Tuesday, August 30, 2016

¿Pero qué necesidad...?

Antes que nada, confieso que no soy extremadamente fan de Juan Gabriel. No sentí el nudo en el estómago y la garganta ante las noticias de su muerte como me pasó con David Bowie. Creo que hasta este fin de semana, no me había enterado que "Inocente Pobre Amig@" es de su autoría (la arroba es porque yo la recuerdo en voz de la D'Alessio, nunca del Divo de Juárez). En resumen: que mi interacción con la nota de Nicolás Alvarado y sus repercusiones en Twitter quizá debió de haberse limitado a un par de retweets jocosos. Sin embargo...

La razón por la que escribo es porque pienso que con una persona como Alvarado dirigiendo la vida cultural de una universidad, mi tesis de maestría nunca hubiera existido.

Yo no hice mi posgrado en la Ciudad de México, sino en Inglaterra; empero, hice la licenciatura en Lengua y Literaturas Modernas Inglesas en la UNAM. Dicen por ahí que esa es la carrera de los rockeros frustrados. En esa carrera se escuchaba música y se le daba tratamiento literario a aquellos que el Dr. Geert Buelens, de la Universidad de Utrecht, trataría como sospechosos comunes: Dylan, Cohen, Patti Smith, Lou Reed; también a Bowie y a Morrissey con sus Smiths como añadidura. La exposición musical un día me llevó a comparar un poema de Margaret Atwood con algo que se me hizo natural: "Bad Medicine" de Bon Jovi. Semejante comparación fue recibida con varias risas, si bien hubo algunas desaprobaciones de mis compañeros. ¿Cómo me atrevía a comparar a la laureada canadiense con, háganme el favor, Jon Bon Jovi y compañía? (Y sí, supongo que tras escuchar el What About Now, nadie querría ser comparados con los nativos de Nueva Jersey). Eso no impidió que en un par de ensayos colara citas de Def Leppard y epígrafes de Whitesnake, pero lo hice más por una travesura que por otra cosa. Había quedado claro que había bandas y cantantes/cantautores que sí se merecían un lugar en las letras y otros que no. Por eso, cuando empecé a leer para mi tesis de licenciatura y me encontré a mí misma haciendo comparaciones mentales de Yeats on U2, hice todo lo posible para sacar esas ideas de mi mente. ¿Cómo poder tomarse en serio a una banda que empieza sus canciones con "Uno, dos, tres, catorce"?

Fui a Inglaterra persiguiendo al fantasma del entonces recién difunto Seamus Heaney y el fantasma que me alcanzó fue el de U2. Llegué con mi futuro asesor de tesis de maestría a preguntarle qué pensaba de la banda de Bono: tenía un plan B por si rechazaba mi propuesta de comparar las letras de U2 con la ficción y poesía irlandesa. Para mi sorpresa, el Dr. Frank Shovlin (ahora jefe del departamento de Estudios Irlandeses de la Universidad de Liverpool) me dio luz verde para, francamente, hacer lo que yo quisiera. La cosa se puso peor cuando le conté mis ideas y él, experto en Joyce, decidió que la comparación debía de ser entre U2 y el titán de la prosa irlandesa. Creo que comprenderán que entré en pánico. ¿Cómo podía atreverme a citar en un mismo renglón a los creadores del bodrio que es "Get on Your Boots" (a la fecha, no sé si Bono gritando "Sexy boots!" es cómico o irritante) con un escritor que es conocido por tener las palabras exactas, por llevar un cuento como si se tratara de un reloj?

Tras evitar mi tesis por un mes y leer mucho, la respuesta llegó: lo único que tenía que hacer era asumir que tanto Joyce como U2 son, precisamente, fenómenos culturales. Sí, lo son por distintas razones y por distintos méritos, pero ambos pertenecen a un mismo país, a una misma ciudad. Tan sólo se trataba de encontrar los puntos en común que me otorgaba su origen irlandés/dublinés. En fin, que la tesis se hizo e incluso me dio los suficientes puntos para conseguir graduarme con méritos (algo que, tomando en cuenta las calificaciones que llevaba en mis ensayos anteriores, parecía imposible). Incluso me hizo enterarme que existe una red para lo que son los U2 Studies (sí, existen): The U2 Studies Network.

Mentiría, sin embargo, que mi tesis llegó a cambiar la cara de los estudios irlandeses en México. Creo que lo que más recuerdo es volver y escuchar a familiares y a amigos de la familia decir, un tanto sorprendidos y un tanto decepcionados: "Ah, ¿fuiste hasta Inglaterra sólo para hacer una tesis de rock?"

En esa pregunta, en ese desdén hacia el rock como objeto de estudio, veo los comentarios de Nicolás Alvarado contra Juan Gabriel. Tal parece que hay cosas que no son objeto de estudio, como el rock, como el Divo de Juárez. Supongo que entonces no importa que exista una red de académicos estudiando a U2, o que Geert Buelens pida que se le atención académica a Lady Gaga, porque según el señor Alvarado, eso no es cultura. ¡Al diablo U2! ¡Al diablo Gaga! ¡Al diablo los estudios sobre lo exótico y familiar en Don Omar y "Danza Kuduro"! (Juro que esto último existe, y que aún no he leído el ensayo). Y al diablo, por supuesto, cualquier análisis de Juan Gabriel en el campo de los estudios de género, de la lírica popular o hasta de la lingüística (porque hay que recordar que Juanga grabó versiones en japonés de algunas de sus canciones).

En un mundo donde la fanfiction ya es editada y vendida como libro (Fifty Shades of Grey, Pride and Prejudice and Zombies, los fenómenos de Wattpad), donde los memes ya son referentes a veces inmediatos y donde abundan el pastiche y la parodia (digo, ¡Ludwig van ya no es sagrado desde "Roll Over Beethoven!") resulta absurdo, me parece, pensar que hay algo que se puede llamar "la cultura" que se eleva en un pedestal y es lo único que merece ser tocado por las plumas de la academia. La verdad, creo que lo que debe hacer el señor Alvarado es tomarse unas copas y pararse a bailar el "Noa Noa", o, ya de plano, como Bono en el video de "Pride". Ándele, don Nicolás. Yo invito.