Sunday, January 22, 2012

Leo como mexicana cuando me aburro

Lo que leí el 2011 que acabó y qué tal:

Bret Easton Ellis, Less than Zero. Díganme que soy una ochentera morbosa de porquería, pero me encantó. Lástima que a veces me da miedo parecerme un poco a Clay, ser tan patética como Blair, y haberme enamorado un poquito de Julian, porque...

Bret Easton Ellis, Imperial Bedrooms. Efectivamente, salí corriendo y me compré la secuela. No está tan buena como el original, aunque tiene ciertos detalles que la hacen ser aún más escalofriante... y no me refiero a los narcoasesinatos. Espero un día escribir un ensayo sobre las dos. Por cierto... ¡pobre Julian!

Mercé Rodoreda, Cuentos. De eso de que dejo de leer en español, y estos cuentos, sobre el mar, fueron bastante disfrutables. Aunque el que vive dentro de la panza de una ballena llamada Cristina... llegó un momento en el que sus vívidas descripciones de la baba de ballena pegada me dieron asco.

Nick Hornby, Songbook. Lo cuento porque, aunque ya lo había leído en español, la versión en inglés siempre se siente diferente, por no mencionar que mi libro venía con ensayos extra. Es como un disco con bonus tracks, y así de sabroso. Por cierto, soy igual de vieja que Hornby.

Kristin Morrison, William Trevor. De esas cosas para mi tesis que me tuve que chutar. Lo mejor: sólo dos páginas tenían que ver con el cuento que trato.

James Pethica, Yeats' Poetry, Drama, and Prose. No me chuté todas las obras de Yeats, pero prácticamente me chuté toda la sección de ensayos.

La tesis de Olivia Catalán.

Carson McCullers, Stories. Cuando no leía cosas para la tesis, volví a la autora de The Ballad of the Sad Café. Es magnífico cómo esa mujer me rompe el corazón. "The Sojourner"... si no chillan, los pateo.

Jack Kerouac, Tristessa. Con el morbo que me acompaña porque Kerouac es junkie y vivió en México y habla de puestos de tacos la mar de decadentes, me lancé a este libro, donde cuenta su historia de amor con una prostituta. Se la pasa más drogado que cualquier otra cosa y Tristessa vale madres. Aún así, tiene su decadente y maudite encanto.

Samuel Beckett, Waiting for Godot. No, no lo había leído completo cuando lo tuve que haber leído por no tener el libro a tiempo. Ahora sí, me aventé la obra de corrido, como debería de ser. Culpo a esos irlandeses descorazonados por mis súbitas ansias suicidas.

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