Tuesday, October 22, 2013

The New York Trilogy part 12: Walking 'round the Guggenheim...

Canción de Sheila Nicholls la cual me tocó vivir. Y es que en mi visita al Guggenheim me pasó que la exposición, las obras de Picasso en blanco y negro, se vieron aniquiladas ante la arquitectura del edificio.

La rotonda, dominante. Te hace mirar hacia arriba desde el momento en que llegas. Vueltas, y vueltas. Picasso tan sólo distracción. Caminé alrededor del Guggenheim pensando que la obra de arte era el museo mismo, con respeto al cubista y a los demás representantes del arte moderno que vi en otras salas, ya fuera del alcance de la rotonda.

Sin embargo, de una de las ventanas del museo, vi que un atardecer espléndido se acercaba a las copas de los árboles en Central Park. Y fue con lo que me encontré al salir. El cielo dibujado entre naranjas y azules, el lago tranquilo, ni tan frío. De pronto, a pesar de que las exhibiciones en el Guggenheim no me impresionaron, me asaltó un tremendo amor por el edificio, por el parque, por la ciudad.

De pronto, recordé a Lou Reed con su, me parece, única canción de amor, "Perfect Day". Y súbitamente, tuve una revelación: la canción no es dedicada a ninguna mujer... u hombre, si recordamos las tendencias sexuales de Reed. La canción es su declaración de amor a la ciudad. "Just a perfect day, drink sangria in the Park... then later, when it gets dark, we go home". Sí, algo así, excepto que yo no tenía sangría, pero tenía al Guggenheim.

Por algo Lou Reed se declaró NYC Man.

Y a la mañana siguiente, hamburguesas con Kimmie, hablar de nuestra vida, ver Big Fish con las chicas... fue, en ese momento, supongo, cuando mi comunión con Nueva York inició, pero faltaba más. La ciudad legendaria se habría de encargar de darme la última estocada. Ya luego les cuento, de cualquier manera.