¡Al fin! Al fin he terminado con mis terribles compromisos de las universidades, que tan mal me han tratado. Por eso, ya que está todo mandado y to tengo tiempo para gastarlo en el ocio que son la escritura y los recuerdos, vuelvo a hace una semana, un poco más, cuando Pearl Jam vinieron a celebrar su vigésimo aniversario a la Ciudad de México.
Traían invitados de lujo: X, la banda de John Doe y Exene Cervenka, banda punk de culto que gatea por los párrafos de Bret Easton Ellis. El maldito tráfico no me dejó llegar a tiempo ni para escuchar "Los Angeles", su rola más famosa, a la que yo le traía muchas ganas, sobre todo desde que afirmaron que Exene sufre de una enfermedad degenerativa que muy pronto la dejará sin ganas de punkear. En fin, que me quedé sin conocer a la leyenda viva y además tuve que llegar corriendo tras pagarle una cantidad obscena de dinero a un bicitaxi. Ni tuve tiempo de sentarme cuando Eddie apareció en el escenario, y desde la primera canción surgió el derroche de emociones "Release", final del Ten, que parecía un llamado a dejarse ir, a sentir la música. Un closing que sirvió como un opening muy adecuado.
Y salió el resto de la banda. A grungear a gusto con "Last Exit", "Corduroy" y "Severed Hand", mismas que precedieron a la siempre sublime y desgarradora "Given to Fly", la historia del hombre que libera a la gente con el poder de volar, aunque se lo prohiben. Desde ahí, a soltar el chillido.
"Brain of J", del disco Yield al igual que "Given..." fue la siguiente, antes de la aparición de la guitarra acústica para "Elderly Woman Behind a Counter in a Small Town", título molón donde los haya, canción hermosa por donde se le mire, aunque fue opacada por la reverenda e increíble sorpresa que siguió: "Faithfull", también del Yield, rolón extraordinario y mi punto favorito del concierto. Tengo que admitir que desde que la cantaron yo ya me daba por bien servida.
"Even Flow" lanzó la primera ronda de alaridos (aunque ahora el público grungero, que ya no anda para ciertos trotes, no amenazaron con imitar a Eddie en ese video) que fueron un poco tranquilizados por una rola del vocalista en solitario; para ser más específicos, del soundtrack de la película Into the Wild: "Setting Forth".
Tras "Unthought Known", Eddie presentó, en su pésimo español, otra gran sorpresa: "Rojo mosquito", o, bien dicho, "Red Mosquito", absolutamente inesperada. De ahí llegó la triste y más conocida "Daughter", la cual puso al respetable a jugar con las luces de los celulares y de los encendedores, que se prendían y apagaban al ritmo de la canción, lo que siempre resulta un espectáculo digno de verse. Eddie, definitivamente maravillado, pidió que se apagaran las luces del escenario para poder ver a un Foro Sol como un cielo estrellado. "Ahora sí, estamos en México," anunció.
"Of The Earth" sirvió como antecesora para otro gran momento "Nothingman" y "Betterman" seguidas (y doble chillido). Dos personajes diferentes, historias igual de duras. Hay que admirarles a Pearl Jam la manera de representar lo triste de la vida y de volverlo algo hermoso.
"Porch", otro regalito del Ten, envió a Pearl Jam atrás del escenario por primera vez, de una forma que se nos figuraba demasiado temprana. Pero no tuvimos que esperar mucho: Eddie regresó con su acústica para dedicarle una canción a unos amigos suyos recién casados. "Just Breathe", esa sentimental joyita del Backspacer que a muchos nos robó el corazón a la primera escuchada fue lo que resonó. Podrán decir que el viejo Vedder es más suave, pero de que es una rolota, es una rolota. Ah, lloré otra vez.
"Off He Goes", otra bella acústica, salió con dedicatoria a John Doe, antes de empezar a guitarrear a más y mejor con, qué más, "Do the Evolution". Las primeras filas se sacudían en conato de slam mientras el Foro Sol rugía con ansias de rebelarse ante la vida: "IT'S EVOLUTION, BABY!!"
El mismo camino tortuoso continuó de una forma un poco más romántica con "Black", con todo y coritos al final. "Black", que siempre seguirá siendo igual de conmovedora, y a quien no le duela no tiene corazón.
Continuamos con la oda a los viniles "Spin the Black Circle". Eddie, quien tenía una bandera de México cerca, se la puso como capa, se envolvió en ella, brincó por todos lados acompañado del lábaro patrio... y, finalmente, se puso a revolearlo mientras ordenaba "Spin the black circle!". Algunos lo considerarán irrespetuoso a la bandera, pero acá sabíamos que era un acto de la más pura pasión.
Tras "The Fixer", primer sencillo del Backspacer y rola que nos había puesto a pensar que Eddie Vedder finalmente era un tipo feliz, regresamos a la oscuridad con el señor "Jeremy", quien le arrancó un alarido a los, fácil, 60 mil presentes, que yo nunca había visto el Foro tan abarrotado. La historia de Jeremy, el chico ignorado, fue recreada por el público, mientras yo miraba a una niña de tres años, en su chamarrita rosa, que se alzaba sobre los hombros del que seguramente era su papá. Una nena enterándose de lo triste que puede ser el mundo de la manera más maravillosa posible. Qué valor, y felicitaciones a su padre.
"Why Go", igualmente del Ten, fue puerta para otra desaparición, que vio a la banda regresar bastante festivos, con esa especie de porra que es "Olé". Después, lo que hicimos fue demostrar que en el fondo, todos somos unos fresas. Así es, porque cantamos completita "Last Kiss", y a mucha honra.
"Leash" hizo mancuerna con "Alive", el grito de guerra de Pearl Jam por excelencia: porque con él Eddie Vedder exorcizó sus demonios de la infancia; porque con él varios fans que murieron en un accidente en un concierto demostraron que todavía estaban vivos; porque en algún momento PJ fueron la única banda de grunge viva y vigente; porque da gusto pararse y gritar a todo pulmón "I, I'm still alive!"
Y qué mejor manera de sentirse vivo que rockeando. X volvió a tomar el escenario. Ahí pude verlos, a John Doe y Exene Cervenka, a quienes no les faltaba mucho para ser mi padre y mi madre, excepto porque mi madre no está tan canosa y mi papá no se hace ese peinadito punk. Pero la Cervenka agarró el pandero y se unió al desmadre, que, por cierto, se alzó en los asientos, pues los vasos amarillos de chela comenzaron a volar por todas partes, tapizando el Foro, una especie de domo volador sobre nuestras cabezas. En la zona general, unos cuates de deshicieron de sus playeras y empezaron a bailar revoleándolas, sin importarles que se les viera la panza, que se les cayeran los jeans y les dejaran ver más allá de la espalda. Libertad. Rock n' roll. La máxima expresión de lo sublime que es la música.
"Indifference" fue bella, y sirvió para que nos tranquilizáramos un poco. Las luces estaban encendidas. Sabíamos lo que se venía. El lado B más celebrado de todos los tiempos.
Señoras y señores: "Yellow Ledbetter", con su airecito a "Little Wing" del maestro Hendrix, que, por cierto, fue homenajeada en ese mismo momento. El tipo que estaba enfrente de mí rompió a llorar a mares, sobrecogido por la emoción. ¿Qué van a saber ustedes del amor, si una rola no los ha conmovido de esa manera?
Pearl Jam dejó el escenario. Eddie se despidió como mil veces de nosotros. Quién mucho se despide, pocas ganas tiene de marcharse. Vedder no lo escondía. Qué ganas de volver. Qué ganas de que se queden. Yo los vi en el 2005, que fueron mi regalo de 18 años. Me gustaron más ahí, pero la emoción y las lágrimas no faltaron. Pearl Jam, la última gran banda, que son incapaces de dar un concierto malo.
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