Wednesday, August 08, 2012

Hit us with your best shot (el regreso a Metallica)

Originalmente no iba a ir. Pensaba, ilusa yo, que probablemente estaría ya en el extranjero para esta fecha. Mi madre compró un boleto de más. Decidí jugármela.
A lo mejor por Metallica no me fui, porque el sábado enfilamos mis tíos, el colado amigo Roger y yo, al Palacio de los Rebotes, con la promesa de ver todos los éxitos de Metallica juntos. Por algo se llamaba la gira El Arsenal Completo, ¿no?
Ridículos como somos, íbamos uniformados, monísimos. Mi tío diseñó unos jerseys para concierto que eran el jersey de México, pero tenían el logo de Metallica, el nombre de la gira y nuestros dorsales, en vez de ser los muchachos de la selección que tan de moda están, eran los nombres de los Metallicos. Mi tío pidió derechos de diseñador y pidió al señor Hetfield. Nimodo. Pedí a Lars, quien es el segundo más guapo, según yo. Me lo dio por ser de la familia, ya que aún no se casa con su novia (aunque yo ya la considero de la familia). A ella le tocó Kirk... porque nadie quería ser Trujillo. Ese le tocó al amigo Roger.
Por cierto, nuestro Trujillo llegó ese día ya tarde y en punto pedísimo. Habíamos quedado de tomarnos unas chelas antes del concierto, en la barra de afuera. Pues Trujillo nos había ganado y se las había tomado, pero en la barra de su casa. En fin. Salimos corriendo para tomar un taxi, pues para colmo empezaba a llover. En el camino, tan sólo para que vean qué pedo estaba nuestro Trujillo, él nos preguntó por qué el gay de mi hermano "nunca nos acompañaba a un concierto machín". En vano intentamos recordarle que mi hermano nos había acompañado a ver a Guns n' Roses, hacía apenas unos meses.
Llegamos y caminamos hacia nuestros lugares. La ventaja fue que no tuvimos que esperar mucho para ver a Metallica, quienes comenzaron con "Creeping Death", saliendo en ese escenario que para ellos es innovador, un escenario 360° el cual dejaba ver al Palacio de los Deportes más abarrotado de lo que yo lo hubiera visto en mi vida.
La joyita de "For Whom the Bell Tolls", casi casi rareza, nos animó a todos los presentes, además de que las luces nos dejaron ver a los cuatro grandes del thrash, y no me importa lo que digan los fans de Megadeth. Rob Trujillo (el verdadero, no nuestro ebrio cuate) se presentó con su look ya acostumbrado de bermudas y jersey de basquetbolista; a su lado, Kirk Hammett, quien nunca deja el negro, optó por lucir su delgado cuerpo en skinny jeans. Lars Ulrich cada día se ve más chaparrito y más calvo, enfundado de negro, pero eso no importa cuando ocupa su asiento frente a la bataca; y finalmente, el señor Hetfield, quien, a pesar de estar próximo a los cincuenta, decidió sacar juventud de su pasado, tomando el escenario con un chaleco lleno de parches a la old school, sin playera, luciendo... sí, luciendo buen cuerpo. Punto para Hetfield.
¿Que no tocaban nada del Load? El grito de guerra, a veces ininteligible, de "Gimme fuel gimme fire gimme that which I desire" volvió locos a los asistentes. Yo, que llevaba una decente colita de caballo que planeaba desatar hasta "Master of Puppets", automáticamente me desmelené porque esta gasolina sí me gusta. Que, por cierto, desde ahí inició el despliegue de pirotecnia, lo que me hizo darme cuenta de una cosa: sí éramos más de 20 mil asistentes, puesto que hacía un calor endemoniado. A la tercera canción ya olíamos a moho. Eso, de una vez, me llevó a la conclusión de que nunca voy a irme a una primera fila de Rammstein, porque antes de derretirme en los brazos de Flake Lorenz me derrito de verdad.
Pero me voy por las ramas. Tras la descarga de adrenalina de "Fuel", James nos preguntó si recordábamos "Ride the Lightning", y no sólo el disco, sino la rola. No tuvimos que esforzarnos mucho, pues del techo bajó la silla metálica y unas bobinas de Tesla, pa que tuviéramos rayitos artificiales. Nuestra portada del Ride the Lightning flotante. Increíble.
Después, las luces se apagaron. Sonidos de metralleta, fuegos artificiales que tronaron justo detrás de nosotros como bombas, haciéndonos pegar respingos. Sonidos de avión. Vamos de nuevo. "One", violenta, terrible, magnífica como siempre. Ni qué decir a la mención de la "landmine", que nos explotó otra, mientras en lonas se proyectaban calaveras como cadáveres de guerra.
Pero si se trata de efectos especiales, varios ataúdes reemplazaron a las lonas. Dentro, se podía ver gente... ¿muerta? Arranca "Cyanide", puritita pesadez del Death Magnetic, mientras los personajes de los ataúdes recuperaban la consciencia y, apanicados al verse encerrados dentro de un ataúd, empezaban a patear, a revolcarse, a desesperarse. Perfecta creación de mood.
"¿Cuántos están aquí?" preguntó James, en cuanto hubieron retirado a los pobres presos de los ataúdes. "Quiero oír cuántos están aquí." Lars agregó: "Tengo el presentimiento de que esta quinta noche será la mejor. Pruébenlo."
"The Memory Remains", exquisita como siempre, rola que hasta podría ser considerada sutil para los thrasheros, en la que el público toma la voz y los coros de Marianne Faithfull. Coros que se escuchaban, sonoros, por todo el Domo de Cobre, las voces casi desgañitándose ante la fuerza de la canción. Cuando terminó, James y Lars dirigían la orquesta de voces que continuábamos en nuestro papel, mientras Kirk y Trujillo miraban. Todos a una sola voz, la canción se escuchaba impresionante. Definitivamente uno de mis momentos preferidos del concierto.
"Leper Messiah" no fue tan coreada, lo que cambió con "Sad But True", que ya se ha vuelto de las infaltables sacadas del Black Album. La que la siguió fue "Welcome Home (Sanitarium)", que proyectó en la lona ahora imágenes de locura. Sin embargo, había algo que quitaba un poco la atención de las imágenes, si bien no del rolón. Enmedio, una extraña plataforma empezaba a alzarse, poco a poco, con grúas y todo, hasta por gente vestida de constructores. ¿Qué se erigía?
La dama de la justicia, que nos había quedado de espaldas, se dio la vuelta y nos miró a todos. "...And Justice for All", épica, tremenda, terminó con el derrumbe de la propia estatua, obviamente más falsa que nada, mientras los roadies, quienes eran los constructores, se ponían a barrer los restos. Un performance entre grandioso e irónico que aún así no mermó la fuerza del metal.
Una guitarra acústica llegó a las manos de James. "Fade to Black", la otra "balada" de Metallica, por decirlo así, había llegado. Sin embargo, para ese momento, yo sudaba demasiado, así que tuve que salir, al menos a echarme agua a la cara. La fila para el baño, larguísima. Al menos yo me estaba ventilando un poco, y el bello solo que cierra la rola se escuchaba bien afuera...
Tanto, que cuando escuché los siguientes guitarrazos, todo valió madres: el baño, el agua. Eso no me lo podía perder. Regresé rugiendo, para acompañar ese himno, esa representación de Metallica, mientras tumbas iluminadas surgían del piso del escenario. "Master, Master!". Esa rola no necesita presentación. El slam, en la parte de abajo, se puso a todo lo que daba, mientras no sé cuántos miles de cabezas enloquecíamos al ritmo de "Master of Puppets", definitivamente la obra magna de Metallica.
Y si pensaban que el slam no se podía poner peor, no esperaban lo que seguía. "Fight Fire With Fire". Fuego, golpes, thrash puro, no me importa lo que digan.
Pero había que calmarse. Así, la siguiente fue "Nothing Else Matters" y hasta algunas parejitas se tomaron un respiro para besarse, mientras el Palacio se iluminaba con las pantallitas de los celulares. Como nuestro Trujillo personal traía encendedor, le pedí que lo usara, que iluminara la balada a lo old school, como debía de ser.
Y claro, van juntas con pegadas. "Enter Sandman". No habíamos acabado de aullar a gusto el "Exit light, enter night" cuando un cuate, pedísimo, se acercó a pedirnos encendedor para el cigarro. Ninguno de nosotros tenía, así que volteamos a ver a nuestro Trujillo. El encendedor ya no servía porque se lo había acabado durante "Nothing...". No sé quién le acabó prestando encendedor al colado; lo que sí supimos fue que prácticamente ambos acabaron abrazados, el colado cantándole "We're off to never never land al oído". Me separé de semejante escena romántica para ver el escenario. James se paró, entonces, en una pirotecnia que explotó extrañamente cerca de él. Un roadie se acercó a checarla... ¡y que se prende! Ahí teníamos al roadie corriendo en llamas, mientras Lars se levantaba de la batería y llegaban los paramédicos y...
Se trataba del planeado accidente/tributo de la quemada de James, para darnos un cierre con broche de oro. En un escenario que supuestamente había fallado y presentaba un aspecto caótico, con los ataúdes voladores colgando y las tumbas a medio salir, Metallica nos habían dado esa pequeña obra que tanto había asustado a los medios hasta internacionales cuando la cadena de conciertos comenzó. Y quizá a algunos presentes, porque cuando todo el alboroto hubo terminado, en un escenario que ya no tenía las luces encendidas ni todos los efectos especiales, James se dirigió al público, preguntando si estábamos bien y cuántos se habían ido. "Creo que un par de ustedes ya no están aquí," concluyó.
Pero eso no les evitó llevarnos de vuelta al garage... directo de su Garage Inc., el célebre disco de covers, Metallica se echaron uno de los números más heavies de Queen, "Stone Cold Crazy". Salvaje para ser glamera, con Metallica se escuchó aún más rápida, casi punk. Una sorpresa selecta, para terminar con el himno de batalla que es "Seek and Destroy". Slam, brincos, alaridos, las luces prendidas porque Metallica querían vernos, a todos los presentes. El colado nos abrazaba a todos mis acompañantes y a mí y nos gritaba "Seeeeeeek and destrooooy!" en el oído, dejándolo aún más claro, innecesariamente.
Así cerraron. Kirk nos saludó; Lars nos llamó, en el mejor sentido de la palabra, "Motherfuckers". Rob, quien ya aprendió más español, no se abstuvo de anunciar: "México, ¡ganamos en futbol!". Finalmente, James nos aseguró que esta noche había sido la mejor. Cariñoso, como siempre. La banda que nunca va a esconder su amor por el público mexicano... y nosotros tampoco. Show de diez, selección sorpresiva, Metallica, animalidad, pasión, locura, belleza brutal. ¿Cómo no quererlos?
Quien ya no nos quiso fue nuestro Trujillo: se fue sin nosotros. Luego supimos que se había ido a la fiesta con el colado borracho; después de todo habían iniciado un tórrido romance. Lo único que pensamos es que a su playera le hubiéramos puesto Newsted.

Friday, August 03, 2012

Faded Rockstar Glamour

Con la novedad de que estos rollos en mi vida van en serio y pues una se avienta a hacer cosas y... me dejo de circunloquios pseudo-ingleses y voy al grano.
Renuncié al radio. Así es: la estación de radio que incluso guió mis horarios en un trabajo pagado y decente como fue mi año en la secundaria deja de ocupar un papel predominante en mi vida. Y no; antes de que digan algo, no fue culpa de la Rolling Stone. De hecho, también la revista podría entrar en esta entrada.
Pero regreso al tema original. Una relación laboral que ya llevaba fricciones desde hace rato finalmente pasó al momento de callejón sin salida. A pesar de que me la pasaba muy bien en las tres horas que duraba mi programa, llegó un momento en el que salir significaba llegar a un lugar en el que, al menos yo lo sentía así, hacía falta una palabra de agradecimiento o de aprobación. Llegué a discutir. Lo que yo esperaba, la retribución de un año entregado por amor al arte, nunca sucedió.
Cuando me empezaron a cansar los alrededores, cuando se empezó a apoderar de mí un sentimiento de ansiedad y de absoluta rebelión a volver a ver esos alrededores, a caminar por los mismos lugares de vuelta a casa, supe que había llegado el momento de partir.
Aunque, curiosamente, hubo otra razón. Algo así como el catalizador, la gota que derrama el vaso.
Desde hace ya dos semanas me habían pedido que fuera a una conferencia de prensa con Maná. Ahora bien, yo con la banda mexicana tengo una relación más bien sarcástica. Y es que, definitivamente no puedo vivir escuchando a alguien que habla de "el pom-pin pom-pin" del corazón; pero ah, que no pongan "Rayando el sol" o "Huele a tristeza" porque me las sé completitas y en una de esas acabo berreándolas, más en estado etílico. En fin, que esa soy yo. El problema es que la estación estaba permeada por un sentimiento casi casi anti-Maná. De hecho, varias veces los revolcamos en las rolas de broma. Y ahora había que tomarlos en serio. Y claro, como nadie quería ir, pues tuve que ir yo.
Lo hice por el CV.
Me levanté un viernes a las ocho de la mañana, desvelada, pues el día anterior había ido al Bulldog con Feri. En mi casa ya se encontraba la amiga F. (sí, esa de la entrada de Acapulco) a quien le pedí que fuera porque sé que ama a Maná, y si yo no iba a disfrutar la conferencia del grupo, pues al menos alguien debería hacerlo.
Salimos corriendo de casa y llegamos diez minutos antes a los estudios donde se llevaría a cabo la rueda de prensa y la filmación de un videoclip. Había mucha gente afuera, todos con cara de hipsters, y hasta unos que se veían como gente de medios. Yo, con toda la profesionalidad de la que fui posible, le dije a F. que se presentara como mi operadora al momento de entrar, y así, muy seria y toda la cosa, le pedí a la guardia que me dejara pasar: que formaba parte de los medios que iban al videoclip de Maná.
La guardia se me quedó viendo, y tras mirar en una lista, me aseguró que no tenían nada anotado sobre un videoclip de Maná. Las personas a nuestro alrededor iban a una visita guiada.
Le llamé a uno de mis jefes, tratando de esconder mi furia. Él pareció confundido. De pronto, me dijo que había sido un error: que su mail decía que la fecha no era ese viernes, sino el siguiente. "Fue culpa de los dos, porque esa fecha también estaba en tu mail," concluyó.
Yo no dije nada, aunque en el fondo la afirmación se me antojaba injusta: yo le había dado un voto de confianza a su aviso de que la rueda de prensa era el viernes, repitiéndole una y mil veces que era lo que había que llevar y concentrándome en las preguntas, en la carnita del asunto. Y ahora resulta que yo también. Pura madre, sobre todo la que me regañó al verme llegar frustrada a casa.
Entonces pasó la entrevista con la Rolling Stone, y uno de esos momentos de emoción adolescente, donde decidí que estar en una rueda de prensa con Maná me daría puntos. La volví a aceptar, con todo y con que el horario se cambió a la tarde. Yo tenía planeada una salida que cancelé y volví a lo mismo, otra vez con amiga F. y todo.
Llegamos a los estudios otra vez. De nuevo me presenté lo más profesional que pude, lo que a la guardia no pareció importarle, a pesar de que F. estaba nerviosísima ante la idea de que no la dejaran pasar. Pronto, estábamos las dos caminando con nuestro gafete hacia el foro indicado. F. seguía sin creérsela.
-Entonces,-preguntó emocionada- ¿lo único que tiene que hacer uno es enterarse para saber dónde van a estar los artistas?
Le contesté que sí, pero que lo difícil era enterarse, y de pronto me vi contando mis anécdotas en la Indie. Hagan de cuenta que yo era uno de los de la Rolling Stone setentera y hasta me hubiera fumado mis porros con David Bowie--las conté como si nada. No supe si fue por presunción o por simple anecdotario, sin embargo.
Llegamos afuera del foro. Gente con cámaras gigantes y looks profesionales y hasta aburridos se agolpaban alrededor de la puerta. El calor empezaba a arreciar. Yo tomé la misma actitud y me distraje con mi celular: de hecho, estaba enojada por estarme perdiendo la inauguración de las Olimpiadas. F. por su parte, seguía mirando a su alrededor, asegurando que ella sería feliz trabajando en algo así. De hecho, parecía dispuesta a lanzarse por mi trabajo a la Rolling Stone. Le tuve que decir que se trataba de un trabajo de prácticamente secretaria, no de corresponsal.
-Me voy a morir- respondió ella, haciéndose pipí de la emoción.
-No te vas a morir- le contesté, pensando en los ojos azules de Jonas Bjerre, que no me habían matado, aunque podrían haberlo hecho.
Y pues no se murió, porque pasaron dos monos de Maná y yo ni me enteré. Ella me tuvo que aclarar. De pronto abrieron las puertas. Había llegado la hora de entrar al foro.
La gente se aventó. Le pedí que se colgara su cámara para entrar como fotógrafa. En la entrada, tomaban lista. Una mujer que se encargaba de eso pareció sorprenderse cuando mencionamos el nombre de la estación, pero otro chico que estaba ahí, supuse que el contacto, nos hizo pasar.
Nos agolparon a un costado del foro, que porque según esto, estorbábamos la escenografía. Un tipo hizo la observación de que "olía a camarógrafo". Tenía razón. El lugar apestaba y hacía calor. F. y yo nos fuimos a la parte de atrás, donde al menos se podía respirar. Yo no quería ver nada. Me estaba aburriendo más que nunca. La inauguración de las Olimpiadas seguía su curso. F. se distrajo: en unas escaleras, cerca de donde estaban las modelos, maquillándose, alistándose, ahí estaban los Maná. Obviamente, no podíamos subir a verlos, así que ella se contentó con verlos de lejos.
De pronto nos llamaron a todos. La rueda de prensa iba a iniciar. Ilusa yo que pensé que al menos nos iban a sentar en algún lugar a que pudiéramos hacer preguntas; yo, que llevaba mi tarea muy bien hechecita, mis cuestionamientos inteligentes preparados. Pues resulta que era de aventarse hacia el set y ver quién conseguía mejor puesto.
Obviamente, los que se aventaron primero fueron los de las cámaras de televisión, los que tenían experiencia, y que además te podían pegar con los telefoto gigantes. F. y yo quedamos hasta atrás. Al menos ella llevaba tacones altísimos (y ya de por sí es un poco más alta que yo) y pudo tomar fotos. Yo me tuve que contentar con un video mal grabado de la entrevista, porque no se escuchaba nada con mi grabadora a semejante distancia de ellos.
Y, para colmo, que sale la de Ventaneando, o TV Notas, o algo así, a hablar de la vida personal de Fher. Tres preguntas dedicadas a fotos donde lo habían visto encuerado, o algo similar. Con cosas así se gastó buen rato de la conferencia de prensa. Lo demás: las preguntas predecibles. Por qué un cover de Juan Gabriel. Qué tal las giras por Tel Aviv, el Rock in Rio. Cero controversia de la que yo quería crear.
Más movimiento. F. se fue a sentar encima de una de las cajas de equipo y yo la acompañé. En eso estábamos cuando los Maná, quienes habían ido por otra sesión de maquillaje, regresaron. Tuve a Fher de Maná a un metro de mí. Ahora voy a tener que ver a Denisse de Kalaffe de cerca para ver cuánto se parecen. También pasó Alex, el baterista, y le sonrió a F. Antes no sé como no se murió, en ese momento sí. Juró que le firmarían las baquetas que había llevado; sin embargo, no había manera. Pensé en decirle que le preguntara al roadie de la batería, pero en ese momento nos llamaron a nuestras posiciones originales.
Vimos la parte esa de los videos en la que cantan los artistas antes de que Maná se fueran a su camerino. Como defensa de la banda, lo único que puedo decir es que el tal Alex parece ser muy feliz con lo que hace.
La gente nos dijo que ya nos podíamos ir. Ahí van todos a recoger sus cámaras y micrófonos. F. se quedó conmigo, a ver si podíamos conseguir los autógrafos. La sentencia: no hubo exclusivas, ni para Televisa.
Nos paramos afuera del camerino, yo con más ganas de que pasara algo extraordinario que otra cosa. El guarura que estaba afuera nos dijo que iba a ser imposible pasar a ver a Maná, más aún porque estaban comiendo y sería una falta de respeto.
El reducido camerino tenía una ventana tipo ojo de buey. La miré, y, en un momento en el que el guarura dejó su puesto, pensé en meter las baquetas por ahí. O mejor aún: en aventar a la amiga F. por ahí.
No lo hice. Obviamente no lo hice. Hubiera sido considerado una ofensa al profesionalismo. Allá, en décadas pasadas, habían quedado los reporteros que se colaban a los backstages, a los tour buses, a los hoteles, a buscar un reportaje que valiera la pena, rompiendo todas las reglas para luego acatarlas todas, mostrando admiración y respeto.
Eso ya no se hacía. Lo sublime de las revistas de música se ha ido.
De salida, nos detuvo el contacto de Warner. Quería agradecernos e invitarnos a próximos eventos. Yo me debatía entre simplemente ignorarlo o agradecerle de vuelta. Hice lo segundo. Mientras, F. amenazaba con meterse al baño de uso exclusivo para Maná, y hasta se atrevió a preguntarle si no podía haber una forma de verlos. El chavo inmediatamente se puso serio y dijo que si éramos (incluyéndome) fans de Maná ya no nos iba a invitar a nada de ellos. Pensé que sería bueno que lo cumpliera. F. se disculpó mientras él tomaba nuestros nombres y se despedía.
Cuando vi que no me daban ganas de codear a F. por haber casi ridiculizado el nombre de la estación, supe que no me importaba. What-ever. Ella me preguntaba sobre mi futuro glamour. Una secretaria glamorosa. Supe que nunca sería Cameron Crowe. Que nunca sería Lynn Goldsmith. Que más bien seguía siendo Rob Fleming. Deseando otro tipo de revista y otro tipo de vida.
Recogí mi credencial, que había dejado a la entrada. F. me agradeció muchísimo la oportunidad y se fue. Yo vi lo que me había faltado de la inauguración de las Olimpiadas.
"Pretty Vacant". "Step On". "Firestarter". "Starman". Me sabía todas las canciones. Quiero ser Nick Hornby. Ya que nunca seré lo que es Almost Famous...
A menos de que un día Oli Brown me permita entrevistarlo.

Ya, pongan "Huele a tristeza" y saquen el Tonayán.