Sunday, October 16, 2011

Mi vida como rockstar

Si pensaban que esta entrada se trataba de que al fin logré colocar una rola mía en el top del alguna estación de radio independiente, están muy equivocados. Se trata del lado menos glamoroso de la vida rockstar. No, tampoco me estoy drogando. Digamos que, en un fin de semana, volé de una ciudad a otra y regresé a tiempo para fiestear. Así de mal están las cosas. Pero empecemos desde el inicio.
Si bien recuerdan, el famoso GRE dejó secuelas, y no me refiero a ataques de bipolaridad psicópata con Swans de fondo. No es ese tipo de secuela (al menos no hasta ahorita). Se trata de una verdadera secuela: GRE volumen dos. El GRE Subject, que dicen me dará mejor oportunidad de conseguir mi correteado doctorado en NY. ¿Será?
Entre que es y no es, de cualquier manera hice el gasto, junto con mi madre, y ambas nos largamos a Mérida para que yo fuera a hacer el famoso GRE Subject porque, para colmo, no lo aplican aquí.
El vuelo salía a las 11 de la mañana, no muy temprano. Será. El cansancio es el cansancio. Estábamos saliendo de la casa a las 10 de la mañana. El chofer del taxi que tomamos tan sólo nos advirtió: "Pónganse a rezar, que hay muchísimo tráfico... aunque, ¿saben qué? Con fé, llegamos a las diez y media."
Pues yo creo que el señor taxista era un elegido de Dios, pues llegamos a la hora anunciada, a tiempo de documentarnos y de, según esto, comprar unas donas y café, porque ni tiempo nos había dado de desayunar.
Según esto. En la entrada, estaba exhibido el nuevo modelo de Renault, el Safrane. Mi mamá, que ya quiere cambio de carro, se acercó a verlo. No hubiera pasado de ahí si no fuera porque automáticamente se acercó el demostrador, güero de 1.90, rubio y ojiazul, hagan de cuenta seleccionado de Holanda, empezó a mostrarnos las especificaciones del coche. De un momento a otro, tras hablar de las bocinas Bosé, ya hasta me estaba contando de su banda y de sus covers favoritos, de Metallica (ufff) y demás cosas. Yo ya estaba palomeando mi lista de cualidades en el hombre ideal, pero ya no supe si era soltero o no, porque nos empezaron a dar la última llamada del vuelo. Como lo leen. En resumen, que tuvimos que correr hacia la sala con dona en mano, y definitivamente privadas del look tan sexy de Ruud van Nistelrooy corriendo en el comercial de L'Oreal.
Llegamos a tiempo, a pesar de que yo sueno en todos los detectores de metal, aún no sé por qué. Ha de ser porque en verdad llevo el metal en la sangre (hasta me quité mi relojote Una vez sentadas, decidimos atacar nuestra dona. En ese momento, un español guapísimo que estaba sentándose nos dijo algo así como: "Y no me dais." Estaba tan bueno que casi le regalamos una dona. Sin embargo, se chiveó. Cómo son lindos los extranjeros cuando se chivean.
Llegamos a Mérida bajo un viento que se antojaba huracanado pero que fue pura finta. El calor era todo un asco. Cuando llegamos al hotel, situado convenientemente cerca del centro del examen, el sol había salido y el bochorno amenazaba mi poca tolerancia a la luz.
Pero antes de estudiar, había que comer, claro. Seguimos las recomendaciones y terminamos en un lugar llamado La Chaya Maya, que, por cierto, estaba hasta su madre, mostrando la calidad de la comida.
De entrada y gratis, nos sirvieron varios platitos con frijoles y una salsa de habanero. A pesar de mi gastritis crónica, decidí que no quería dejar de probar una salsa de habanero autóctona de Mérida.
Pues bien, en palabras de Kurt Cobain... "PAAAAAAAAAIIIIN!" Dice mi madre que me puse rojísima: yo sólo recuerdo el ardor en la garganta y que no pude hablar durante minuto y medio. Prueba de virilidad, la dichosa salsa.
Y luego llegó la comida. Sopa de lima auténtica, unos panuchos que estaban exquisitamente servidos y una torta de cochina pibil. ¿Y con qué regar eso? Nos recomendaron el agua de chaya, la planta omnipresente en los platillos y en el nombre. Yo le tenía tirria porque el agua se veía demasiado verde, pero, tras probarla,   el asunto fue interesante. El sabor era dulce con un resabido a planta, y bastante agradable. Y, para colmo, es milagrosa: cura gastritis, descongestiona pulmones, mejora la vista, y en una de esas cura mal de amores y estupidez crónica. En fin.
Y claro, al terminar de comer, no hay por qué irse a estudiar, ¿verdad? Hay que bajar la comida. Para ser más específicos, hay que buscar un huipil para la mamá y una guayabera para la abue. Ahí vamos.
Entramos a una tienda y mientras mi mamá miraba unas blusas, yo vi una pecera en la que tan sólo había un letrero que decía "maquech". Se veían unas maderitas, y arriba, muchos como prendedores llenos de piedritas de bisutería. Yo miré uno y lo dejé a un lado. Estaba distraída cuando de pronto escuché un alarido por parte de mi mamá. ¿Qué onda? No se pierdan la continuación de esta apasionante serie mañana.

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