El calor era todo un asco. Cuando llegamos al hotel, situado convenientemente cerca del centro del examen, el sol había salido y el bochorno amenazaba mi poca tolerancia a la luz.
Pero antes de estudiar, había que comer, claro. Seguimos las recomendaciones y terminamos en un lugar llamado La Chaya Maya, que, por cierto, estaba hasta su madre, mostrando la calidad de la comida.
De entrada y gratis, nos sirvieron varios platitos con frijoles y una salsa de habanero. A pesar de mi gastritis crónica, decidí que no quería dejar de probar una salsa de habanero autóctona de Mérida.
Pues bien, en palabras de Kurt Cobain... "PAAAAAAAAAIIIIN!" Dice mi madre que me puse rojísima: yo sólo recuerdo el ardor en la garganta y que no pude hablar durante minuto y medio. Prueba de virilidad, la dichosa salsa.
Y luego llegó la comida. Sopa de lima auténtica, unos panuchos que estaban exquisitamente servidos y una torta de cochina pibil. ¿Y con qué regar eso? Nos recomendaron el agua de chaya, la planta omnipresente en los platillos y en el nombre. Yo le tenía tirria porque el agua se veía demasiado verde, pero, tras probarla,   el asunto fue interesante. El sabor era dulce con un resabido a planta, y bastante agradable. Y, para colmo, es milagrosa: cura gastritis, descongestiona pulmones, mejora la vista, y en una de esas cura mal de amores y estupidez crónica. En fin.
Y claro, al terminar de comer, no hay por qué irse a estudiar, ¿verdad? Hay que bajar la comida. Para ser más específicos, hay que buscar un huipil para la mamá y una guayabera para la abue. Ahí vamos.
Entramos a una tienda y mientras mi mamá miraba unas blusas, yo vi una pecera en la que tan sólo había un letrero que decía "maquech". Se veían unas maderitas, y arriba, muchos como prendedores llenos de piedritas de bisutería. Yo miré uno y lo dejé a un lado. Estaba distraída cuando de pronto escuché un alarido por parte de mi mamá. ¿Qué onda? No se pierdan la continuación de esta apasionante serie mañana.

Tuesday, October 11, 2011

The mixtape project 2: música para ver un choque en una tarde lluviosa

Es como escena de video. Lentamente, la lluvia, los transeúntes, y, de pronto, la colisión. Pedazos de vidrio volando por doquier. Si acaso, dos personas destruidas. Ajenos a ellos y unidos por este azar. El dolor, el miedo y el morbo.
Eso fue lo que eligió Kiddieriot para el siguiente mixtape, por qué no. Así, nos lanzamos a la búsqueda de canciones que juntaran la violencia, el azar, y todo lo que ese momento implica, y, a mi parecer, todos esos participantes de este choque musical que es el mixtape project conseguimos lo que vendría siendo la playlist del apocalipsis.
Pero me adelanto, que hay que ver las canciones una por una. La abridora es del propio Kiddieriot: el grupo se llama Coil, y la rola tiene uno de los nombres más maravillosos en el mundo de la música: "Red Birds Will Fly Out of the East and Destroy Paris in a Night". Conociendo al Kiddie, yo esperaba que el death metal se apoderara de mis oídos... pero no fue así. En vez de eso, pensé... ni siquiera en el choque, vamos. Pensé en un atardecer parisino, rojo como los pájaros, deslizándose lenta y pacíficamente mientras pasan los minutos. Una imagen casi pacífica para esta música electrónica de alta calidad... hasta que al final les empiezan a fallar los bits. Y aún así, me imagino a una especie de pájaros rojos hitchcockianos cortando cables, tirando señales de internet, dejándonos sin Twitter ni Tumblr... ¡primeras señales del inminente fin!
Le sigue la propuesta de Darien: "Marche Funebre" de Soap&Skin. Definitivamente una marcha fúnebre, escuchándola no pude menos de pensar en la gente marchándose, dejando detrás esa escena caótica, algunos llorando, algunos con el celular en la mano, los fierros retorcidos, el asfalto mojado por la lluvia. Una canción que no dudaría en llamar... visual.
Alanpf lo resume todo a gritos con Underoath: "It's Dangerous Business Walking Out Your Front Door". Suena catastrófico, pero es cierto: en esta ciudad, no sabes si algún día serás víctima y no espectador de un choque en una tarde lluviosa. Aún así, hay que jugársela, ¿o no?
Continúa el mixtape con la selección de Chapopo: una de mis canciones favoritas, que, quizá desafortunadamente, no puedo relacionar con un choque, como no sea un choque emocional. Y es que "Emotion Sickness" de Silverchair, sacada de esa antología de la desesperanza que es el Neon Ballroom, me lleva más bien de vuelta a mis momentos de teenage angst, con Ana, sin Mia (era una pinche gastritis, pero funcionaba igual) y demás locuras que te trae esto de crecer. Aún así, soberano rolón.
UNKLE y choques también me trae problemas. Será porque inmediatamente, pensar UNKLE + choques = para mí, al video emblemático que es "Rabbit in Your Headlights", con el carro explotando al final. Esas épocas en que los videos tenían más imaginación, técnica y belleza. Lo que no quita que la selección de Ad3mir no sea buena. Se trata de "Be There", y, choque o no, se disfruta.
La siguiente fue mi selección... y lo admito, al pensar en el choque en una tarde lluviosa, no pude dejar de pensar en una secuencia parecida a la que escribí en mi primer párrafo, chica alimentada por efectos de la cámara. Tras darle la vuelta a un sinnúmero de canciones catastrofistas, caí en la cuenta de que esta rola de Depeche Mode, "Barrel of a Gun", era la que me hacía imaginarme todo; hasta ordenar los sucesos, como directora wannabe. Por eso me fui por ella.
La siguiente, selección de Rougite, es "Pájaro de Siracusa" de Juan Perro, que varios reconocerán como ex-frontman de Radio Futura. Más bien poema sabrosón, se antoja como para leer del mentado choque, pero luego arrojar el periódico atrás y perderse en la "tarde que es una violeta" (citando a la rola) de alguna ciudad costera, preferentemente una no asolada por ejecuciones. Chelita en mano. Pa olvidarse del mundo hay que ser pájaro de Siracusa.
El choque cae en lo romántico con ese amante tanatófilo, muy al siglo XIX, que es Morrissey. ¿Se les ocurre cuál? Así es: The Smiths y "There is a Light That Never Goes Out", selección de zuzZypaiN. ¿Para qué ver un choque si puedes protragonizarlo con la persona amada? "If a double decker bus, kills the both of us, to die by your side is such a heavenly way to die." Una de las lyrics más memorables en la historia musical.
La selección de Habiaunchorrito se llama "Siberia" y el grupo se llama The Inner Banks. No sé si el choque ande por ahí, pero la rola tiene un arreglo de cuerdas que da gusto, gustísimo. Lejos está el choque y aquí están las cuerdas, al menos en mi cerebro.
Los encores abren con "Accidentes" de Los Punsetes, una historia sobre un cuate al cual parecen gustarle las portadas del periódico Metro, y quien definitivamente amaría ver un choque en una tarde lluviosa, así como quisimos musicalizarlo. En el fondo, todos andamos medio enamorados de la muerte...
Como lo prueba la última canción. Esa exquisitez de The Sundays, "Here's Where the Story Ends". Así se acaba esta historia de este choque: de carros, de música, del mundo que fue deshecho por unos pájaros rojos, así como empezó. Y aquí termino esta historia yo también, espero dejándolos con ganas de saber que más prosigue en este mixtape.

Monday, October 03, 2011

Can you Smint me?

Se acerca la fecha del Gre Literature Test; así, yo como más y más cajas de Smint. Mucha gente me veo porque dice que eso ya va para addición. Entre la gente, mis padres.
Lo admito, yo también me siento un poco culpable cuando me veo acabándome una caja de 50 mentitas en el transcurso de una semana. A veces dos cajas.
Tras tener una discusión con mi madre, quien asegura el azúcar me hace engordar, y yo, que digo que eso no puede ser, puesto que las Smint tienen xilitol y no azúcar y por lo tanto debería estarme muriendo de desnutrición, decidí buscar la realidad acerca de las Smint por mí misma.
Y que me he dado cuenta... si no bien de las propiedades laxantes de las pastillitas... al menos de la cualidad... adictiva.

http://es.answers.yahoo.com/question/index?qid=20090817022219AAWwqWj

Éste se traga dos o tres cajas al día. Ahora, la cuestión es... ¿de las grandotas, que yo me como, o de las chiquitas? Porque siento que si es de las chiquitas está peor. Te comes una de esas y te refresca hasta el cerebro. Claro que cada quien...
Además que claro que le adelgaza el bolsillo, porque baratas no son...
Entonces, aquí tenemos que definitivamente son adictivas. Pero ahora nos vamos a este foro, en el que hablan más acerca de todas las maravillas de las mentitas:

http://www.ascodevida.com/salud/325999/p/3

Para empezar, tenemos a los que ni con tres cajas mejoran su digestión. (Y se tragan las tres cajas en una tarde, y yo sintiéndome mal conmigo misma). Y el hermano anoréxico que se las roba para adelgazar.
Tres paquetes de las de 50 (las que yo me como) sigue. Seguidos. Wow.
Y el que también le pasaba lo mismo con el Colacao.
Y los que admiten ser unos viciosos.
Una vez aclarado eso, me puse a buscar quién habría inventado eso. Resulta que fueron los catalanes de las paletas Chupa-Chups, que ni en mil años son adictivas (o al menos no para mí).
Entonces me puse a buscar más información, y me llamó la atención que la primera página oficial que sale de Smint es... holandesa.
Tal parece que yo caigo por lo holandés de gratis, como ese extranjero que me gustó un día en la sala del dentista y resulta que era tulipán, y yo sin saberlo.
Entonces, tengo una teoría: los catalanes y holandeses han juntado su sabiduría de dulces y de drogas para producir la droga perfecta que limpia el aliento y el estómago y te vuelve un asqueroso dependiente de ella. Claro que todo de manera legal.
Casi tan bueno como Ruud van Nistelrooy en ese equipillo llamado Real Madrid.
Y luego que me tientan, me dan en donde me duele...



Ay mi pastillita azul que no es de Pfizer. Así como no voy a querer.


Smint me! (a ritmo de The Black Crowes).