Saturday, October 27, 2012

It's up to you, New York, New York, pt. 3

En la entrada pasada, mi madre y yo habíamos llegado a la Quinta Avenida, lugar de celebridades, de reportajes, de... tiendas caras. Muy caras.

Louis Vuitton, Hollister, Bottega Venetta. Nos compramos unas fresas cubiertas de chocolate y anduvimos por ahí, sin atrevernos a entrar, hasta que llegamos a H&M. Promociones del 2x1. Ahí sí aprovechamos. Por ahí saldrá un suéter glamero con pelo verde. No, no bromeo.

Seguimos caminando hasta que llegamos a la esquina de Central Park. Las hojas doradas se alcanzaban a ver. En ese momento mi madre me recordó que habíamos iniciado esa travesía para encontrar NYU. Yo recordaba que los dormitorios se encontraban cerca de Gramercy Park. Mi mamá quería regresar al centro médico de la universidad, que habíamos visto en el bus del tour.

Para no hacer las cosas más largas, el problema fue que nos perdimos. Y ahí empezaron los reclamos. Que si me fijo, que si no me fijo, que si dependo demasiado de los Google Maps. Terminamos sentadas, como los Ramones, en la esquina del 53rd and 3rd (en la que, por cierto, no hay nada que evoque al grupo de punk) pensando en qué podríamos hacer. Entramos en la primera estación de metro que vimos. Nos volvimos a perder. Yo no sé con qué intensidad me odió mi madre ese día.

Pero a la mañana siguiente tocaba clase. Para evitar conflictos, anoté las direcciones que amablemente me proveyó el Google Maps para llegar a ese plantel de NYU, cerca de Times Square. Pensé que la posibilidad de visitar un lugar tan famoso mientras esperaba a que mi clase de... 6 horas... (con break para el lunch) terminara animaría a mi mamá.

Al menos, lo que la animó fue que a la mañana siguiente yo llevaba la dirección escrita e iba cuidando todo para no equivocarme. Salimos en la calle 42. Lo que vi fue muchos teatros y un montón de tiendas de películas pornográficas, hagan de cuenta como en el centro o como Brno. Caminamos un poco hacia un Burger King que tenía cara de que iban a cometer una matanza ahí. La numeración nos hizo darnos cuenta de que íbamos para el lado equivocado. Ahí vamos de regreso. De las calles grises, un millón de letreros apabullantes nos dieron la bienvenida. Seguiré informando.

Friday, October 26, 2012

It's up to you, New York, New York, pt. 2

En la entrada anterior, finalmente habíamos conseguido un taxi e íbamos rumbo a Chelsea, mientras el mito de Nueva York, su línea contra el horizonte, se deshacía ante mis ojos. No eres tan hermoso, pensé.

Llegamos a la residencia de las religiosas. Una casita tipo las de Woody Allen en todas sus películas ambientadas en la ciudad. Bonita, sí, hasta que vimos que teníamos que subir las maletas por tres pisos por unas escaleras más empinadas que la Pirámide del Sol. Antes no sé como ni a mi jefa ni a mí nos salió una hernia. Eso por no hablar de la monja malhumoradísima que habla español, así que no le voy a poder mentar su madre. Claro que cuando terminamos, entre la fila de la aduana y la subida de todo el equipaje, además de la noche sin dormir, no nos quedaban ganas de nada, así que decidimos salir a comer.

A un deli, como verdaderas universitarias. Nos encontramos uno atendido por paisanos. Mientras mi mamá veía que tanto había en el lugar, yo me quedé esperando. Un chico en una mesa junto a la mía también esperaba su orden. En el radio, sonaba Cyndi Lauper con "Time After Time". Yo canturreaba. Él también. Nos dimos cuenta de eso. No tuvimos que pensarlo. La subida de voz fue la invitación a cantar. No, no se emocionen. No tengo su teléfono ni nada.

A la mañana siguiente, salimos al Chelsea Market, tras preguntarle la hora a una de las monjas. Art clothing, todo muy chic, muy... muy letras inglesas, para qué digo que no. Si todos somos hipsters fans de Lou Reed.

Tras un pequeño sandwich de desayuno (no tenía mucha hambre yo, sobre todo) seguimos caminando. Según esto, íbamos a buscar el plantel de NYU a donde yo me tenía que presentar. Nos equivocamos de metro. Terminamos hasta Staten Island, cerca del ferry de la Estatua de la Libertad. No nos fuimos para allá.  En vez de eso, nos trepamos a un camión de esos que dan tours completos. Pasamos por los muelles, viendo los puentes, Chinatown, Little Italy. Llegamos, de pronto, al Rockefeller Center. Mi mamá, fan de películas, decidió que deberíamos bajarnos ahí. No sé cómo le hacen para que el arbolito del Rockefeller se vea imponente, si es una pistilla de hielo atorada entre varios edificios y la NBC. De veras que creo que el árbol que solían poner en Liverpool Insurgentes está más grande.

Pero entonces dimos la vuelta. Ahí, tan capitalista, tan fashionista, se alzaba la Quinta Avenida. De la incursión en el paraíso consumista y lo que pasó después hablaré en la siguiente entrada.

Thursday, October 25, 2012

It's up to you, New York, New York pt. 1

He llegado a NY. Tras no saben cuantas trabas, penurias, lo que quieran, he llegado a NY, acompañada de mi madre por estos días. Y, como siempre, las peripecias han empezado.

Salimos a las siete de la mañana, lo que implicó estar en el aeropuerto desde la madrugada. Afortunadamente, no hubo problemas con la documentación (salvo el exceso de equipaje) y, por primera vez, el detector de metal no detectó el metal que llevo en la sangre. Muy pronto, estábamos en el avión rumbo a NY. Yo, incapaz de ponerme a dormir (culpo a las niñas judías que llegaban a molestar a su mamá, que se sentó junto a nosotros, y cuyos granitos me dejaron la paranoia de que pudiera contagiarme de sarampión) saqué de mi bolsillo la New York Trilogy de Paul Auster. Sí, así soy de nerd.

Llegamos, tocamos el JFK como U2 dicen en "Angel of Harlem". Yo pensaba en cantar eso. Pues no. El aeropuerto se me hizo viejo y gris. Por no hablar de la fila de la aduana. Eterna. Al menos me tocó ver a varios europeos de perfección insultante, entre ellos uno parecido a van der Sar. Ah, también nos tocó detrás de una Aunt Jemima a la cual ya urgía pasar. Hasta se cambió de fila, ya que la nuestra iba muy lenta. Pero es que nos tocó el oficial con más cara de republicano de todo el aeropuerto. Antes agradecí que no me encerrara en un cuarto y me preguntaba qué iba a hacer allá dos meses. Obstáculo sorteado.

Salimos. No sé por qué, esperaba ver a la ciudad erguirse ante mí. Lo que vi fue el segundo piso, hagan de cuenta, de México. Hasta parecía una treta. Mi emoción del Angel of Harlem desapareció. Seguiré informando.


Tuesday, October 16, 2012

Daria and Jane

Me voy. No se los había dicho, pero me voy.

En doce días voy a estar en NY, en algo que me parece juego del destino. El viaje a Nueva York es algo que yo le había pedido a mis padres desde que tenía 15 años. Iba a ser mi regalo. Sin embargo, ese año, mi mamá se enfermó y ya no tuve oportunidad de ir. Y esa situación se repitió durante mucho tiempo. De hecho, hasta mi familia decía que mejor ya no habláramos de NY, porque siempre se nos cebaba.

Ahora va a suceder. Recuerden que mi papá dijo que me iba a pagar un curso. El curso va a ser en la Gran Manzana. Y ya estamos en eso. Y... nerviosa, nerviosísima.

Obviamente, esto ha resultado en que gente que antes no me buscaba, quiera verme. Entre ellos, mis amigas.  Todas me han preguntado cuál va a ser el regalo que les voy a dar. Bueno, Paradoxical Phoenix al menos me lo encargó, con su dinero.

Entonces, Jess, mi mejor amiga de la primaria, me invitó a festejar su obtención de título.

Hacía mucho que Jess y yo no nos veíamos. Primero, un distanciamiento que.. digamos, simplemente sucedió. Quizá fueron demasiados años de hablarnos diario, de contarnos todos nuestros pequeños detalles. Luego, un trabajo que consumía todas sus horas libres. Desde hace ya varios meses habíamos quedado en vernos y no lo habíamos podido hacer. Ese día era la oportunidad ideal... además de que le tenía que encargar algo mientras estoy en Extranjia. En fin.

Llegué a su nueva casa, que, por cierto, queda muy cerca de la mía. Ahí estaba toda su familia, incluidas su tía y su mamá, quienes me conocen desde que yo era pequeña. El reencuentro fue incluso emotivo.

Hubo vino, comida. Hubo un brindis en el cual su mamá le agradeció porque dijo que ella fue muy criticada cuando mandó a mi amiga a estudiar aquí, sola, pero que ella no los había defraudado. Muchos estuvimos a punto de llorar cuando recordamos a su papá, quien murió de cáncer hace unos meses. Yo lo recordé cuando, como vivíamos cerca, él a veces nos llevaba juntas a la escuela.

El humor de la noche mejoró en cuanto mi amiga se secó las lágrimas. De ahí, fue requerida por toda la familia y el novio, claro está. Los tíos me empezaron a preguntar de mi próxima partida al curso y me puse a hablar de futbol (soy como especialista en eso). También hablamos de como había tenido el trabajo de mis sueños, cuando escribí en la Indie Rocks! En otro momento, caí con la amiga de mi amiga. Ella comentó algo de que, seguramente, por anécdotas no acabaríamos, dado que nos conocemos desde primero de primaria. No dio mucho tiempo de anécdotas, excepto de una, cuando mi amor de secundaria decidió que era muy sano comerse un malvavisco que había pisado y le dio salmonela.

La noche siguió. Yo, que había pensado que tendría oportunidad de aventarme el catch-up con mi amiga, empecé a ver que no sería posible, a menos de que me quedara a dormir como en los añejos tiempos de primaria, que acabábamos durmiendo a las cuatro de la mañana porque no parábamos de hablar o porque veíamos una y mil veces la peli de Ten Things I Hate About You, sí, la del finado Heath Ledger. Y es que le repetíamos una y un millón de veces a la parte en la que canta "Can't Take My Eyes Off You".

Aún así, tenía que volver a casa. Me despedí, mientras la reunión llegaba a su fin. Pocos tíos ya hasta se habían acomodado en los sillones para dormir. El catching-up no se había dado, y, con el poco tiempo que tengo antes de partir, supongo que es más fácil que se dé por chat.

Sin embargo, al momento de salir, mi amiga me abrazó y me dijo: "Opie, me da mucho gusto que estés haciendo tus sueños realidad. Esperaré a que des el Opiesazo."

Inmediatamente después, me abrazó, y fue ahí cuando, a pesar de que no hubiéramos hablado mucho, pude sentir todo el cariño de años. Recordé muchas cosas. Nos recordé bailando Iggy Pop en su cuarto. Cantando, a todo volumen, "Every Rose Has Its Thorn". Diciendo palabras aisladas que sólo nosotras podíamos entender, y que representaban un mundo. Y, sobre todo, nuestro sarcasmo temprano. En secundaria, yo era Daria. Ella era Jane.

Siempre seremos Daria y Jane. Y volveré, para agradecerle todos estos años. Vamos por veinte, por una banda que nunca fue, por varios conciertos que fueron, por forjar un destino que será. Gracias, Jess.