Si recuerdan, en la entrada pasada los había dejado con la duda de cómo carajos le hice para ir a los quince años. Respuesta: literalmente, me arrearon. No tiene mucha ciencia, simplemente me trataron mal. Y es que yo me intentaba convencer a mí misma de que lo que estaba haciendo era algo muy rockstar: tomar un vuelo para llegar a una fiesta. Pues sí, excepto porque a los rockstars los reciben con cocaína para aguantar la fiesta, con un buen trago, una groupie y un masaje que a veces también se los da la groupie. Bueno, pues el único trago que me dieron fue de coca, y no de cocaína, sino de Coca-Cola; obviamente no me dieron el masaje y lo más cercano que tuve a la groupie fue cuando me tiré en mi colchón con ánimos de siesta abrazando a un vampirito de peluche la mar simpático pero ridículo, que parece el bebé mutante de una relación entre Dimitar Berbatov y yo.
Bueno, pues ya estaba yo muy acomodada con mi Berbababy de peluche, cuando me dicen que ya va siendo hora de que la deje de echar y me empiece a alistar para la fiesta. No quiero, estuve a punto de decir, a lo que me respondieron con un conocido: "Pa qué dices que sí vas." Pues bien, la razón por la que dije que sí iba fue porque me chantajearon mal plan. Yo ya me había negado a ir y parecía que no había problema, hasta que mi madre me dijo: "Claro, a desvelarte con Guns n' Roses sí; a desvelarte con una fiesta familiar no." En vano le dije que para Guns n' Roses pagamos y que además, seguro en esa fiesta no iba a estar DJ Ashba. Obligada, me largué arrastrando los pies a la estética para que me hicieran un peinado.
Me estaba durmiendo en la silla mientras twitteaba ideas para conseguir un look extremo para asustar a mis alumnos, ya que no tenía nada qué hacer, excepto recibir los tips de @yogero para entrar a los quinces como la tía borracha. Me hubiera gustado comprarme mi anforita, pero en cuanto regresé, ya todo el mundo vociferaba que se nos hacía tarde para llegar a Ciudad Satélite (pa acabarla de chingar) así que me tuve que poner como persona decente y aplastarme en el carro junto a mi familia y al amigo Gorras, el colado que no puede faltar.
Cuando llegamos al salón, he de admitir que se veía bastante decente y no se encontraba cerca de alguna vulcanizadora. Entramos. Aún así, yo me quería dormir en la silla.
Llegamos justo a tiempo para la presentación de la quinceañera ante la sociedad. Es que estas cosas son bien decimonónicas. Me siento como en novela de Jane Austen pero siendo Jane Austen y sin Mr. Darcy, lo que vuelve a todo una terrible tragedia griega.
Pues que se arranca el vals. "Apologize" de One Republic, que fue bailado por toooooooda la familia. Hasta por el perico. Ya luego salieron los chambelanes bailando un vals de no me acuerdo quien que hasta se arrastraron por el piso.
Cambio de vestuario. En las pantallas, mientras esperábamos, pusieron... sí. A Justin Bieber. Yo quería morir un poco desde ahí, pero llegó la segunda parte del vals. Ahora se trató de esa rola de rumberas que dice "No tiene talento pero lo echa pa'lante". Yo no sé si la quinceañera eligió la rola, pero... ¿son esas maneras de hablarle a una señorita? O, como diría Quico... ¿qué me habrá querido decir?
Ya el tercer vals consistió en un extrañísimo mix de Michael Jackson con reggaeton, y la quinceañera usó un vestido negro pegadísimo muy acá. Y le pidieron encore. No, si les digo: esto de los quince años, ritual mexicano, es una excusa pa tener cena show gratis.
Que por cierto, llegó la cena. Tras una ensalada de lechugas que supuestamente era griega y una crema de quesos que sabía a pollo, yo esperaba las pechugas Cordon Bleu con relleno sospechoso... aunque, afortunadamente, nunca llegaron. En vez de eso hubo lomo de cerdo y papas. O sea, algo mejor que lo que me ha tocado en otras fiestas.
Y que llega el momento de abrir pista. No sé por qué siempre me pasa que tocan "La guaracha sabrosona" cuando necesito cruzar la pista. Es un desmadre. Todo el mundo asume que sabe bailar guaracha. Me gustaría tener la definición en Wikipedia.
Aunque, eso no fue lo que se llevó la fiesta. Lo que se la llevó fue un cuate, hagan de cuenta algún idiota de Jersey Shore pero en región... ni en región. En versión VCD. Bueno, pues el galán de barrio andaba echando el bailongo y luciendo... efectivamente, su look Jersey Shore con peinadito, dizque brazo, y toda la cosa. Lo mejor era la panza chelera que tenía mientras echaba el zapatazo con las sabrosuras del ritmo. Me hubiera gustado filmarlo y enviarlo a MTV, pero el salón no tenía mucha luz.
Intenté dormirme como indigente en la silla y no tuve éxito. Intenté bailar Tijuana No con mi hermano o con el Gorras y también fracasé. Total, que cuando mi hermano y yo al fin nos paramos a bailar, "Party Rock Anthem" de LMFAO, nos la quitaron. En fin. Flo-je-ra.
Todo el fin de semana me la pasé pensando que no había hecho nada digno de mención, como trabajar en la tesis. Para colmo, los cabrones que manejan el servidor en Distopía Radio dejaron de pagar, así que Distopía está en paro indefinido. Pues, pensando qué hacer con mi vida, me fui a la universidad a conseguir un certificado que me permitiera enviar a las universidades que pretendo una prueba de que sólo me falta titularme, pues ese asunto me había estado apanicando por semanas.
Bien, pues me dirigí al temido departamento de servicios escolares, presentando mi conteo de materias. Me mandaron a la ventanilla 2. Fui a la ventanilla y entregué mi conteo de materias. La vieja gorda de suéter verde comprando en almacenes Milano me dijo que tenía que traer mi historial académico. El problema es que el historial académico yo no lo había traído pues siempre se considera no oficial, y además hay que imprimirlo directo de la página de internet y mi impresora sigue pendejeando.
Miré el reloj. Era mediodía. Tenía exactamente una hora y media antes de que los burócratas se largaran a su hora de comida que no es una, son tres. Salí corriendo hasta el Lumen de Dr. Gálvez.
Malas noticias: 1. Estaba hasta su madre. 2. No imprimían cosas directamente de computadora. Así pues, necesitaba un café internet. ¿Dónde?
Pasé al paradero de camiones y subí a Revolución rumbo a San Ángel para llegar a un sospechoso lugar de internet donde tenían "cabinas" y se me figuraba más un lugar para ver porno que otra cosa. Llegué temblando y vi que el lugar no estaba tan feo, aunque las cabinas me siguen pareciendo sospechosas. Total, imprimí mi historial académico y salí corriendo porque, quién sabe por qué, ya iban a dar la una. Había perdido una hora. Tenía media para llegar.
Yo no sé a qué velocidad caminé, pero llegué diez minutos antes de que las temidas ventanillas se cerraran y me planté frente a la ventanilla 2, con la misma vieja del suéter verde Milano.
-¿Quién eres?- me preguntó.
-La que le vino a preguntar sobre sus materias. Aquí tengo mi historial académico- repuse.
La vieja lo miró, junto con mi conteo, y dijo:
-No necesitabas el historial, sino el conteo para tu certificado parcial...
No sé si puedan sentir el ansia psicótica en mis venas. Me trajo corriendo para que todo lo que necesitara fuera el documento que le había dado en un principio. Quería matarla. Cuando me acerqué a la otra ventanilla, soñaba con tener una pistola en mano y armar una masacre de burócratas.
¿Empiezo a azotarme? Empecé a soñar con Guns n' Roses. La reseña de ese concierto en la siguiente entrega.
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