Monday, March 26, 2012

Qué lejos él, qué lejos yo: confesiones de una fangirl desesperada. Epílogo: ...si te labra prisión mi fantasía (vale madres)

Cuando Lady Stardust despertó, van der Sar ya no estaba ahí.
O al menos eso parecía. Porque claro, después de ver que el Manchester United había goleado gloriosamente al Wolverhampton (y quejarme por habérmelo perdido por el pinche blackout) me dispuse a buscar más tweets, esta vez relacionados con mi portero. Ninguno. O sea, que tampoco se había aparecido el día anterior. No supe si sentí alivio, o qué.
El buen Gero, quien también había seguido de cerca mis tweets frustrados, me aconsejó que me volviera a largar al WTC, que satisficiera, por última vez, la curiosidad de mi fangirl interna. Cuando dieron las diez de la mañana y yo no había movido un dedo para buscar mi jersey, supe que no lo haría.
Que el resto del día, también me la pasé en Twitter, revisando, buscando, por si acaso, algún tipo que diera la alarma de que los embajadores sí iban a estar ahí. Nadie. Tan sólo otros confundidos, mayoritariamente de los estados, quienes desde hace varios días también planeaban la visita a la ciudad para ver a los dos astros futboleros. Me pregunté si algunos sí se habrían gastado el pasaje para volver con las manos vacías.
Los siguientes dos días sí fueron de seguir pensando en eso, hasta con los chistes y chascarrillos. "No, ps van der Sar ya se había ido a Schiphol mucho antes". Y mis alumnos: "Miss, ¿vio a van der Sar?"
Qué pena decirles que de mis mil intentos, no.
El miércoles, me moría de ganas de poner un bloque malacopa en la estación de radio. Mi jefe casi casi me da zapes al ver que mi bloque ganador fue "Every Time You Go Away" de Paul Young (la versión larga), y, claro, el mantra de esos días: "Penélope".
-Ya hasta deberías cambiarle la letra- me dijo.
¿Y pues qué creen? Que lo hice. Modificada, aquí anda la rolita.



Penélope (pónganle... van der Sar. Jajaja)


Me despierto en el alba soñando no sé qué 
desayuno con lluvia y te recuerdo en el café. (Bueno, yo no tomo café... sería con el partido).

Soñé tu figura lejos, esperando en los suburbios del olvido 
y me vi solo, zarpando en barcos de oro que llené con regalos para tí (Con un jersey para tí... ufff jajaja)
y luego vi que por celos el mar de mis tormentos. Se tragaba el barco, 
el tesoro y aquel loco que era yo y todo naufragó. 

Que lejos tú, que lejos yo, 
los escombros de mi vida se deslizan con la lluvia 
recordando a Penélope. (Eso es bien cierto; si no, pregúntenle a la lluvia del jueves)

Me abandono a las olas, me escupen del mar. 
han pasado los años, nadie sabe en dónde estas. (Bueno, los días... y sí, nadie supo dónde estabas).
Las calles desiertas por las noches 
y tu cara se dibuja en mi memoria 
los árboles, se abrazan, como bosques de esqueletos 
en la lluvia, y mi sueño naufragó. 

Que lejos tú, que lejos yo 
llueven lágrimas de menta (lágrimas de Smint azules, con todo y su videoy me emborracho de amargura (y de Heineken)
olvidando a Penélope. 

Que lejos tú, que lejos yo 
los escombros de mi vida se deslizan con la lluvia 
olvidando a Penélope. 
Me refugio en las tabernas y me vuelvo taciturno 
olvidando a Penélope (más bien sería "me refugio en mi compu")
Que lejos tú que lejos yo 
lo que queda de mi vida lo malgasto en los tugurios 
recordando a Penélope. 
lo que queda de mi vida lo malgasto en los tugurios (mi frase mantra: lo que queda de mi vida, lo malgasto en el Google)
recordando a Penélope 
recordando a Penélope. 


Dicen que quizá regrese a las Chivas. Después de todo.
Dicen.
Si eso es cierto, ya seré yo una torta ahogada (en alcohol).



Por cierto, lo que le puse en el papelito misterioso de la entrada pasada:
"Thank you for everything. You're my hero, my idol, and a role model. Ik hou van je."



Friday, March 23, 2012

Qué lejos él, qué lejos yo: confesiones de una fangirl desesperada. Parte 4: Please, please, please, let me get what I want

Lord knows it would be the first time! En la entrega pasada, Lady Stardust había sufrido la peor decepción de su vida y se había peleado a muerte con la ciudad. Si bien a la mañana siguiente mi amiga Vero habló para ponerse igual de guerrillera que yo y dispuesta a destazar a quien se nos pusiera enfrente. Eso me hizo sentir un poco mejor; sin embargo, no podía quitarme de la cabeza la nueva duda: con esa mala impresión de la ciudad, en una de esas van der Sar mejor decidía largarse a su precioso país y no tener que lidiar con la raza en el WTC.
Eso se volvió mi duda perenne del viernes. Por un momento, parecía que Sopitas lo había solucionado todo debido a que en su página hasta decía que el propio Edwin van der Sar invitaba a los fanáticos del fut al Trophy Tour, así con todo. Con la cantidad de fans que tiene ese güey, yo lo di por cierto.
Entonces, ya sólo quedaba esperar. Me puse de acuerdo con Ferita y Jorge (su novio) para que nos fuéramos al WTC a primera hora de la mañana, me pinté las uñas, preparé mi outfit de futbolista bonita, y de nuevo empaqué en bolsota jersey, cámara, plumón, cuaderno, y todo mi desmadre.
Ya estaba yo lista cuando se me ocurre checar el Twitter. Como buena fan from hell, sigo a varias cuentas relacionadas con el Manchester United; así que cuando tropecé con el tweet en ManUtdMX que decía que lo más seguro era que ninguno de los embajadores del trofeo asistiera al WTC, casi me da un colapso. Era Sopitas contra la cuenta manejada por chavos fans del United; mexicanos, sí, pero al fin chavos.
Debería haberme dormido temprano para despertar fresca a la mañana siguiente; obvio no lo hice. Las diez de la noche y rogándole a mi jefe que me consiguiera el contacto de Heineken para de plano preguntar si mi señor van der Sar iba a asistir o no. Mi jefe, yo creo más alarmado que molesto, me aseguró que los embajadores estarían ahí, que Heineken lo había dicho. Dos contra uno. Decidí que había probabilidades de ganar y me fui a dormir.
Me desperté a las siete de la mañana, hora que para mí, en sábado, es obscena. Pero claro, me quejo de levantarme así entre semana para ir a trabajar y por van der Sar no digo nada. En fin, me arreglé, me comí un pedazo de pan por si las dudas, y me aventé al WTC.
Llegué un poco antes de las nueve, hora a la que me había citado con Ferita y Jorge. Me distraje un poco viendo el hotel que estaba cerca del WTC, donde, supuestamente, estaban hospedados tanto van der Sar como Karembeu. Me le quedé viendo, como impávida, no sé cuánto tiempo (supongo que no mucho, o me hubieran largado). Por ahí me habían dicho que debería quedarme esperando en el lobby por una firma, como buena groupie. Y lo pensé. Sin embargo, la parte de afuera del hotel se veía quizá demasiado equis, quizá demasiado tranquila. Y la fila para la Copa de la Champions amenazaba con crecer. Entonces, temiendo perder la oportunidad para la que me había levantado temprano, me dirigí hacia la fila, y me dispuse a esperar. Ferita y Jorge llegaron un rato después.
Entramos bastante rápido, y, aprovechando que no había mucha gente, nos dedicamos a ver el pequeño museo dentro del festival, con la memorabilia firmada, donde, por cierto, predominaban las cosas del Barcelona. Al menos estaba el balón que mi Edwin paró ante el Chelsea en esa histórica final del 2008, cuando ganaron la Champions y si ya me gustaba, quedé perdida y absolutamente enamorada de él, además de un poster gigante con la espalda del dios del futbol, Johan Cruyff, y como yo le llegaba a las nalgas, pues aproveché para tomarme una foto con sus nalgas.
Sin embargo, una vez que salimos de ahí, nos dimos cuenta de que ya no había mucho que ver... y de las grandes fallas del festival. Para empezar, las dos chelas que te vendían (para que alguien no se comprara como mil y se pusiera pedísimo) estaban al exorbitante precio de 80 pesos. Lo que no era necesariamente malo a tan temprana hora, que no era cuestión de empezar a alcoholizarse antes de mediodía; pero se adivinaba que los barecillos repartidos alrededor del galerón que es la explanada del WTC no se iban a llenar.
Luego, estaban los que definitivamente no habían ido a ver la Copa, sino a sabrosearse a las edecanes. Varios, antes de tomarse la foto con el jersey autografiado de David Beckham, ya traían a una chava bien apepenada de la cintura y se estaban tomando la foto con ella, o hasta haciéndole plática. Hubo una de las chicas que ya hasta se negó a tomarse la foto a menos de que la gente participara en los juegos. Así de mal.
Total, que pronto nos quedamos sin hacer nada, mas que esperar, después de comernos la bolsita de papas más cara de la historia. A ver el mismo comercial de la Champions (con el horrendo momento de cuando Villa le metió gol a mi hombre y condenó al United) una y otra vez, porque, para colmo, los agentitos regados por todo el galerón no sabían dar nada de información sobre la llegada de la copa, los autógrafos ni nada. En fin.
Ya cuando se acercaba el mediodía (las once), al fin hubo una iluminación... que tuvo que ver con los dos podios que se encontraban uno a cada extremo del galerón. Uno de ellos se veía muy iluminado, cámaras y toda la cosa, y en el otro sólo se veía uno de esos displays de Heineken. Los autógrafos empezaban a las doce. El problema era dónde.
Ferita afortunadamente se ganó el aplauso del día decidiendo que nos quedáramos del lado del display de Heineken. Estuvimos ahí parados como dedos  por buen rato, pero apenas la media arrastró su minutero, mucha gente se empezó a poner ahí. Habíamos acertado. Mientras esperábamos, yo saqué todo lo que traía: plumón, cuaderno, pluma para el autógrafo que le había prometido a Caroline; y, metida en la pasión, me puse a escribirle una notita al Edwin por si al momento me ganaba la reacción fangirl: una notita que resumiera lo que siento por él y cómo lo admiro. "Escríbele un poema," me sugirió Feri.
En ese momento, la pantalla que había pasado una y mil veces el mismo comercial se oscureció. El himno de la Champions (sí, ese que, supongo, todos los fans del fut cantamos como perros pavlovianos) empezó a sonar (como que demasiadas veces). Dos guarros, uno que la verdad se veía galán y otro, aparecieron en la pantalla. Se encontraban en el podio opuesto al nuestro. Con ellos, la Copa, el objeto de deseo de Europa, la lata más cara del mundo. Yo tomé la mano de Ferita. Sería posible que... hasta ganas de llorar me dieron.
Y, tras develarla y tenerla ahí puesta como cinco siglos, alguien más apareció. Cabello negro, vestimenta fashion...
RAFA MÁRQUEZ.
Desde que lo vi, algo en mí decayó, a pesar de que otra parte se negaba a creerlo. No podía ser. A que en un momento salían Karembeu y mi Edwin. A que sí. A que sí. Alrededor, más gente murmuraba que qué onda, que dónde estaban los otros.
Un edecán de Heineken nos empezó a aventar tarjetitas que tenían garabateada la palabra "autógrafo". Así que nos habíamos ganado nuestro derecho a autógrafo. Al menos. Tal parecía que los que llegaron después de nosotros, corriendo, enterándose, no iban a tener derecho. Nimodo, a aguantarse.
Los medios cambiaron del lado de la Copa al nuestro, y tras más trajín, de detrás de unos bastidores... no, no salió ningún rubio que se notara a pesar del despliegue de seguridad. Era el mismo Rafita Márquez, esbelto, bastante galán por cierto, con su barbita de tres días, el rollo muy español. Si no fuera por el terrible pesar sobre mi alma yo creo que me hubiera emocionado un poquito. Feri fue la que de plano, se veía dispuesta a disfrutar el momento.
Supuestamente. Nos pegamos a Jorge, quien llevaba la cámara. De poco nos sirvió. Nos empezaron a pasar casi casi a empujones. Le pidieron a Jorge que se apurara. Ahí va él con la cámara. Cuando le tocó el turno a Feri, se quedó sin foto, y sin oportunidad de decir nada.
Me echaron por delante. Una chica me preguntó si traía cámara. Yo parecía foca deslumbrada por los focos. Que si le daba la cámara. Sacudí la cabeza. Me pasó junto al galán de Rafa, quien firmaba todo con una sonrisota que no lograba esconder sus ganas de "quiero que se acabe esto". Yo, por mi parte, tenía la sonrisa que intentaba decir "yaaaay Rafa Márquez" pero que en verdad decía "voy a deprimirme como no tienen idea". Miré la firma, que decía "Con afecto Rafa Márquez" y respondí: "Gracias. Salúdame a van der Sar." Seguro pensó que qué pedo con mi vida.
Bueno, pues ya qué chingados. Vamos a ver lo otro que vinimos a ver. Caminamos rumbo al podio de la Copa, a ver si sí nos podíamos tomar foto y todo. Lo vimos muy vacío, para nuestra sorpresa... pero una edecán nos explicó:
-Para ver la copa, tienen que ganarse boletos en los juegos.
Nos paseamos por los juegos. Fue ahí cuando nos dimos cuenta de la absoluta desatención a los fans adolescentes del futbol: todos los juegos eran para mayores de 18 años. Entonces, si querías ver la Copa pero no tenías edad legal para la cerveza, valías madre. Así, ni ganas de ir.
Nos salimos sin dar vuelta atrás: de cualquier manera ni había reingreso. Feri se preguntó si los que estaban afuera cuando salimos, esperando para entrar, no se espantarían de las caras de timados que teníamos.
Pensamos en comer gordamente en el Ihop. Claro, cuando salimos, el pinche Ihop estaba a reventar. O sea que ni para aventarme un coma diabético que me hiciera feliz. Yo ya estaba planeando irme a desayunar al supuesto hotel, pero como siempre, Caroline me hizo entrar en razón, recordándome que un faux pas con la seguridad jodería una vida de fan de van der Sar. En fin.
Nos fuimos a un café donde comimos unos cuernitos muy ricos, aunque yo seguía sufriendo. Luego me fui con Feri a Galerías Insurgentes, donde pasé del sufrimiento a lo absurdo, con un pequeño paréntesis cuando le conté a mi jefe de la estación mi triste historia, que terminé con un "¿Qué más podría pasar?" A él se le ocurrió decir "Que van der Sar ya haya llegado al WTC". Casi tomo el Metrobús de regreso hasta que Ferita me regresó la cordura. Si sólo volví, fue para ir de allá a casa, pues nada había cambiado.
Era temprano. Pensé, mientras reposaba mis pies, que ya me dolían de haber estado parada tanto tiempo, y me preparaba un trago con vodka (hasta alcohólica salí) que a lo mejor sí me daba tiempo de ir a la fiesta que Paradoxical Phoenix había dicho. Escuché a mis papás y a mi hermano llegar; tal parecía que mi hermano iba a salir, lo que me daba oportunidad de salir a mí también. Claro que antes me convenía un descansito, para los pies, para olvidarme de van der Sar.
Y claro, me blackouteé. No supe de mí hasta la mañana siguiente... y a la mañana siguiente les entregaré el último capítulo de esta serie, de esta historia de dizque amor.



Wednesday, March 21, 2012

Qué lejos él, qué lejos yo: confesiones de una fangirl desesperada. Parte 3: mi sueño naufragó (en un charco)

En la entrega anterior, yo había intentado, inútilmente, que la gente se apiadara de mí y me presentara a Edwin van der Sar. Debido al fracaso de la misión, yo había dado todo por perdido y había regresado a comer papitas y planear mi visita al WTC al fin de semana.
El jueves, sin embargo, fue un día en el cual no pude evitar sentirme de mal humor: simplemente, porque al Manchester United se le ocurre perder. Y con eso, quedar fuera de la Europa League. Ahí nomás. Contra el pinche Bilbao. Y, aunque en el fondo comprendí que lo hicieron para concentrarse en la Premier y para quitarse la Europa de encima, de cualquier manera... fueron mamadas.
Así pues, regresé a mi casa con la idea de no moverme del sillón. De hecho, me puse mis pants de mendiga, fuera maquillaje, fuera peinado, y me aplasté con la comida a ver la peli Away We Go.
Pues bien, no había terminado de enamorarme perdidamente de John Krasinski en su papel de teto divino, cuando mi celular empezó a ponerse neurótico. Yo nunca contesto mientras como, pero era demasiado.
Era mi jefe de la estación, quien me pidió que checara el Twitter y el Facebook de la estación. Pensando que sería un chiste estúpido sobre la eliminación del United, lo hice a regañadientes, sólo para que la carrilla pasara rápido.
Pues no. En el muro de nuestra página de Facebook, se encontraba una foto de la Copa de la Champions. Con sus embajadores. Con la promesa de que iban a estar en el programa de deportes de la tarde.
Y que empieza la neurosis. Después de eso, con todo y John Krasinski, yo traía el celular injertado a la mano, soportando los teasers: que si habían salido del hotel, que si se dirigían para la estación. Eran las cinco y media de la tarde, más o menos. Estaba programado que la copa, junto con sus embajadores, llegara a las siete de la noche, para una convivencia de una hora.
A las seis en punto empezó el programa, y a las seis en punto se desató una lluvia feroz, combinada con varios estorbosos sucesos del día; entre ellos, varias manifestaciones del huevón sindicato de maestros, entorpeciendo el tráfico a un nivel que no se imaginan. Yo, mientras tanto, me debatía en mis tormentas internas... voy para allá, claro que voy para allá. Pero... ¿qué chingados me pongo? ¿Look tomboy, fan de futbol? Quizá me iba a ver muy poco... no lo sé, aceptable, pues ya me habían advertido que habían visitas restringidas. No se trataba de parecer transeúnte cualquiera. ¿Look hiper sexy, a la dizque reportera de deportes pero que en verdad sólo es atractivo visual? No. Había que recordar que el hombre es futbolista, no rockstar. Y casado, y fiel, y la chingada.
Una intervención en el programa me dio un poco de tiempo para pensar con más claridad (si pensar con claridad es mandarle un texto desesperado a mi amiga Caroline, gritando como niña en cita "¿qué me pongo para ver a Edwin van der Sar?"). Que, según los agentes de Heineken, desgraciadamente, la lluvia estaba entorpeciendo un poco el movimiento del carro, Que era muy probable que llegaran a las siete y media.
Mi jefe me dijo que quizá debería esperarme a tener noticias certeras: que si ellos llegaban y yo no estaba ahí, que ya verían la forma de detenerlos (claro, pa que luego entambaran a toda la estación por privación ilegal de la libertad). Mientras le daba la enésima vuelta a mi closet, mi madre sugirió que mejor me alistara y saliéramos, pues con la lluvia iba a estar muy difícil llegar a la estación, a pesar de que está cerca de mi casa, y que, como dudaba que van der Sar y Karembeu se quisieran quedar a esperarme, que más valía que me sobrara tiempo a que me faltara. Esa sabia afirmación, junto con la conclusión de Caroline de que me vistiera semi-formal-sexy (jeans y blusa nice) fueron las que detonaron mi movimiento. Jeans que no me hicieran ver gorda (yo quería mis skinny jeans, pero no ayudaban en nada), blusa vistosa pero no tanto que no es rockstar; bolsa con cámara, jersey, plumón, cuaderno, pluma y todo lo que se pudiera autografiar y usarse para marcar constancia de mi sueño cumplido; botella de perfume que prácticamente estrené (y con la que prácticamente me bañé); regreso del maquillaje con detallitos extra (incluido lipgloss matador), mini pasada de plancha para el alaciado perfecto.
Eran las siete cuando iba a la mitad de mi arreglo personal. La copa ya no iba a la estación. Los embajadores sí, al menos para una entrevista corta.
A las siete y media dejamos la humilde morada, pues mi madre aceptó llevarme. Si bien la lluvia había amainado, aún seguía lloviendo; y, además, eso de pasar por puentes peatonales cuando una anda guapísima, pues no.
Generalmente, para llegar a la estación se requieren quince minutos. Los quince minutos pasaron y no íbamos a la mitad del camino. Dieron las ocho cuando llegamos a la mitad. Según parecía, todo en orden. Eran las ocho y cuarto e íbamos pasaditas de la mitad, cuando recibí una llamada de mi jefe. Casi brinco. Estaba a punto de decir que por favor prolongaran la entrevista, y hasta estaba dispuesta a pasar las preguntas que tenía planeadas... hasta que dos palabras mataron mis deseos.
-No vienen.
Silencio sepulcral de mi parte, excepto por los claxon de los coches alrededor.
-Están atrapados en Insurgentes, sin poder avanzar ni retroceder- mi jefe continuó-. Están cansados y estresados. Es fácil entender por qué. Lo que quieren es regresar a descansar.
Sí, pensé. Después de dos horas sin moverte en el tráfico, más cuando vienes de un país limpio, lleno de barquitos, mariguana y molinos, te dan ganas de suicidarte o algo.
-Hicimos todo lo que pudimos.
No sé cómo mantuve mi reacción histérica a raya y pude contestar como persona decente. No sé cómo pude hasta reírme un poco de lo absurdo de la situación mientras mi mamá daba vuelta con el coche y volvíamos a casa, a la cual, afortunadamente, llegamos muy, muy pronto.
Adiós al maquillaje, adiós a la ropa linda. Seguía apestando a perfume cuando me senté frente al Twitter y empecé a lanzar maldiciones. Que putos todos, lárguense a la chingada, pinches maestros y pinche ciudad de mierda, ojalá a todos se los coja un burro sidoso. Hasta un meme me dedicaron. https://twitter.com/#!/Lillemar/status/180497246431883265/photo/1 Mi jefe, intentando animarme, me contó que llevaba media hora atrapado fuera de la estación, por el tráfico. Yo, por mi parte, me hundí en mi miseria esuchando la rola leitmotiv de esta saga, "Penélope" de Alfonso André (sí, ahorita se las pongo). En una de esas, pensé, me salgo a buscar un carro blindado detenido en Insurgentes y me subo. Ajá.
Me recomendaron que me alivianara y me riera. 9gag. Pues no, ni 9gag me ayudaba a superarlo.
Ya era un poco tarde, pero yo no podía con el asunto. Necesitaba comentarlo con alguien. Caroline, la única que ama a van der Sar tanto como yo, jetona cuando la necesitaba. Me voy con las nacionales. Primera llamada: Vero. Tuve el mal tino de agarrarla en una cena. Me dijo que llegando a su casa me llamaba. Pasaron los minutos. Casi se volvió una hora y nunca me llamó. Pensé que no me quería ya. Segunda llamada: Feri. Me dijo, igual, que me marcaba en un momentito. Ella sí cumplió. Sin embargo, una vez le hube contado un resumen de mi tragedia, intentó animarme contándome un pintoresco sueño que había tenido. Yo, aún hecha un asco, mejor me reí y... sí, dejé ahí las cosas. En otro momento, el sueño hubiera sido muy lindo: ahí, servía para lo mismo que 9gag.
Tercera llamada: Paradoxical Phoenix. Me preguntó que si planeaba ir a una fiesta el sábado antes de preguntar el motivo de mi llamada. Yo, en mi emputación, había olvidado por completo que había una fiesta el sábado cerca de mi casa. Le dije que no sabía (y literalmente no sabía, y ni ganas tenía). Se sintió. Le dije que luego le hablaba y colgué el teléfono. Terminé maldiciendo con Akasxa a media noche: al menos, ella aceptó que no tener cerca a un ídolo es causante de querer cortarle los huevos a alguien.
Qué lejos él, en el tráfico de Insurgentes. Qué lejos yo, en el tráfico de Tlalpan.
Lo que queda de mi día, lo malgasto en el Google, recordando a... Pero la semana no se acaba. No se pierdan la siguiente entrega de las aventuras de Lady Stardust, quien, para este momento, consigue un diploma en masoquismo.

Ah, y la rola de Alfonso André:




Tuesday, March 20, 2012

Qué lejos él, qué lejos yo: confesiones de una fangirl desesperada. Parte 2: La estratagema conmovedora (o la movida Teletón)

El título es de Fréderic Beigebeder: sé que yo no soy él, pero, en escribir cursilerías, ahí nos vamos. En la entrega anterior de esta más apasionada que apasionante serie, yo gastaba mi tiempo como toda una nini en el Twitter, mientras que temía por la presencia o la ausencia de mi señor Edwin van der Sar en el festival de Heineken. Hasta ahí, todo iba bien; si no fuera porque el lunes mi ánimo, sin motivo aparente, decayó hasta volverse ese ánimo que tiene uno los días que no se le antoja hacer nada; que, si se me hubiera antojado hacer algo, no me hubiera regresado a tontear en el Twitter.
Fue mi amiga Ferita quien de pronto habló acerca de una idea que a mí no se me había ocurrido (será porque, en el fondo, se me hacía algo demasiado extremo, incluso para mí): que por qué no aventarme un Estibaliazo. Para quién no sepa a qué se refería con el Estibaliazo, ahí les va la anécdota: Estibalis fue una vieja, dizque pintora, cuyo mayor sueño era asistir a la boda de William y Kate. Así pues, esta mujer se puso en huelga de hambre frente a la embajada de Inglaterra, inició una campaña de spam en Twitter para que la gente donara y así ella pudiera comprar su boleto; y, claro, terminó llamando la atención mediática. Me dirán que eso fue absurdo. Pues no. La gente donó para su boleto, y si la regresaron de Inglaterra fue porque se puso loca en el aeropuerto, o algo así, pero de que llegó a Inglaterra, llegó. Así, la conclusión de Feri fue: si se llevaron a Estibalis a Inglaterra, obvio a ti te pueden presentar a van der Sar.
Sonaba fácil. Sonaba aún más fácil cuando Feri le mandó el primer tweet a Tania Rincón, ex-modelo y conductora de algún programa de deportes en TV Azteca. Pues si ella, que es mi amiga, lo hace, por qué yo no. El problema era... yo no sabía a quién mandarle mis tweets. Y, además... necesitaba un plan de ataque.
Jugué diez minutos con la idea de twittearle a uno de los grandes (Joserra, por ejemplo) de una manera muy profesional: pedir una entrevista con el señor Edwin van der Sar (porque a huevo que puedo hacerle una entrevista decente, chingaos). En una de esas, hasta mandar CV, experiencia, preguntas. Sin embargo, tras darle mil vueltas al asunto, desistí. ¿Por qué? Simplemente... los grandes, con capacidad para soltar mejores preguntas o para aprenderse la carrera de van der Sar en un segundo, ¿qué iban a querer de una pobre desconocida con ínfulas de grandeza? Si acaso, me iban a mandar a volar de una patada en el trasero por pretenciosa, o por andar pidiendo chamba por Twitter. Madres. Y seguramente los no tan brillantes de las televisoras igual...
Así pues, recordando los fans de Chespirito que ganaron casa nomás por ser fans, me aventé a hacer lo que se me había sugerido. Después de todo, ¿no aman eso de los sueños cumplidos las grandes televisoras? En la siguiente media hora ya le había twitteado a Inés Sainz, a Toño de Valdés... y no sólo eso, sino que había armado suficientes méritos para que me echaran carrilla (mi jefe ventiló que quiere conocer a Carmelita Salinas y a Lalo el Mimo. Con qué poco se conforma) y aborto de twitstar. Mi amigo Gero, por lo pronto, sí se había quitado la pena y le había twitteado a Joserra. Ferita seguía acosando a Tania Rincón.
¿El problema? Que el Twitter es factor distracción. Después de un rato, yo me había ido a un lado de mi misión para twittear frases interesantes, inspiradas, o para ver el chisme de que a no sé qué actriz le habían encontrado fotos en pelotas. Mientras el tiempo avanzaba, yo, además de estar desesperada y presintiendo que no me iban a pelar, ya había iniciado tres tweet-conversaciones diferentes, y, para colmo, me sentía sarcástica conmigo misma... y muy amargada, porque sí pelan a Estibalis y a mí nunca.
Mi jefe me dijo que mi error era haber actuado como una fangirl loca (¿no lo soy?). Yo pienso que mi error es que, en el fondo, nadie te apoya si no eres belieber, fan del Príncipe William, o de Cristiano Ronaldo. Quién me manda a que mi héroe sea tan poco comercial. Ni siquiera estando en México lo pelan.
Siempre podía haber hecho una huelga de hambre frente a la embajada, como la tal Estibalis, pero yo sí trabajo, y Santa Fé me queda lejos. Además, no me iba a arriesgar a que me cerraran la puerta a Schiphol, el aeropuerto de Holanda, umbral del paraíso terrenal. Dejé la batalla con la cabeza como twitstar... pero la cosa no terminó ahí. No se pierdan la siguiente entrega de esta telenovela.

Monday, March 19, 2012

Qué lejos él, qué lejos yo: confesiones de una fangirl desesperada. Parte 1: You're all I want, my fantasy!

A veces pienso que las cosas que empiezan conmigo ahogándome con una Smint no pueden ser buenas. Definitivamente no pueden ser buenas. Sin embargo, este asunto prometía. Y es que, cuando recibí el tweet de parte del novio de Ferita, Jorge, diciéndome que adivinara quién iba a estar en México, ni siquiera me fijé que iba a estar la Copa de la Champions.
Edwin van der Sar en México. No tengo qué decir como admiro, amo y quiero conocer a ese tipo... ¿o sí?  Tan pronto me enteré, además de pasarme la Smint, lo primero que me puse a pensar fue en cómo aprovechar la oportunidad. Después de todo, cuánto deseé ver a van der Sar jugando, en la portería... y nunca se me hizo. Entonces, esto se trataba de... otra oportunidad. Sin hablar de lo divino que se iba a ver mi jersey firmado.
Los problemas iniciaron, desgraciadamente, con el hecho de que la Copa se encontraba anunciada para el viernes 9 de marzo. El día era miércoles 7. Eso de la poca anticipación, lo de tener que salir corriendo para ver qué hago, sin poder ordenar mis ideas y no hacer plan de groupie, se vuelve todo un desmadre. De por sí, ya mi cerebro era un absoluto desmadre.
Me pasé esa tarde y la siguiente buscando información sobre cómo iba a estar el asunto. De ahí, me enteré que Edwin iba a venir como embajador con un ex-jugador del Real Madrid, Christian Karembeu (nunca, en mi pinche vida, lo había visto). También me enteré del itinerario: El viernes llegaba la Copa, junto con mi Edwin, en un evento reservado para los medios, quién sabe dónde. Luego se iban a Guadalajara. De ahí, una semana libre antes de que la copa volviera a la ciudad, en el WTC. La fecha del WTC fue la que me dio un plan: seguro Edwin iba a estar ahí. Al fin, después de tanto tiempo, iba a ir a verlo.
Ni siquiera los rumores de mis alumnos de que el evento de los medios no iba a ser privado, sino en Antara, me quitó de la mente mi propósito. Bueno, o al menos eso pensaba yo. El problema fue que, el jueves en la tarde, cuando supuestamente sólo me iba a dedicar a planear mi itinerario para el sábado 17, un anuncio interrumpió mi paz mental.
Para colmo, fue un anuncio de la propia estación de radio donde trabajo. En el programa de deportes, anunciaron algo que a mí me tomó por sorpresa: que van der Sar iba a estar en el programa de la siguiente semana. Por un momento, pensé que era broma, pero lo dijeron al aire. Injusto iba a ser que engañaran al poco auditorio que tenemos.
Cuando llamé para preguntar si era cierto, las manos me temblaban, por no decir que estaba a punto de chillar de la purititita emoción. Amenacé a mi jefe de muerte si se trataba de choro. Me dijo que no, que ya se tenía un contacto, y que era muy probable que tuvieran a "El coladeras" (el apodo que le pusieron a van der Sar para echarme carrilla) la próxima semana, si todo salía a pedir de boca.
En las palabras inmortales de los Everly Brothers, entonces: "All I Have to Do is Dream". Así pues, el viernes se me fue en soñar, y en ignorar los avisos que decían que la Copa iba a estar en la Torre Mayor, junto con Edwin y Karembeu. Para qué intentar colarme a un evento que decía que era VIP con riesgo de que me sacaran a patadas. De cualquier manera, había quedado con mi amiga Vero (a la que ya no etiqueto, insisto, porque su blog tiene sus propósitos para el 2011, no mamar) de ir a su casa y hacer chocolate. Que de cualquier manera, el chocolate no me salió tan bien por seguir soñando; más porque apareció un tweet que confirmaba la entrevista. Así, ya sólo me quedó llegar a casa y ver (con toda la familia dormida, inconsciente yo) las preguntas que le hicieron al Edwin en Televisa. No, bueno. Pregunta obligada sobre el Chicharito. Pregunta menos obligada sobre Sir Alex Ferguson. Pregunta absolutamente innecesaria sobre cómo es que podía entender español, en donde el entrevistador demostró su ignorancia de la educación holandesa (en promedio, un holandés sabe cinco idiomas, incluyendo el propio) y de la carrera de van der Sar. Cualquiera que supiera que el portero se pasó unos añitos en la Juventus, donde aprendió a hablar italiano, que, obvio, es parecido al español, se ahorra esos desmadres. Que su carrera no empezó en el United, maldita sea.
Y maldita sea dije a la mañana siguiente. Fue ahí cuando empezaron los problemas y las incertidumbres. Para empezar, el tweet que confirmaba la visita de Edwin a la estación, simplemente, desapareció.
Y entonces, aunque lo hubieran anunciado al aire, fue ahí cuando empecé a pensar en la falsedad de la noticia. Por un momento, temí que hubiera sido la víctima de una broma bastante elaborada. Automáticamente, empecé a mandar mensajes que más bien pedían piedad: que con esas bromas yo no me iba a reír; iba a llorar. Los mensajes que recibí de mis jefes me juraban que no. Sin embargo, ya con la duda metida en el cuerpo, me puse a pensar en qué podría hacer... y a ver el partido de las Chivas. Ah, porque, para colmo, se habían llevado a mi Edwin enmedio de narcoproblemas, barricadas, y coches prendidos en las calles. Turismo extremo my ass.
Al menos el partido de las Chivas no estuvo aburrido, sino que tuvo una victoria bastante sorpresiva. Que qué bueno, porque aguantarme un primer tiempo del asco para ver una jodida toma de UN SEGUNDO de Edwin agarrando la Copa (mala cosa, eso de cortar el festejo) fue algo terrible para mí.
Pero se me pasaba el detalle de Johan Cruyff. A la mañana siguiente, tweets animados amenazaban con que Edwin había tenido pláticas con el legendario Nummer 14 y una de esas Vergara lo compraba para su proyecto Vocho, porque claro, Vergara tiene dinero para comprarse a este muchacho, y yo no; así que, con todo cariño, Vergara, te vas a la ídem parada. Además, esos tweets no contestaban una de mis tantas dudas que habían surgido en un día: ¿y van der Sar iba a estar en el festivalito de la Heineken, con toda la raza? Si no, mi asistencia el sábado 17 valía madres.
Pues bien, hagan de cuenta que ningún cabrón que fue al festival de la Heineken tenía chingado Twitter, para aclarar cómo habían estado las cosas. Pinches nacos. Tras buscar una y mil veces "Edwin van der Sar México", finalmente me rendí, y, en el colmo de la aburrición del domingo (porque nadie quiso festejar conmigo el hecho de que el United se fue de nuevo a la punta de la Premier) aburrimiento sin respuestas, me dispuse a crear un hashtag: #RazonesPorLasQueMerezcoConocerAVanDerSar. Algunos, la verdad, tras leer bastantes razones, estuvieron a punto de darme unfollow; otros, sobre todo mis alumnos, me apoyaron bastante. Así, las mejores razones fueron el hecho de que tengo el jersey con su nombre que a huevo pide un autógrafo; porque si a los fans de Chespirito les habían dado una casa porque a mí no me podían dar un autógrafo, y simple y llanamente porque quiero (con él). Una de mis alumnas me dijo que simplemente asegurara que yo soy guapísima y que los demás no, y que por eso me lo merecía.
Pues no, nada de eso se volvió Trending Topic, a pesar de mis esfuerzos. Claro, porque no soy belieber; que si lo hubiera sido, miles de pubertas estarían apoyando mi sueño y lamiéndome las patas. Así pues, ese día me retiré, pensando en si van der Sar habría estado conviviendo con la gente ahí en Guadalajara, porque si así había sido, lo único que me restaba era esperar. Como a ustedes. Esto continuará.

Tuesday, March 06, 2012

Moanday. Tearsday. Wasteday. Thirstday. Frightday. Shatterday. Sunday.

Así es la vida. En algún momento tenía que venir a decirle que las cosas no funcionan como uno las espera, y suceden cosas que no quisieras que sucedieran.
La semana pasada fue la peor semana de mi vida. La semana pasada pude ver como todo por lo que había luchado se deshacía en un millón de pedazos.
Lunes. Moanday. Columbia me mandó una carta diciendo que no, gracias. Nunca me gustó Columbia University; simplemente, solicité admisión porque sentí que podría hacerlo. Pues me dijeron que no. La verdad, no sé si lo que me hirió ese día fue la negativa o el hecho de que mis papás se portaron indiferentes hacia ese resultado.
Tearsday. Ni siquiera me dejaron descansar. Llegué a mi casa para encontrarme con el siguiente resultado. Mi mamá y mi hermano, como queriéndole hacer de emoción, me pidieron permiso para abrir el mail primero. De nada sirvió que me quisieran echar buenas vibras, o lo que quisieran. El resultado era el mismo: quizá el rechazo redactado de una manera un poco más amable de lo que lo habían redactado los de Columbia.
El miércoles no sé cómo me la pasé. Buscando nuevas universidades, otros lugares donde me quisieran querer. Aterricé en una universidad canadiense llamada Concordia; volví a soñar con Liverpool, crucé los dedos para Trinity, en Irlanda. Decidí, que, en el fondo, me gustaría ir a Concordia porque tienen un curso de música irlandesa y yo quiero hacer algo de la ausencia relacionada con The Joshua Tree (sí, soy una fangirl de mierda, ¿y qué?).
Pero el jueves. El jueves me levanté pensando en cosas más amables. El problema es, que no puedo recordar en qué estaba pensando. Porque, en la tarde, mi cerebro y mi corazón casi se detienen cuando vieron, en el celular, el mail de NYU.
Abrí el mail, pensando, quizás, en que la gente tendría razón; en que las otras universidades me habían rechazado porque mi destino estaba en Nueva York, en la universidad de mis sueños.
De poco me sirvió soñar.
Cuando le hablé a mi amiga Caroline, quien quería saber si viviríamos juntas, si nos la pasaríamos muy bien como compañeras de universidad, yo estaba ahogándome en lágrimas. Ella me dijo que podría lograrlo de cualquier manera. Entrando al curso de periodismo que siempre he querido. Buscando un trabajo allá. Me hizo llorar aún más, a pesar de todo su apoyo. Me ahogué en mocos.
Después me ahogué en alcohol yo solita.
Cuando mi amiga Vero llamó, yo ya me estaba riendo.
El viernes no quise salir.
No recuerdo qué hice el sábado, pero creo que tenía que ver con sentirme mejor con lo que me pasaba. Vi a la Juventus empatar un partido que tenían dominado. No me gustó lo que hicieron.
Pero el domingo. El domingo me levanté sin haber superado el fracaso. Me levanté y prendí la tele mecánicamente, segura de que ya sólo faltaba el broche de mierda en la semana del asco. Manchester United contra Tottenham. Es triste admitir que dudaba.
Sin embargo, el United no me decepcionó. Aunque el primer tiempo fue igual de aletargado que yo, el United salió a jugar, a ganar en un segundo tiempo el cual me devolvió la sonrisa.
3-1. Un gol por cada universidad que me rechazó.
Sé que es estúpido fincar tu felicidad en el futbol, pero a veces, y al menos a mí, me funciona. Ver ese partido me recordó que hay una Premier League que aún se puede ganar, que no todo está perdido... que, si ellos pueden, yo también puedo.
Lo que no significa que no me ponga a llorar de pronto. Que no me sienta deprimida.
Vamos por la segunda ronda. Canadá, Irlanda, Inglaterra. Here we go.